Almafuerte, tono profético y realismo

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Pedro Bonifacio Palacios, conocido por su seudónimo Almafuerte (1854-1917), fue un poeta y periodista argentino, quien también ejerció la docencia. Su tono profético, el excesivo realismo y su enérgica agresividad le valieron prestigio popular, pero fueron también muy criticados. Un ejemplo de su estilo es su poema “Più avanti”, el que constituye una declaración de principios ante las adversidades.

Almafuerte despreciaba a los literatos y se proponía salvar a la palabra de la “decadencia” modernista, razón por la cual no fue muy aceptado en ciertos círculos literarios. En 1887 eligió el aislamiento cultural, se instaló en La Plata e ingresó como periodista en el diario El Pueblo. Cuando en 1896 fue apartado de la docencia por carecer de título oficial, se sumió en la depresión, a la que se agregó su pésima situación económica.

En 1894 retomó su actividad docente en una escuela de la localidad de Trenque Lauquen, pero dos años más tarde, nuevamente fue retirado de su cargo por cuestiones políticas.

Al final de su vida, el Congreso Nacional Argentino le otorgó una pensión vitalicia para que se pudiera dedicar de lleno a su actividad como poeta. Sin embargo, no pudo gozar de ella; el 28 de febrero de 1917, murió en La Plata a los 62 años.

Algunas de sus obras son Lamentaciones, (1906), Evangélicas, (1915), Milongas clásicas, sonetos medicinales y Dios te salve. Discursos, (1919), entre otras.

Sin tregua

¡Levántate, holgazán!… ¿Ves el conjunto,
la gloriosa verdad de las estrellas?
Pues sabe que sin tí, sombra, trasunto,
dejarían de andar y ser bellas;
¡Porque basta que ceda un solo punto
para verlas caer a todas ellas!
¡Levántate, holgazán; vibre tu pulpa:
peligra el universo por tu culpa!
II
Nadie te dice, nadie, que no sueñes
y la luz de otros tiempos no vislumbres;
que sin haber subido te despeñes,
y a vivir despeñado te acostumbres;
que la visión angélica desdeñes
de la paz que sospechas en las cumbres.
¡Mas de tus sueños de holgazán no hables,
porque tienen que ser muy miserables!
III
Llénate de ambición. Ten el empeño;
ten la más loca, la más alta mira;
No temas ser espíritu, ser sueño,
ser ilusión, ser ángel, ser mentira.
La verdad es un molde, es un diseño
que rellena mejor quien más delira…
¿Que la ciencia es brutal y que no sueña?
¡Eso lo afirma el asno que la enseña!
IV
Naciste en el peldaño de una escala,
no en el seno confuso de una nube;
Con el Cetro en las manos o la Pala,
pero raudo y audaz como un querube;
Si no son los peldaños, es el ala
que te despiertas y que te grita… ¡sube!…
¡Sube sin timidez, no te abandones;
Si te asusta volar, hay escalones!
V
Yantar bien, dormir bien, es lo de menos;
pero soñar lo menos es afrenta.
No es digno del dolor romper los frenos
tan solo por la vianda suculenta.
¡Delante de un redil de vientres llenos
prefiero yo, la humanidad hambrienta!
Ten una vez, hermano, la inmodestia
de pensarte mas hombre que una bestia.
¡Levántate, holgazán, vibre tu pulpa…
peligra el Universo por tu culpa!

¡Avanti!

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.

Obcecación asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura
y en cualquier infeliz se me figura
que se mellan los garfios de la suerte…

¡Todos los incurables tienen cura
cinco minutos antes de su muerte!

¡Più avanti!

No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo,
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…

¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

¡Molto più avanti!

Los que viertan sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;

los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos, sobrantes.

¡Ah! Nunca quieras remediar entuertos;
nunca sigas impulsos compasivos;
ten los garfios del Odio siempre activos
y los ojos del juez siempre despiertos…

¡y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!

¡Molto più avanti ancora!

Esta vida mendaz es un estrado
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su verdadero ser tras el tocado:

No digas tu verdad ni al más amado,
no demuestres temor ni al más temido,
no creas que jamás te hayan querido
por más besos de amor que te hayan dado.

Mira cómo la nieve se deslíe
sin una queja de su labio yerto,
cómo ansía las nubes el desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe:

Maldice de los hombres, pero ríe;
vive la vida plena, pero muerto.

¡Moltíssimo più avanti ancora!

Si en vez de las estúpidas panteras
y los férreos, estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en la frágil cárcel de las fieras:

No habrían de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones,
lo mismo que dos plácidos horteras;

Cual Napoleones pensativos, graves,
no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su aula,
buscando las rendijas, no las llaves…

¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:
a escrutar las rendijas de tu jaula!