#FICIC: Baronesa

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La película que aterrizaba en el FIFIC con el currículum más grueso de todos era, sin duda, Baronesa. La ópera prima de Juliana Antunes fue reconocida como el mejor largometraje en la competencia internacional del FICValdivia y la mejor película latinoamericana en Mar del Plata. El festival cordobés no fue la excepción y el jurado la coronó con una Mención Especial. Tras siete años en los que Juliana Antunes se infiltró en las favelas de Belo Horizonte, surge esta película, en la que la autenticidad de sus actores anula la presencia del aparato ficcional. Baronesa es un film que no renuncia a mencionar los males que rodean a las protagonistas, pero opta por brindar un enfoque vitalista a las vivencias de estas personas.

Existen dos caminos peligrosos que suelen tomarse en los relatos que escenifican a las clases marginadas: la porno miseria y la miseria pop. En el primer caso, la voluntad sensacionalista de exponer la pobreza no es tanto un intento de acercarse a estos conflictos, como una manera altiva de mercantilizar la pobreza, y aumentar la distancia con respecto a los dramas de sus personajes. En el segundo caso, la estilización de la miseria revela la frivolidad de una mirada condescendiente ade la marginalidad. La lucidez de Baronesa está en no dejarse tentar por estas propuestas y adoptar, en cambio, la política humanista de asociarse a los personajes y permitir que respiren y hablen por su propia autonomía.

Andreia vive junto a sus hijos en una rudimentaria casa revocada en la favela. Aparte de tener de vecina a Leiada, quien es su amiga, y recibir las visitas de su novio, quien le demuestra amor dándole un arma para jugar, debe convivir con la criminalidad del narcotráfico, aunque este último elemento es relegado al fuera de campo. Antunes prefiere conectarse con la intimidad de las dos mujeres, haciendo énfasis en sus actos cotidianos. Desde un punto de vista narrativo, puede ser inconducente si se busca una trama definida en la que el afuera evolucione narrativamente. De hecho, en Baronesa, la acción dramática se construye a partir de escenas que en apariencia son banales. Sin embargo, en las conversaciones que las protagonistas tienen sobre sexo, sus servicios de manicura, el juego con los niños en la cama o el juego erótico de Andreia con su peligroso novio existe la misma importancia dramática que en la irrupción de un tiroteo o una discusión terrible fuera de campo, desde el punto de vista de uno de los niños.

Baronesa no es el tipo de films que Cannes suele elegir, ya que además de la miseria y la violencia, hay amor y compasión. El aura magnética de Andreia y Leiana trasciende la ficción por su pureza y demuestra la manera sinceridad con que puede representar la marginalidad latinoamericana.