#20BAFICI: A Horrible Woman

0
2

Se dice que en toda relación de pareja existe un continuo nivel de negociación, que en una convivencia ninguno de los dos debe avanzar sobre el otro más de lo que el otro permita. Esa sería la situación ideal para que cada uno mantenga su individualidad e identidad, una convivencia casi idílica, pero que en la práctica es muy difícil de practicar, aunque siempre se logra un equilibrio. Claro que existen casos en que esa negociación diaria se quiebra, uno de los dos cede demasiado y los huecos vacíos son ocupados —no siempre en forma maliciosa— por el otro en cuestión. El conflicto empieza a hacerse presente y, aunque al principio nadie lo advierte, en el momento menos pensado todo estalla por el aire.

Christian Tafdrup (Parents, 2016) plantea en A Horrible Woman, el camino que va desde el enamoramiento al arrepentimiento, desde el verse completo con el otro hasta el verse completo sin el otro; una película que cuestiona al que avasalla, pero también al avasallado. Nadie puede considerarse inocente en una pareja que se resquebraja cuando las cosas no quedaron claras desde el principio.

A Horrible Woman, en Competencia Internacional del BAFICI, es una mirada mucho más profunda de lo que pueda parecer al principio. Por empezar, titular esta historia como si de malos y buenos se tratara, es un error. A pesar de hacernos creer que Marie es una mujer horrible, manipuladora, maniquea y sin escrúpulos, también nos hace ver a Rasmus como su opuesto, un opuesto que no reacciona, que no cuestiona —o al menos lo hace tibiamente—, que hace cosas que no le gusta y que, en última instancia, no defiende las que considera valiosas.

La historia es sencilla. Rasmus (Anders Juul) vive solo, con su guitarra, sus cuadros y sus adorados cds. Conoce a Marie (una excelente actuación de Amanda Collin) y se enamora de su belleza y su frescura. A partir de ese momento, y luego de un par de salidas —casa de los padres de Rasmus, incluida— deciden convivir. Marie se muda, llena el departamento de Rasmus con sus pertenencias, intenta un nuevo decorado y empieza a controlar desde cómo se lavan los platos hasta qué salidas son importantes y cuáles no. Esta presencia posesiva hace que Rasmus se empiece a sentir asfixiado. Pero no lo dice, o por lo menos, no lo dice de forma que Marie pueda entenderlo y actuar en consecuencia. Cada vez que Rasmus plantea o cuestiona por qué Marie hizo tal cosa o por qué decidió hacer tal otra, ella le dice, “¿y por qué no me lo dijiste antes?”. Es en estos bordes en donde el director danés juega todo el tiempo, en esa línea resbaladiza en donde se paran uno y otro frente a los problemas de la vida diaria.

“¿Me tenés miedo?”, le pregunta Marie a un Rasmus totalmente sorprendido, “te pregunto”, continúa ella, “porque parece que no te animás a plantearme nada. A mí me gusta que me desafíen, porque si el hombre que está conmigo no lo hace, yo tiendo a ocupar todos los lugares, a imponer mis condiciones, a suplantar sus gustos por los míos, a cuestionar sus decisiones”. Y ya poniéndonos más metafóricos, agregar: como hace la marea cuando sube y no hay nada que la detenga.

Lógicamente, cada uno tendrá su opinión al respecto. Como en su momento, la polémica creada a partir de la película Atracción fatal (1987) de Adrian Lyne, en que unos se ponían del lado de Dan Gallagher (Michael Douglas) y lo veían como la víctima, otros lo crucificaban por infiel. En este caso, las aguas también se dividen en apreciaciones contrarias.

“Es una película sobre el terrorismo cotidiano que las mujeres cometen sobre los hombres. No es porque odie a las mujeres, es solo porque he pasado los últimos 24 años de mi vida descubriendo cómo sobrevivir en una relación con ellas”. Esto fue lo que dijo el director en una entrevista. Y aquí habría que plantearse: ¿es una película misógina? No lo creo, porque si bien Tafdrup cuestiona los actos manipuladores de Marie, también cuestiona el sometimiento en el que cae Rasmus. En conclusión, cada uno deberá sacar sus propias conclusiones, porque si algo hace el arte —en este caso el séptimo— es postular preguntas, nunca respuestas.