“Lo que más aporta a la escritura es la vida”, entrevista a Tadeo Pettinari y Emanuel D’Aloisio

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Tadeo Pettinari es el autor de Alfaguarra, adaptada y dirigida por Emanuel D’Aloisio. La obra cuenta la historia de una ganadora de un premio literario de novela, lo que dará lugar a una serie de situaciones imprevistas para la protagonista y su entorno.

En Leedor, conversamos con Tadeo y con Emanuel para saber más acerca de la obra, del proceso de adaptación y de cómo fue el trabajo conjunto para llevarla a escena.

¿En qué consistió la adaptación de la obra?

Emanuel: Con Tadeo ya habíamos trabajado juntos en una obra de pequeño formato, La Reina de la Remolacha,  –dentro del ciclo Teatro Rodante– en la cual yo había hecho intervención sobre la dramaturgia. Ahí se generó un ida y vuelta muy interesante y fructífero en donde el texto guiaba lo escénico, y lo escénico reclamaba cambios en lo textual. Fue así como con ese primer trabajo de dramaturgo y director llegó a buen puerto. Luego en el caso del Alfaguarra, le propuse a Tadeo escribir en base a una imagen que tenía en la cabeza, un par de actrices que imaginaba y otros elementos que sí o sí debían aparecer. Así fue como se fue gestando Alfaguarra, primero como una escena larga que luego fue ensanchándose para convertirse en una obra de 65 minutos. Por lo tanto, se puede decir que la dramaturgia fue influenciada por la dirección, y la dirección por la dramaturgia, porque se iban construyendo casi paralelamente.

¿Cómo fueron interactuando con Tadeo durante todo el proceso de los ensayos considerando que ya habían trabajado juntos?

Emanuel: Nuestra forma de trabajo no implicaba que el escritor esté en los ensayos periódicamente; no hacía falta ir tomando nota de frases que sugieran, ya que lo importante era la acción y la situación. Por ejemplo, luego de algunos ensayos me reunía con el dramaturgo para pensar cómo podría seguir la historia, qué es lo que le faltaba a la obra, qué estaba de más, qué necesitaban los personajes decir o cómo manifestarse, pensar en las posibles acciones y efectos que estas podrían generar, poder construir el universo que habitaran esos personajes. Una vez encontrado eso (o que lo creímos encontrar), Pettinari me entregó el material madre con el que íbamos terminar de montar la obra. Este material, por supuesto no era definitivo; se trataba de un texto con muchísimas escenas y varios parlamentos que hoy no forman parte de esta puesta (aunque sí del universo), no porque no sean de calidad ni porque carezcan de valor escénico, sino porque con toda esa información y situaciones había que hacer un destilado para extraer lo necesario. Para ello debí meter mano al texto e ir encontrando los nudos de la trama, por lo menos los de la trama que yo veía, o de los que quería que se viera. Y como Pettinari concibe también que el director indefectiblemente necesita modificar, cambiar, restablecer criterios de orden de los textos no hubo el clásico “choque entre autor director” en donde los intereses parecieran ser opuestos, sino todo lo contrario; y ese tipo de libertad es la que hace que los trabajos se sumen y se nutran. Además, esta concepción debe ser compartida con las actrices que también estaban predispuestas a trabajar desde ese lugar, de estar permeables y adaptables a cambios e ir proponiendo los suyos también.

Contanos del colectivo Teatro Rodante.

Emanuel: En realidad ese proyecto surgió hacia finales del 2013 como una idea de poder hacer algo. Éramos varios amigos que nos dedicábamos (aún ahora) al teatro, la danza, la música…, y claro, a veces estás con ganas de hacer algo, pero no encontrábamos o el momento o el lugar… Fue así como se nos ocurrió, junto a Damián Frusciante y Pablo Viollaz, conectarnos con gente que estuviera en la misma situación y con ganas de hacer algo. La encontramos. Así que uno decidió dirigir, otro actuar, y así armamos fechas en diferentes lugares con diferentes obras, diferentes elencos y públicos. La idea de los ciclos de Teatro Rodante giraban en torno a un tema y a partir de allí los elencos desarrollaban con independencia sus trabajos con respecto a eso. Lo interesante era lo diferente que podía llegar a surgir. De ahí el nombre Teatro Rodante, que sea un espacio en el que los elencos vayan pasando con lo que necesitaran mostrar, cambiando de salas, de públicos, hacer la rueda rodar.

¿Por qué elegiste el tema de los concursos literarios?

Tadeo: Trabajé varios años en la feria del libro y estuve muy en contacto con la realidad de los escritores. Es tremendo y hay de todo. Los concursos literarios alimentan algo extraño, son como la lotería del mundo de las letras. Se inscribe mucha gente con una ilusión tremenda. Y es bastante surrealista lo que pasa con los ganadores que –por supuesto– son los menos. De esto me serví para escribir Alfaguarra. De lo que pasa cuando alguien, de la noche a la mañana, gana un premio muy muy importante. Y esto me sirve, a la vez, como disparador para hablar de cosas que me preocupan más, como los distintos tipos de éxito y la enorme codicia que nos rodea.

Como director, tuviste a tu cargo la puesta de varios clásicos, ¿qué te aportaron en cuanto a tu propia escritura?

Tadeo: Lo que más aporta a la escritura es la vida. Todo, todo, todo. El domingo en el barrio Chino vi a un señor grandote de unos sesenta años peinado a su mamá, que estaba en silla de ruedas: no le pedí nada más al domingo…  En relación a los clásicos, por lo general, están muy bien estructurados. Soy muy fan de estudiar lo estructural. Atravesar cualquier texto como director te hace entenderlo desde un ángulo muy profundo. Ir del papel al cuerpo es una gran experiencia. Y de los clásicos me quedo con eso: estructuras, procedimientos, algunos personajes inolvidables. Digamos que nutren lo técnico sin querer queriendo.

¿Quiénes son tus modelos en la escritura de comedias?

Tadeo: A mí me divierte mucho mezclar. Relacionar lo que no estaba relacionado. Hay muchas cosas que me gustan, o me divierten, cosas muy muy extrañas. De hecho me daría mucha vergüenza mostrar mis playlists. Puedo pasar de un tema de Sting a uno de Cris Morena sin intermedio. Escribir es un juego hermoso que permite eso: ir sumando de elementos de a poquito. Duele, pero es hermoso. Y si tengo que elegir, los padrinos de Alfaguarra son Pedro Almodóvar y Hitchcock.

NÜN TEATRO BAR: Juan Ramírez de Velazco 419, CABA
Funciones: viernes 23 h