#20BAFICI: From where we’ve fallen

0
1

En la Competencia Oficial Internacional del 20° BAFICI hay un operaprimista: el chino Wang Feifei que debuta con From where we’ve fallen. En el título se enuncia el concepto de la caída, que es central en el entramado de la película. Existe una caída física, la de un suicida, que si bien no sucede al comienzo, en un orden cronológico sí es el acto detonante que precipita la serie de movimientos que componen el desarrollo del film. Es que aunque se trate de un director y guionista primerizo (quien en la rueda de preguntas confesó las influencias de Roberto Bolaño) Wang no tiembla ni cede ante la vía explicativa: From where we’ve fallen es un relato elíptico y enigmático, pero también pleno de sutilezas y decisiones formales que sustentan el misterio narrativo.

La caída física es solo el puntapié de un descenso moral y ético por parte de los personajes. En un principio una pareja de amantes viaja en la ruta y se saltean un desvío que los habría llevado a destino. Sun y Sanqing terminan cayendo a otro lugar por equivocación y ahí es donde se encuentran a Hai Long, un viejo amigo de Sun, que está en pleno ascenso social y económico a causa de su oficio en la compra y venta de joyas. En una anécdota que refiere otro personaje más adelante se enuncia lo que se entrevé implícitamente en la ostentación de Hai long: el crecimiento de su bienestar es proporcional a la pérdida de escrúpulos, ergo, al descenso moral. Solo el personaje de Wang, un presunto comprador de las perlas que comercia Hai, pareciera estar indemne del dominó de las caídas pero el director, previo a el maravilloso encuentro en la playa (primer foto), frente a un vidrio empañado, muestra su secreto: en verdad Wang es un impostor y persigue otra intención que no son las piedras preciosas (tercer foto).

image-2018-04-19 (1)

Wang desarticula la narración del relato, aboliendo la linealidad en pos de flashbacks que infundan un halo misterioso a la película. Las elipsis o saltos temporales no están subrayados explícitamente. No está divido en capítulos ni en fundidos a negro, ante lo cual la sensación inmediata puede ser la confusión.  La inteligencia de Wang Feifei está en desarmar las piezas con la paciencia suficiente como para dejar que el espectador las pueda unir en su cabeza. Colaboran ciertos anclajes temporales como los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 (que de acuerdo a la instancia narrativa son presente o pasado) o el pasamanos de una pulsera de perlas, que después de caer en manos de Wang termina atravesando a todos los personajes. El valor simbólico de esta pulsera vuelve ineludible la referencia a esa obra maestra que es Madame de… de Max Ôphuls, en donde al igual que en este film, la pulsera misma se vuelve un mcguffin que desnuda la frivolidad de sus personajes.

image-2018-04-19 (2)

Tras una hermosa escena en donde una afligida Sanqing sonríe por primera vez en el film ante su elucubración de poder surcar nadando el mar que divide la costa china con la japonesa, vemos a Wang (con menos pelo, sin barba y sin gafas oscuras) que atestigua el suicidio de su vecino. El señor Lee al que dicho accidente ya hacía mención al principio del metraje Haig Long a un Wang encubierto. El amorío que el difunto sostenía con su esposa -imposible no pensar en In the mood for love, no solo por los amantes cruzados sino por la melancolía de los engañados- destapa el lado perverso de una red mafiosa que lo lleva a Wang hacia la búsqueda de venganza.

Wang Feifei se permite en este pasaje dar una descripción detallada del devenir diario del personaje de Wang alienado por su doble labor: empleando en una pescadería inmunda y mulo del dueño de una fábrica. Por supuesto el gran cineasta chino comprometido en brindar una mirada política que diagnostique la sociedad tan compleja del país de Mao es uno solo y es Jia Zhang Ke. Se puede decir, salvando las distancias, que en su ópera prima Wang Feifei exhibe lateralmente, como su compatriota, las depresiones -las caídas- de un sistema económico y social en descomposición. Por eso será, como dijo Feifei, que en China la película no gustó mucho.

Al unísono con su propuesta narrativa, From where we´ve fallen se obsesiona por los planos detalles y por los encuadres que relegan una parte o toda la acción dramática fuera del cuadro. A diferencia de Un toque de violencia, del citado Zhang Ke, en donde encuentra en la violencia la justificación estética de su mirada crítica, acá los actos violentos se cuentan en el off. Así el suicidio, un asesinato, violencia de género, una cuasi violación o una brutal golpiza en un estacionamiento no son expuestos visualmente. Algo, sin embargo, tienen en común: en ambas obras el minucioso mapa sociológico que se construye en torno a los personajes tiene como fin indagar acerca de la génesis de la violencia que los termina por envolver. Lógica inversa a la complacencia de Relatos salvajes.

image-2018-04-19 (3)

La abundancia de planos detalles de las joyas, de la pulsera, de un pájaro de juguete o del machete homicida, en línea con el maestro en este rubro que es Takeshi Kitano, son indicios que aluden a un personaje que en algún momento poseyó dicho elemento o, como en el machete junto a la orilla, a modo de sugerir un hecho consumado mediante alguna huella de dicho acontecimiento.

From where we’ve fallen es el auspicioso debut de Wang Feifei, quien persigue fines similares a algunos compañeros de ruta del cine de su país. La multiplicidad de personajes (y sus tramas individuales) -a lo Edward Yang- tienen como fin enarbolar un relato caleidoscópico -como se lee en la sinopsis de catalogo del BAFICI- que bajo la apariencia de un thriller esconde una mirada lucidamente estética y política sobre la actualidad de su país.