#20BAFICI: Grass

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Hong Sang-soo, una de las figuras más reconocidas por la cinefilia local, entrega en Grass un compendio de sus marcas autorales en concisos 63 minutos.

De charlas, de encuentros y reencuentros, pero –sobre todo- del paciente acto de observar, están construidas las películas de Hong Sang-soo. Más allá de algunos aspectos formales (la predilección por los diálogos extensos, los planos que recortan el encuentro de personas sentadas en una mesa, los zooms que puntean una situación o una frase), el cine de Hong profundiza obras tras obra esa deriva del destino, ese cambio de rumbo que los personajes advierten con el paso del tiempo y que le otorgan a su filmografía una gran universalidad.

Pero ese paso del tiempo no aparece graficado de forma grandilocuente o exacerbada, más allá de que en algún momento se puede producir un estallido de carácter, algún grito pleno en desesperanza (que en Grass existe, por cierto). Hong es, en ese sentido, todo un minimalista; en la temporalidad del plano se define todo, es allí en donde deja fluir la verborragia melancólica de sus criaturas, capaces de reconocer cómo el tiempo las ha afectado y, pese a eso, seguir con sus vidas, como si se tratara de un drama de Anton Chejov. En su cine no hay tesis; hay, en cambio, sensaciones, percepciones sobre el mundo exterior y el interior. Por eso sus relatos son tan bellamente inasibles, tan proclives a impactar de diverso modo en quien se sumerge en ellos.

En Grass hay una alter ego del realizador, una joven que escribe (Kim Min-hee) a partir de lo que observa en un bar que está algo escondido en la ciudad. A partir de sus observaciones, se suceden una serie de encuentros personales que orbitan sobre las parejas, las culpas y las frustraciones. Se construye un micro-clima intelectual, porque algunos de sus participantes están vinculados al arte. Las horas pasan y la escritora permanece allí, escribiendo (¿inventando?) aquellos encuentros entre cuatro pares que se irán cruzando entre sí. El soju (una bebida alcohólica tradicional) produce en ellos una fluctuación del ánimo, por lo que el tono pesimista que, en mayor o menor medida, inaugura los diálogos se va tornando poco a poco más agridulce, nostálgico, amigable. Y es allí donde la película se gana su razón de ser, en esa capacidad que tiene de construir un clima y en transmitirlo, sin necesidad de recurrir a cierres herméticos para cada historia.

Funciones

21 de abril, 23:59 h, Village Recoleta 6