#20BAFICI: Song of Granite

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Dentro de la sección Vanguardia y Género se asoma Song of Granite, película que toma como eje al cantante Joe Heaney como excusa para extenderse a la consagración de una oda hacia la cultura folklórica de las praderas irlandesas. Seleccionada por Irlanda para competir en los Óscars como representante en la categoría de películas de habla no inglesa, la película se entierra entre las rocas, las olas y el viento del valle de Galway y nos devuelve una pintura monocromática de las entrañas de un pueblo cuya lengua es el gaélico y cuyo inmediato impulso expresivo es el canto.

La secuencia inicial muestra el devenir de un niño en el pueblo de Galway, al que recorre sus senderos rocosos y sus arroyos al compás de la dulzura de su canto. Lo que en un principio hace que Song of Granite parezca una biopic a la vieja usanza de Joe Heaney, finalizada esta secuencia, Collins quiebra la linealidad narrativa y comienza a hilvanar escenas aisladas que borran cualquier atisbo de biografía en pos de un homenaje a la cultura musical irlandesa. La finura plástica en la fotografía de Richard Kendrick recoge la belleza melancólica que anida en el paisaje y en cada uno de los integrantes de la población. Pat Collins no se restringe a focalizarse en el cantautor. Joe Heaney no es una oveja negra dentro de ese ecosistema, sino que el músico es la consecuencia de ese universo. Una cultura, que como ya se vio en la icónica Que verde era mi valle de John Ford, vapuleada por los efectos del trabajo minero, que exorciza sus demonios y eternizan su lengua mediante el canto.

Pat Collins combina la ficción de la infancia de Joe Heaney junto como el devenir de algunos otros integrantes de la comunidad así como también la escenificación de las tertulias de alcohol y poesía en las tabernas. Ya en estos pasajes se asoma la vena documental que luego se apodera del relato cuando vemos imágenes de archivo o conversaciones frente a cámara, entre otras cosas. De tanto en tanto reaparece su voz en off que persiguen la misma sintonía que las letras de las canciones que endulzan al film; la solemnidad lapidaria de un pueblo marginado junto con la bellísima y agónica poesía que le aporta un matiz sensible al discurso contestatario.

Song of Granite puede ser muy conmovedora si el espectador prescinde de buscar una coherencia lineal narrativa y se deja sensibilizar por la belleza de la música irlandesa. Collins les obsequia un tratamiento formal impecable, el cual sustenta esta combinación entre agonía y belleza. Caso contrario, Song of granite puede resultar densa al rechazar de plano cualquier postura lúdica. La película se sumerge de lleno en una declamación poética más alineada con la cultura flemática propia de esa nación. Para quienes lo disfruten, está servida la recompensa: de cuando en cuando se relucen momentos de belleza, tanto en la fotogenia de los paisajes islandeses como en el talento vocal de sus intérpretes.

Funciones:
18 de abril 18:30 hs. Artemultiplex Belgrano Sala 3