#20BAFICI: Casa del Teatro

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Cuando en la edición del BAFICI 2014 se presentaba Mauro en Hernan Roselli ya anidaba la idea de un nuevo proyecto. Lo que en un principio sería un documental acerca del singular universo de la Casa del Teatro, poco a poco fue afinándose hacia lo que tardó cuatro años en poder construir: un retrato expositivo de Oscar Brizuela; un actor que fue tragado por el olvido y al que alguno de sus recuerdos recuerdos también los trago un ataque cerebral. La competencia argentina del BAFICI vuelve a tener entre sus filas una película -la segunda- de Roselli, Casa del Teatro, que como en su participación precedente le aporta una dosis fresca y amable de humanidad.

Un plano muy cerrado del rostro de Oscar lo muestra realizando una llamada internacional con su rudimentario celular. Oscar quiere localizar a Maximiliano, su hijo, pero no puede recordar donde vive. Un ACV (o un infarto) le disolvió algunos recuerdos inmediatos: Oscar no sabe el mes y el año en que está pero de algo está seguro; él en su juventud se desempeñó orgullosamente en el oficio de la actuación. También que era muy pintón y que todos lo miraban atraídos cuando entraba a algún lugar público. En la sala del Village Recoleta asistió a la función Linda Peretz, presidente de la institución de nombre homónimo a la película, quien redobló la apuesta recordando lo churro que era en su juventud.

Roselli abandona la explicación introductoria del personaje y opta por subordinar la sintaxis narrativa a la amnesia sufrida por Oscar. La paciencia del director y montajista está en ir recogiendo pinceladas de su vida diaria que cumplen la función de ser pistas de su pasado y su historia. Que la duración de la película, en relación a la cantidad de material recogido durante años, sea brevísima responde a la puntillosa selección de planos que evocan una cotidianeidad de la que pueden extraerse infinitas deducciones sobre el protagonista. La aparición de una suerte de investigador que busca infructuosamente a Maximiliano es un hermoso guiño de un director que juega con añadirle a Casa de Teatro un componente de intriga. La relación entre Oscar y el investigador termina por despertar una belleza deslucida que vive también en cada uno de los compañeros de la Casa del Teatro. El gitano andaluz de Lanús es uno de los tantas estrellas que componen esa constelación de actores divorciados del reconocimiento y la fama, que acompañan a Oscar en su lucha contra el olvido.

Mientras tanto, a cuentagotas, escenas de Póker de amantes nos devuelven el reflejo del Oscar joven en pleno ejercicio de su pasión. Los fragmentos de esa anomalía devenida en film de culto son, de alguna manera, la fuerza que combate a el avance despiadado del tiempo. La huella cristalizada que reviste la resquebrajada pared de su memoria. En lugar de estilizar la crueldad de la vejez, en lo que sería una operación semejante a un reality show, Roselli no se abona a ningún atisbo sensacionalista porque encuentra más interesante exponer el lado más humano del personaje, y encontrarle a su interacción con el mundo los síntomas de un actor que aun, a pesar de todo, sigue brillando.

Próximas funciones:
16 de abril. 23:00 hs. Village Caballito