MUNTREF inauguró Ecoparque, Centro de Arte y Naturaleza

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¿Dónde están los animales? Parte del zoo muta en sede del MUNTREF

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Frente al Zoo porteño y mientras nos dirigimos al nuevo Centro de Arte y Naturaleza, nueva sede de  Muntref, no podemos dejar de pensar ¿dónde están los animales?

La “tan”  bienvenida transformación del zoo en “ecoparque”, no parece “tan” viable. Hoy es posible observar la naturaleza más allá de la realidad de animales en cautiverio cuya exhibición continúa  por lo impracticable de su traslado.  No obstante, el zoo debe mutar. Y lo hace en parte, en este “Centro de Arte y Naturaleza”, cuya intención es clara, nos propone desde el arte, otra forma de acercarnos a la naturaleza, (o de mirar para otro lado),  sin cercos ni animales, con sensibilidad y concepto y por sobre todo con mucha información disponible para quienes visitan,  no dejando dudas sobre el fundamento del proyecto ni sobre la obra de cada artista que allí está exponiendo.

Los edificios que componen el predio del Zoo han resultado cautivantes para generaciones de niños y adultos quienes con sólo verlos podíamos imaginar lugares lejanos en India, Africa o Asia….  El actual centro es uno de estos edificios que ahora alberga las obras de tres artistas quienes nos traen por medios visuales, técnicos y  plásticos la naturaleza misma en diferentes expresiones, para que la observemos, nos afectemos con ella y reflexionemos.

En la planta baja Sebastián Diaz Morales, En un futuro no muy lejano nos sitúa en la desoladas y ventosas planicies patagónicas, frente a una naturaleza adversa y misteriosa que arrasa en una interminable repetición de imágenes, mezcla de ficción que cautiva (la pareja que interactúa) y documental  (la acción viento) rindiendo esa naturaleza como registro que da cuenta de lo “incontrolable”.

En la misma planta baja, Angela Markul con su Naturaleza reimaginada nos ubica en tres lugares del planeta. Tchernobyl. Yonaguni y Naica Ucrania, Japón y Mejico. Sitios específicos, misteriosos donde el documental sin duda cede al drama. El paso del tiempo, los tonos oscuros, apagados, la moción lenta…el ambiente ominoso después del accidente atómico,  los misterios de una enorme cueva  de cristales en Naica o el fondo del mar azul en Japón. Angélika Markul de 40 años de edad es quien transita esos lugares y se define como artista y como exploradora. Ella misma se arriesga por los paisajes de Tchernobyl o bucea en los 20 m de profundidad por el mar de Japón. Con los medios audiovisuales como soporte, nos trae la naturaleza más alejada, prohibida o desconocida y la sirve en enormes pantallas para que nos adentremos en ella.

markul

Por último, “last but not least” (no por dejarlo para el final es quien menos nos gusta, al contrario) Larry Muñoz un joven colombiano de 35 años de edad presenta  la Eterna novedad del mundo  y es quien más nos sorprende en su directa interpretación de la naturaleza.  Luego de dos meses de residencia en la Untref, nos cuenta que su idea original devino en otra. Las salas del primer piso despliegan un recorrido visual que parte de la obra “God (zilla) is into you” letras en luces neón que ocupan toda una pared, nos hablan de lo macro, lo enorme, ¿Dios-Godzilla dentro nuestro? Inquietante propuesta que vira a  gestos mínimos y contundentes en la sala contigua proponiendo una arqueología del lugar. Muñoz compone naturalezas muertas a partir de objetos encontrados, algunos inertes como una repisa de metal que sostiene otras obras, entre ellas la que más nos conmovió, una pequeña escultura materializada con una pluma, una hoja y una pequeña rama… obra de gesto mínimo, vale la visita. Otra obra consiste en desprendimientos de la naturaleza como los “panaderos” y semillas volátiles que penden de hilos naturales e invisibles sobre una pared blanca la cual contiene toda esa liviandad. Y del techo, cuelga una gran esfera de ramas secas que se mecen suave y placenteramente con el aire que le llega de la terraza.

Estamos en  una inauguración, es un evento social. Desde esa terraza, la misma que se asoma a la India, Africa o Asia y con una copa en la mano, nuestra mirada se adentra en la oscuridad de la noche, entre los edificios exóticos y nos parece oír el llamado de un animal salvaje.