Artistas-curadores de la 33Bienal de São Paulo anuncian sus propuestas expositivas

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En el marco de la Bienal de São Paulo y desde la curaduría que plantea el lema Afinidades afectivas el curador general Gabriel Pérez-Barreiro lanzó una propuesta para organizar el evento a partir de un “sistema operativo” alternativo, privilegiando la mirada de los artistas sobre sus propios contextos creativos y evitando la realización de una gran exposición temática a favor de experiencias curatoriales múltiples.

Estas incluyen, además de los doce proyectos individuales ya anunciados, muestras colectivas organizadas por siete artistas-curadores. A continuación desarrollamos lo que ofrecerá cada uno.

A partir de su interés en temas tales como la repetición, la narrativa y la traducción, Alejandro Cesarco realiza una curaduría de obras de artistas que comparten sus inquietudes conceptuales y estéticas. Titulada A nuestros padres, “la muestra plantea cuestionamientos acerca de cómo el pasado (la historia) al mismo tiempo posibilita y frustra potencialidades y de cómo él puede ser reescrito por el trabajo del artista, generador de diferencias a partir de repeticiones” explica. Junto a Cesarco, participan de la muestra artistas de tres generaciones diferentes, entre los cuales se encuentran: Sturtevant (EEUU, 1924 – Francia, 2014), Louise Lawler (EEUU, 1947) y Cameron Rowland (EEUU, 1988). “Dedicar esta exposición a una relación primaria (biológica o adoptiva, literal o metafórica) es construir una genealogía y un intento de aproximación de la fuente central de nuestras interpretaciones, métodos, inhibiciones, posibilidades y expectativas”.

Antonio Ballester Moreno aborda su curaduría en la 33ª Bienal como forma de contextualizar un universo basado en la relación íntima entre biologia y cultura, con referencias a la histpria de la abstracción y a su interacción con la naturaleza, la pedagogía y la espiritualidad. Para ello, relaciona la producción de filósofos, científicos y artistas: “somos todos creadores de nuestro proprio mundo, pero entiendo que una gran variedad de lenguajes nos separó de la noción de lo que nos es común, entonces esta propuesta subraya el estudio de nuestros orígenes, ya sean relacionadas con aspectos naturales, sociales o subjetivos, los tres ejes que organizan la exposición”, afirma Ballester Moreno.

Titulada sentido/común, la muestra abarca desde juguetes educativos de las vanguardias históricas y obras de la Escuela de Vallecas (un movimiento español de vanguardia de la década de 1930 próximo al surrealismo) hasta artistas contemporáneos. Entre los participantes, se encuentran el filósofo y pedagogo Friedrich Fröbel (Alemania, 1782-1852); Andrea Büttner (Alemania, 1972); Mark Dion (EE.UU., 1961), que participa en la Bienal con un proyecto comisionado y Rafael Sánchez-Mateos Paniagua (España, 1979), integrante del colectivo Atenta que investiga prácticas de atención en el campo del arte. Además de su participación en la exposición de Ballester Moreno, Paniagua contribuyó también con la publicación educativa de la 33ª Bienal, Invitación a la atención, con un texto inédito de su autoría.

Para su exposición titulada El pájaro lento, Claudia Fontes parte de una metanarrativa: un libro ficticio homónimo cuyo contenido es desconocido, salvo por algunos fragmentos y por sus vestigios materiales. Las fuentes y los artistas invitados presentan trabajos que activan los acercamientos entre artes visuales, literatura y traducción a través de experiencias que proponen una temporalidad expandida, alternativa al fetiche moderno de la velocidad. “La experiencia de velocidad y lentitud son experiencias políticas enraizadas en el cuerpo. Ambas influencian nuestros entendimientos de espacio, distancia y posibilidad. Hace más de un siglo, nuestra especie viene siendo entrenada desde la infancia para despreciar la vagarosidad y desear rapidez. Como resultado, todos nosotros ahora tenemos dificultad para imaginar otros medios de estar consigo mismo y con los demás “, afirma Fontes. En un proceso curatorial horizontal y colaborativo, todos los participantes, a excepción de Roderick Hietbrink (Holanda, 1975), desarrollan obras comisionadas para la ocasión: Ben Rivers (Reino Unido, 1972), Daniel Bozhkov (Bulgaria, 1959), Elba Bairon (Bolivia, 1947), Katrín Sigurdardóttir (Islandia/EEUU, 1967), Pablo Martín Ruiz (EEUU, 1964), Paola Sferco (Argentina, 1974), Sebastián Castagna (Argentina, 1965) y Žilvinas Landzbergas (Lituânia, 1979).

Para su exposición, Stargazer II [Mira-estrela II], Mamma Andersson reúne a un grupo de artistas que han inspirado y nutrido su producción como pintora. La selección incluye una amplia gama de referencias, como iconos rusos del siglo 15, los “forasteros” Henry Darger (EEUU, 1892-1973) y Dick Bengtsson (Suecia, 1936-1989) y artistas contemporáneos como la cineasta Gunvor Nelson (Suecia, 1931) y el piloto de caza y artista sonoro Åke Hodell (Suecia, 1919-2000), entre otros. En común, todos los participantes comparten el interés por la figuración expresiva y el cuerpo humano. “Estoy interesada en artistas que trabajan con la melancolía y la introspección como un modo de vida y una forma de supervivencia”, afirma Andersson. La exposición incluye también una cantidad significativa de pinturas de Andersson, estableciendo un diálogo vibrante entre su obra y sus inspiraciones artísticas.

La curaduría de Sofía Borges, La infinita historia de las cosas o el fin de la tragedia del uno, parte de interpretaciones filosóficas sobre la tragedia griega para sumergirse en un collage de referencias mitológicas. Su propuesta se configura como un espacio activo de investigación acerca de los límites de la representación y de la imposibilidad del lenguaje como instrumento de mediación de lo real. “Pasé años buscando, a través de la imagen, desvelar el estado de representación de las cosas con mi trabajo, hasta que entendí que se trata de una cuestión sin solución, ya que es en realidad el problema del significado. El lenguaje es en sí trágico, porque ambiguo, y no se puede usar una materia para hablar de otra “, explica. Sobre esta base conceptual, el proyecto expositivo se construye a partir de un modelo curatorial mixto en el que la selección de piezas específicas es acompañada por invitaciones a ciertos artistas para que desarrollen trabajos comisionados. Una de las particularidades de la propuesta -que incluye obras de Jennifer Tee (Holanda, 1973), Leda Catunda (Brasil, 1961), Sarah Lucas (UK, 1962) y Tal Isaac Hadad (Francia, 1976), entre otros, es encarar la exposición como algo que se da no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. De esta forma, la muestra será activada, a lo largo de los tres meses de duración de la Bienal por un programa de experimentaciones propuestas por la artista-curadora a partir de la interacción entre las obras, los artistas y otros invitados.

Waltercio Caldas, quien siempre consideró la historia del arte como material de trabajo, proyecta un espacio en el que obras de diversos artistas se enfrentan a trabajos de su autoría. “Puesto que la producción de un artista trata de innumerables cuestiones que varían a lo largo del tiempo, escogí obras que desvían de lo que más se conoce de cada uno de ellos y se destacan por su valor y especificidad. El resultado de la relación entre las piezas elegidas pasó a ser el principal interés de esta selección “, explica. Con su muestra, Caldas propone una reflexión sobre la poética, la naturaleza de las formas y de las ideas y sus implicaciones en la actividad artística desde finales del siglo 19. “Busqué, a través de la tensión entre obras muy diversas, las sorpresas esclarecedoras que resultan de estos enfrentamientos “. A partir de una visión desafiante del artista sobre su propia obra y de los enfrentamientos muchas veces inusitados, como entre los trabajos de Victor Hugo (Francia, 1802-1885), Jorge Oteiza (España, 1908-2003) y Vicente do Rego Monteiro (Brasil, 1899-1970, se abren nuevas posibilidades de lectura para el arte.

Para su proyecto expositivo Siempre, nunca compuesto exclusivamente por obras comisionadas, Wura-Natasha Ogunji invitó a los artistas Lhola Amira (Sudáfrica, 1984), Mame-Diarra Niang (Francia, 1982), Nicole Vlado (EEUU, 1980), (Nigeria, 1982) y Youmna Chlala (Líbano, 1974) para crear nuevos trabajos en un proceso curatorial colaborativo y horizontal. La producción de estos seis artistas “concilia aspectos íntimos (como cuerpo, memoria y gesto) y épicos (arquitectura, historia, nación)”, explica Ogunji. “En diálogo abierto y continuo, nuestros proyectos individuales abarcan prácticas y lenguajes distintos, que convergen en ideas y cuestiones cruciales para la experimentación, la libertad y el proceso creativo”. El trabajo de cada uno de estos artistas es afectado por sus historias individuales y por las complejas relaciones que mantienen con sus tierras, naciones y territorios. “No son sus orígenes o nacionalidades que son reveladoras, sino el hecho de que sus obras rompen las narrativas hegemónicas y abrazan interrupciones como aberturas necesarias”, complementa la artista-curadora.