La timidez de los árboles, entrevista a Carolina Zamudio

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La timidez de los árboles es el nuevo libro de Carolina Zamudio que se editará en Colombia, y que se presentará en la FILBo (Feria del Libro de Bogotá) y en el Festival de Poesía de Buenos Aires.

Carolina es escritora y periodista, y recientemente fue nombrada directora de la Revista Latinoamericana de Cultura Literariedad, una de las más prestigiosas en su género. Para hablar del libro y de su nombramiento, en Leedor conversamos con la autora.

¿Cómo definirías La timidez de los árboles, tu último libro?

La timidez de los árboles es un libro de prosa poética que indaga en la infancia y –quizá– en los rincones apartados del alma. En el interior, hacia el recuerdo, se construye una memoria que mezcla lo fantástico, los acontecimientos alguna vez vividos y que ahora se rememoran; pero también hechos que dejaron una huella en el inconsciente, en la conciencia o en el infinito interior: los antepasados, los abuelos, los juegos infantiles, los amigos, los temores, los descubrimientos, los asombros de la niña frente a un mundo que siempre se presenta como el misterio. Tal como escribió Rafael Courtoisie en el epílogo: “Es la escritura de un mundo”. Considero que esa es una síntesis atinada de La timidez…

¿Cuánto de tu producción anterior y cuánto de novedoso hay en él?

Este es un libro completamente nuevo, distinto a los anteriores –de hecho es el primero escrito en prosa–, que en su conjunto puede ser leído también como narrativa, hasta como una breve novela; existe una renovación total de la forma, de los modos de expresión y de las búsquedas. Aunque los libros publicados previamente tienen su aspecto de búsqueda de la luz en la oscuridad, es decir la búsqueda de la conciencia en la voz interior, La timidez de los árboles se adentra más en el misterio. Quizá pueda decir que su impronta espiritual es mucho más profunda que las anteriores.

¿Cuál es tu propia poética, es decir, tu manera de concebir la poesía y la escritura poética?

Esa es una pregunta con una respuesta que cambia de manera permanente, porque a medida que uno se adentra más en la construcción de su propia voz, paradójicamente, va bifurcando camino y métodos. Intento construir una poesía en movimiento, atemporal pero viva, y que pueda percibirse cada vez nueva. Desde ya, creo que hay rasgos y guiños comunes a lo largo de mis libros: un regodeo con lo racional que se presenta a menudo como falta de certezas, la innovación en las formas de decir rompiendo a veces estructuras clásicas del lenguaje, con alusiones al silencio y raíz en la contemplación. Con elusiones a ser completadas por el lector, como se percibe de manera especial en La timidez de los árboles, sobre el que Juan Manuel Roca aseguró en su prólogo que se trata de un “álbum de ausencias”. Quizá la clave resida en este momento (y solo ahora) en ir por una forma de decir intensa y de climas definidos.

Vos viajaste por varias partes del mundo y viviste en varios lugares, ¿cómo ves la poesía en cuanto al mercado? ¿Se lee más poesía? ¿Depende de los países? 

Mi sensación general, lamentablemente, es que la poesía no se lee ni se vende, salvo entre los intelectuales, académicos y círculos de complicidad, apoyo y aprendizaje mutuo de los mismos poetas, escritores y editores. Asimismo, percibo que donde más vivaz está la poesía en la actualidad es en América latina, por lo que me animo a decir que los autores de este lado del mundo somos muy afortunados de vivir esta época. También en Medio Oriente, donde –al igual que en nuestra región– proliferan festivales, encuentros y publicaciones que hacen que el género tenga la visibilidad que las grandes editoriales, en general, salvo contados casos, le niegan. En Europa, España sigue manteniendo lúcida y sana a la poesía. Por otra parte, la facilidad de intercambio, comunicación, traducciones, entre otros fenómenos, hace que quienes estamos escribiendo hoy podamos nutrirnos de la riqueza de otras poéticas lejanas en lo cultural, circunstancia que siempre enriquece, aunque sea por oposición.

Contanos un poco de la revista Literariedad.

La revista Literariedad es una publicación creada en Colombia por el poeta y catedrático Albeiro Montoya Guiral, hace cinco años, con el fin de difundir bajo rigurosos criterios de selección diversas manifestaciones artísticas, con especial énfasis en la literatura y en la poesía en particular. Se trata de un medio digital de periodicidad mensual, pero en constante crecimiento, como la publicación de dos ediciones semestrales en papel al año. Cuenta con casi cien mil suscriptores vía electrónica, veinticinco mil en Facebook y seis mil en Twitter. La edición de marzo de este año, cuando Literariedad extendió su centro de operaciones a Montevideo, fue la más visitada en la historia de la revista, lo que demuestra el período de expansión que vive. Uno de los cambios a implementar en breve es sumar a la nómina de colaboradores permanentes corresponsales en diversos lugares de la región y el mundo.

¿Cómo llegás a dirigir la revista?

Siempre pienso en la poesía, en la literatura y en la vida en general como una suma de buenas intenciones. Conocí Literalidad viviendo en Colombia y desde hace algunos años, además de escribir en ella, formo parte del Comité Editorial. A raíz del quinto aniversario, su director y fundador decidió iniciar una etapa de transformaciones que incluyó su cambio de rol a Consejero Editorial. Uno de los anhelos de Montoya Guiral era que la revista fuera dirigida por una mujer. Luego primó el cariño y la admiración mutuos. Creo que solo desde ese lugar se puede crear, sostener y hacer que crezcan proyectos como estos. Cuento con el apoyo de un gran equipo, de padrinos, a la vez grandes maestros, que siempre apuntalan, y el compromiso de Sergio Marentes, escritor y editor de la revista.

¿Qué significa en este momento de tu vida dirigir una revista literaria?

Además del evidente desafío y responsabilidad, se trata de un complemento muy oportuno a mi quehacer literario. Como todos quienes ejercemos el oficio de la poesía, el ensayo y la crítica con fruición, soy una lectora tan intensa como desordenada, por pasión y ansiedad de abarcarlo todo. En lo personal, creo que es una circunstancia maravillosa la de amalgamar dos pasiones: el periodismo y la literatura. En lo referente a Literariedad en sí, que es lo que más importa, me gustaría dejar una huella de multiculturalismo y pluralidad. Como la literatura y la existencia, percibo el periodismo con un profundo sentido de trascendencia y, sobre todo, libertad.