#20BAFICI: Román

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La película de la realizadora Majo Staffolani se concentra en el personaje del título, un agente inmobiliario que vivencia un nuevo despertar sexual, a partir de su encuentro con un joven por lo menos 20 años menor.

Román integró la Competencia del 20 BAFICI. Y, como muchas películas del festival, tuvo a la sexualidad como uno de sus temas centrales. Entre los rasgos más distintivos de este film está el hecho de no ofrecer prédicas morales sobre el derrotero de su protagonista, interpretado con mesura y sensibilidad por el actor Carlo Argento. Y no es que el relato no asuma el lugar que le cabe a la culpa y al temor (el mismo Román lo dirá en algún momento), sino que hace hincapié en la fisicalidad del deseo, en el modo en el que un cambio de elección produce todo un cimbronazo en una persona que tiene “la vida resuelta”.

Pero aquella vida es una vida insatisfactoria. Román tiene una mujer (Gabriela Izcovich) que, desde el principio del film, le advierte que su jefe no le da la prioridad que él debería tener. Las siguientes secuencias lo confirman. En medio de esa rutina, su hija (una actriz de teatro independiente) le pide que ayude al asistente de dirección de la obra en la que actúa (Gastón Cocchiarale, visto en El Clan) a resolver el tema de su alquiler. Román le da una mano (metafóricamente) y recibirá otra (literalmente). A partir de un encuentro sexual inesperado, sobreviene un nuevo impulso en su vida que (tal vez) puede devolverle las ganas de vivir mejor.

Román es una película concisa, casi un cuento transpuesto al cine. Sin detenerse en el ámbito familiar, lo tiene en cuenta pero siempre a partir de la óptica del personaje. Hay lugar para la culpa, pero también para el replanteo, el ánimo de descubrimiento, la búsqueda del deseo. A muchos espectadores el final podrá parecerle abrupto, pero queda claro que la intención de Staffolani es poner la cámara a pasos de su personaje, más allá de que el mundo parezca recordarle que debe volver a su vida anterior.