#FICIC2018: The impossible Picture

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Cuando Roger Koza presentó The impossible Picture a todos los que estábamos amotinados en la sala Cinema, destacó el trabajo de punta de vista en la película. La ópera prima de la austríaca Sarah Wollner retrata el día a día de una familia vienesa en los años 50, en donde el aparato ficcional se disuelve e invisibiliza bajo la subjetividad de la cámara súper 8mm de Joanna. The impossible picture adopta la apariencia de un diario documental, construido mediante filmaciones caseras halladas, para revelarnos, como recuerdos que flotan en la memoria, ciertos momentos o prácticas ocultas dentro del ámbito doméstico que marcaron a fuego a la protagonista. En algún momento la cámara se emancipa de la primer persona de Joanna y evidencia la construcción ficcional con el punto de vista omnisciente de la ficción. The Impossible Picture es, indudablemente para quien escribe, el gran descubrimiento del festival.

En una breve introducción el padre de Joanna le indica a ella cómo utilizar la cámara. La muerte de él tiene como saldo hereditario en ella la práctica de filmar compulsivamente a su entorno familiar. La textura propia del super 8 que empapa la imagen de The imposible Picture remite, no solo al pasado, sino al registro casero, a la flexibilidad de una cámara que se mimetiza en la intimidad de una familia. Ahí, donde se supone que no hay puesta en escena sino la mera documentación de un almuerzo o del aura de un familiar. La acuciante resaca de la guerra también hace mella en el clima doméstico. El presente registrado por Joanna esconde un pasado doloroso. La habilidad de Wollner está en evidenciar la presencia de la cámara (la madre la obliga a Joanna, mirando al lente, a dejar de filmar si quiere comer) transparentando la construcción ficcional. Wollner, en el papel de Joanna, captura miradas, conversaciones, momentos de ocio que pertenecen a un orden de la intimidad que, para quien no sabe nada de la película, parecen sustraídos de la realidad.

Lo que parece ser una recopilación de endebles recuerdos de una niña, a medida que la niña crece, empieza a agruparse en una línea narrativa, en la que Joanna, siempre haciendo énfasis en su hermana pequeña Lissi, toma conciencia de que está sucediendo situaciones turbias. Wollner elige un momento particular para cambiar el punto de vista (y hasta el punto de altura de la cámara) para asumir la ficción y darle un nuevo enfoque. El material “casero” se resignifica y el título de la película cobra una dimensión filosófica: las imágenes mienten y el cualquier intento de retrato, en la medida en que se busque la más pura de las transparencias, es imposible.