#FICIC2018: Drift

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Tras su trabajo como camarógrafa en 66 kinos de Phillip Hartman, película que participó
anteriormente en el FIFIC, Helena Wittman vuelve a tener participación en otra obra que
compite en el festival coscoíno, pero esta vez como directora, guionista y fotógrafa de esta
pieza de experimentación absoluta que es Drift.

En una habitación vacía, donde se ve una cama y una ventana de la que se filtra la luz del
exterior, hay una conversación en off entre dos mujeres. Ellas son las “protagonistas” de este relato aunque, como en este plano inicial, ellas permanecen ausentes durante casi todo el film.

En algún momento una le comenta a otra acerca del monstruo del Nahuel Huapi y luego le
revela su determinación de viajar a la Patagonia. No existe mayor información sobre estos
personajes. La ambigüedad en su relación (¿novias, amigas, hermanas?) se corresponde con la búsqueda sensorial de la película que tiene como leit motiv el concepto de la liquidez.

El valor efímero de los intercambios entre las dos mujeres es solo una pieza dentro de un todo que tiene como única herramienta de asociación la ausencia. Witmann abandona cualquier pretensión narrativa y se lanza con viento en popa a un viaje marítimo donde el mar se vuelve el protagonista de la película. Como afirmaba Roger Koza, director artístico del festival y programador, Drift puede ser una experiencia sumamente inspiradora como también frustrante. El potencial problema de la película alemana es que plantea un abismo entre el juego perceptivo subyacente en la superficie del film, y la dimensión abstracta y alegórica que puede extraerse de su lectura. Wittmann no se preocupa en ligarlos dado que no se compromete con ninguna interpretación subtextual, salvo quizás la inevitable comparación de la liquidez física del mar con la liquidez filósofica de la relación humana que cuenta la película.

Drift es una película inclasificable, excesivamente críptica en su aridez narrativa, que puede dejar al espectador naufrago en el océano de 95 minutos de metraje, pero que para quien ponga la mente en blanco y se deje empujar por la silenciosa corriente del mar puede volverse en una experiencia audiovisual.