“En nuestro país el clown se está abriendo camino”, entrevista a Carla Pollacchi

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Carla Pollacchi es actriz y actualmente hace Al carajo, clown, una obra que participó en festivales y encuentros nacionales e internacionales de teatro.

Carla es actriz egresada de la Licenciatura en Actuación en el Instituto Universitario Nacional del Arte y actualmente preside la Asociación Civil Entramatto, destinada a promocionar el trabajo de artistas independientes en diferentes lugares de nuestro país. En una entrevista con Leedor, nos cuenta sobre el trabajo del clown y el camino que recorrió la obra desde sus primeras funciones.

¿En qué consiste el trabajo escénico de un clown?

El trabajo escénico de un clown consiste en estar 100% presente, exponer su humanidad, estar atento a sus impulsos, al público, permitiéndose el juego, expresando sus estados emocionales con verdad.

¿Cómo te interesaste por esta técnica?

Cuando terminé la carrera de Actuación en el Conservatorio Nacional de Buenos Aires, hice las equivalencias para la Licenciatura en Actuación, en el IUNA lo que hoy es la Universidad Nacional del Arte. Había que presentar un tema para la tesis, y de toda la carrera, era una técnica que no había investigado en profundidad, así que ese fue el inició para investigar más sobre el clown. Comencé mis pasos con hermosos docentes y personas como Cristina Martí y Guillermo Angelelli, pero mi clown se terminó de definir de la mano de Marcos Tesoro, quien actualmente es el director de Al carajo clown junto con Graciela Pereyra. Fue una técnica que me atrapó; disfruto mucho con mi clown.

¿Qué difusión tiene en el país o en América Latina?

En nuestro país el clown se está abriendo camino; cada vez hay más festivales y movidas hermosas que difunden esta técnica. Hay festivales de carácter nacional y otros de carácter internacional, y es hermoso participar. Me han convocado para dar seminarios y talleres, y conozco compañeros que también hacen lo mismo por diferentes provincias. Así que me considero parte de una movida que cada vez tiene más seguidores. En cuanto a América Latina, de los países que visitamos con el espectáculo (Ecuador, Chile) y por lo que hablamos con la gente de los festivales, también se ve que está en constante crecimiento.

Contanos un poco acerca del recorrido de esta obra por diferentes festivales y espacios

Al carajo clown nació en Morón. Creo que siempre uno como teatrista independiente sueña con viajar y hacer funciones y vivir del teatro. Al carajo nos dio mucho más que eso. El primer paso que dimos, después del maravilloso estreno, fue viajar al Encuentro de Maestros y Escuelas de Teatro de Ecuador. La posibilidad de esos encuentros es el intercambio; me acuerdo que también dimos un taller y tomamos talleres. El otro paso fue presentarnos a los regionales de teatro. Fue un notición hermoso saber que habíamos pasado a la instancia provincial, así que de actuar en Morón, nos fuimos a San Pedro y de ahí salimos seleccionados para ir a la Fiesta Nacional de Teatro que ese año se hacía en La Rioja. Creo que es algo maravilloso poder ver y hacer una lectura a nivel de producción teatral de todo nuestro país; es una experiencia que no me la olvido más en mi vida. Dentro de la fiesta nacional fuimos seleccionados para hacer funciones en otras localidades, como Sanagasta y Anillaco. También nos seleccionaron con otros grupos para hacer otra función dentro del marco de la fiesta, así que felices. Después de esa fiesta empezaron las invitaciones y los intercambios. Formamos parte del catálogo Nacional de Teatro y eso nos abrió la puerta a giras por el país. También, producto de la constancia y trabajo, fuimos seleccionados para el ciclo Teatro del País en el Teatro Nacional Cervantes.

Quisiera mencionar dos funciones que me marcaron mucho: una fue en Salta, en el marco de Escenarios de Verano. Hicimos la función frente a la plaza central de Salta. Habían preparado un escenario a cielo abierto, lo que nos implicaba usar solamente de técnica el sonido, ya que para lo que es la puesta de luces era de día. Mientras estaba haciendo la función, pasaba una marcha de madres y padres del dolor que reclamaban por la muerte de sus hijos; se pararon a un costado del escenario y con un megáfono reclamaban que los escucharan. Paré el espectáculo, el público se molestó, los padres continuaron la marcha (que consistía en dar una vuelta a la plaza), y yo retomé el espectáculo. Cuando volvieron a pasar, entraron todos en un espacio que quedaba entre el escenario y el público. Paré nuevamente el espectáculo, las madres y los padres entraron y se pusieron frente al público con los afiches, fotos de sus hijos, un pasacalle y el megáfono. Una persona del público los empezó a increpar violentamente diciendo que estaban interrumpiendo el espectáculo. En ese momento frené la discusión, y les hablé a todos diciéndoles que lamentablemente esto pasaba en Salta y en todo nuestro país, que necesitábamos justicia para todos. Las familias me agradecieron, el público quedó en silencio. Se retiraron, respire y les dije: “¿Seguimos?”. Y seguí…, con un nudo en la garganta, pero seguí. La otra función, que fue la que dio un giro a la obra, fue la N°. 101. Estábamos en Río Gallegos, en la Escuela N°. 1 con un gimnasio calefaccionado haciendo función para más de 300 adolescentes. En un momento de la obra, se presenta un conflicto entre dos personajes, y está pautado que hablo con el público y pregunto de qué manera resolverlo. Cuando pregunté una adolescente de la segunda fila, me mira y me dice que no, mientras que todo el público decía que sí. Esa sola respuesta, que después se las conté a los directores, nos llevó a reformular parte del conflicto de la obra. Y a partir de ahí se cambió el espectáculo en el medio de una gira que hacíamos por el sur. De hecho probamos una segunda versión en la fiesta del estudiante, en el Centro Cultural de la ciudad de Comodoro, que tiene menos duración para colegios secundarios. Todo siempre es positivo si aprendemos a escuchar; creo que esa fue una de las cosas más hermosas que me dio la técnica del clown en el vivo y en directo.

¿Cómo fue el proceso de la puesta en escena y tu relación con Marcos Tesoro y Graciela Pereyra?

Cuando hablo del proceso de Al carajo, siempre digo que fue el crecimiento de una amistad. A Graciela la conozco y trabajo con ella desde hace 18 años; a Marcos lo conocí después. La presencia de los dos en los ensayos y la creación fue superimportante. Por momentos era discutir, por momentos era contener, por momentos era ser confidentes de intimidades, la risa y los mates siempre de por medio. Fue una creación con mucho juego y honestidad. Marcos se focalizó en ayudarme con mi clown y Graciela en ayudarme con la dramaturgia. Así se formó un hermoso equipo de trabajo que también fluyó en las giras.

¿Qué objetivos guiaron la creación del grupo Fusión D&C Teatro Independiente y Del mate sin bizcochos?

Creo que son los objetivos que tienen como inicio cualquier grupo de teatro, hacer, seguir produciendo, seguir creciendo en el aprendizaje y sumar horas de vuelo que te dan los ensayos, el trabajo en grupo y el escenario.