#20BAFICI: Jeannete, la infancia de Juana de Arco

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Estrenada en el marco de la pasada edición de Cannes, la última película de Bruno Dumont evidencia el presente de un cineasta que goza de una libertad absoluta para interpretar un texto de Charles Peguy, basado en la infancia de Juana de Arco, en clave musical. Lejos de ser una reversión más sobre las varias representaciones fílmicas que se inspiraron en el mítico personaje histórico francés Jeannette, la infancia de Juana de Arco elimina cualquier rastro épico, patriótico o heroico para construir un relato inédito y extravagante que se concentra en todo el proceso previo a que Juana de Arco se alce como una líder de la rebelión francesa. Dentro de la categoría Trayectorias, la película francesa ya tuvo su primera exhibición en el 20BAFICI.

Dentro de la postal de un arroyo apacible que atraviesa un terreno medanoso se oye una dulce plegaria de una Jeannette con tan solo 8 años, quien lentamente se aproxima a centímetros de la pantalla y mira hacia el espectador. Dumont materializa en este acercamiento inicial lo que muchos narrarían con un leve fundido desde la pantalla negra. Esta adaptación del ‘había una vez’ presupone todo lo que vendrá luego en la película; el nacimiento de una leyenda que entona una oda matutina y virginal.  La rusticidad del medioambiente elimina cualquier signo social e histórico y esto será una constante durante los 115 minutos de metraje. Solo ciframos el estado convulsivo que vive Francia por la información que le brindan los diferentes visitantes que interpelan a Jeannette. Una niña de su edad le comunica la debacle que se cierne sobre el pueblo francés, convocando el llamado al héroe que ella rechaza para tributarle a Dios el poder de movilizar al pueblo francés. Como en la estructura de una ópera, la niña Jeannette cristaliza cada reflexión mediante el canto pero la lírica no lo es todo; la musicalización excede el mensaje oral y da pie al delirio de un cineasta que lleva a la película hacia donde quiere.

Las composiciones de Igorrr son otro factor determinante para darle otra gama de exotismo a la película. En vez de amalgamarse a las exigencias de un momento histórico que exige un timbre acústico de índole folklórica, las piezas musicales en Jeannette, la infancia de Juana de Arco pertenecen al death metal (o algo en la sintonía de Dream Teather). Este desfasaje asociativo que propina Dumont desanda un resquicio que abre las puertas a mayores ensueños. La lúdica danza de las monjas, la coreografía epiléptica de las manos del tío de Jeannette o los reiterados zapateos de la protagonista o de la niña que la acompaña son los síntomas de que la motivación de Dumont no es unicamente brindar su mirada sobre este acontecimiento histórico. El francés vive un período de experimentación donde lleva ciertas obsesiones hasta las últimas consecuencias y el la intención lúdica pareciera condimentar cada idea. Es a causa de estas elucubraciones que radica un posible inconveniente de esta nueva postura: la radicalidad de sus propuestas puede volverlas excesivamente crípticas. En este caso, la carga informativa que guardan los parlamentos cantados de los personajes, que a su vez buscan rozar un tono poético y musical, pueden densificar la textura de la película que ya de por sí misma es bastante exigente.

La misión de Jeannette a Dumont ya no le importa. Es conocida por todos y carece de originalidad. De la misma manera que la película amanece con su acercamiento, Jeannete, la infancia de Juana de Arco culmina con un alejamiento: misma lógica del comienzo para ahora materializar el crepúsculo.

Próximas funciones:
20 de abril 13:00 hs. Village Recoleta