#20BAFICI: El silencio a gritos

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El prolífico realizador José Campusano (responsable de Vil romance, Fantasmas de la ruta, Placer y martirio y tantísimas más) presentó en la Competencia Nacional su último opus, El silencio a gritos, en una coproducción argentino boliviana.

Dueño de un realismo duro, artificial en cuanto a los diálogos, subsidiario de la poética que transmiten sus actores no profesionales (características que le otorgan a sus films una genuina identidad), Campusano supo generar incondicionales seguidores y también acérrimos detractores. Como el nombre de su productora lo indica, su cine es “bruto” (con frecuencia brutal), y el hecho de que haya producido tantos films genera la idea en el espectador de entrar en un universo compacto, con sus propias reglas, cada vez que se sumerge en alguno de sus relatos.

El silencio a gritos orbita sobre un tema sensible, actual, que cuenta con una inusitada difusión en los medios: el abuso infanto-juvenil. En este caso, el abusador es un joven de la clase media baja boliviana, y las abusadas son sus hermanas menores. Al comienzo, la película nos presenta al personaje en una faceta más vulnerable, lo que es positivo en términos dramáticos porque produce una inicial empatía con el espectador. Pero desafortunadamente, lo que sigue va en el camino opuesto: construcción estereotipada de los personajes principales y los secundarios, progresión dramática casi nula (las situaciones se suceden muchas veces sin organicidad), y –lo peor- cierto coqueteo con el didactismo.

A diferencia de lo que ocurrió con la citada Fantasmas de la ruta, en donde otro tema contundente (la trata) se hilvanaba a la perfección con el dispositivo narrativo de este verdadero autor, aquí su identidad se diluye en este conciso y poco delineado relato.

 

Última función: hoy, miércoles 18 de abril, a las 20:45 en Village Caballito 9.