Soldado

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En Soldado, Manuel Abramovich (Solar, Años Luz) hace algo que a priori parecía improbable: estetiza, subjetiviza y resignifica el universo militar.

Las distintas situaciones que vive un soldado en su ingreso al Regimiento I de Patricios y a la Banda Militar Tambor de Tacuarí son recuperadas aquí por una cámara que construye casi exclusivamente primeros planos y planos medios de Juan José Gonzalez, el soldado del título, que bien podría ser cualquier otro.

Hay en cierto modo una enumeración en la observación de los revisaciones médicas, las primeras preguntas, las clases iniciales, el aprendizaje de métodos: hacer correctamente la cama, vestir el uniforme, hacer la venia, usar un arma, tocar el tambor. Es que la milicia está cargada de método y por eso también Abramovich elige el suyo propio: cerrar el plano en el rostro y el cuerpo de un novato, con una cámara fija, dejando fuera de campo todo el mundo que se le presenta a él. Soldado parece una película áspera, abundan los modos militares, las órdenes y los retos también, y mucho de eso ocurre fuera del alcance visual del espectador, allí lo sonoro encuentra su dimensión particular. Como separadores, planos generales abiertos de formaciones y de desfiles en el que también juega la distancia sonora. Tal vez es en estas vistas donde la película sea más rica y más original.

No hay guerra aquí, ni siquiera referencia a ella. Se trata de presentar a un ejército en su ritualidad propia, en sus quehaceres y prácticas, cargadas de una cotidianeidad que realmente subyuga.