#20BAFICI: A Tiger In Winter

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Dentro de la Competencia Internacional del Bafici, el director coreano Lee Kwang-Kuk nos presenta A Tiger in Winter, una historia de sentimientos encontrados, de emociones cruzadas y de soledades compartidas en medio de una Seúl deshabitada, fría y desangelada. No en vano el invierno del título no solo es la estación en donde transcurre la película, sino el frío que encuentra Kyung Yoo (Lee Jin Wook) en cada una de las acciones que emprende, un frío climático, pero también existencial. Una sensación de inmovilidad que lo va paralizando por dentro. Pero así como nos referimos al invierno del título también podríamos interpretar al tigre como una bestia invisible que, agazapada, pareciera estar observando cada uno de sus movimientos. Una bestia que no ataca precisamente para que él actúe. El peligro está ahí, latente. Y no hablamos de una figura metafórica, sino real, un tigre que se escapó del zoológico y nadie sabe dónde se encuentra. De hecho, en dos oportunidades le piden a Kyung que tenga cuidado con el animal. Es el tipo de peligro que uno sabe que existe, pero que no sabe cuándo ni dónde va a atacarlo.

La historia de Kyung Yoo empieza de la peor manera. En el desayuno —las comidas y bebidas son una constante en todo el film— Gyeong-Yu (Lee Jin-Wook), le informa que debe dejar la casa porque sus padres vienen a visitarla y ellos todavía no blanquearon su relación. Es así que Kyung empieza a deambular por una ciudad ventosa, helada y llevando consigo una valija semi vacía. Es todo su equipaje: un poco de ropa y el libro El Viejo y el Mar de Hemingway. Cuando después del fin de semana decide visitar nuevamente a su novia, no solo se entera de que se mudó del departamento en donde vivía sino que también cambió el número de su celular. Desesperado, termina viviendo en la casa de un amigo que lo recibe como último recurso, con la condición de que sea por poco tiempo, que deje de estar deprimido y que haga algo de su vida.

Busca trabajo en una casa de comidas rápidas y la entrevista parece ir bien, pero cuando le preguntan qué hizo todo este tiempo, Kyung le contesta que estuvo escribiendo una novela. Con esa respuesta ingenua e inocente sella con rojo la posibilidad de que sea tomado en serio. Quizás por aquello de que los escritores viven en un mundo de fantasía y no son capaces de amoldarse a un sistema de horarios y obligaciones.

Al fin consigue un puesto de conductor asignado —aquellos que son contratados para manejar los autos de personas que no se sienten capaces de hacerlo— y el primer cliente es Yoo Jung (Ko Hyun Jung), su ex novia, escritora y flamante ganadora de un importante Premio Literario por su primera novela. Es así que, con su novia desaparecida de la faz de la tierra, Kyung empieza a frecuentarla para atemperar un poco su soledad. Entre conversación y conversación, nos enteramos de que Kyung dejó la escritura por no sentirse capaz ni talentoso y de la lucha que está entablando Yoo Jung para escribir y entregar a los editores su segunda novela.

Kyung Yoo es un escritor que no escribe. Yoo Jung parecería ser una escritora que nunca escribió. Aquí vemos cómo entran en juego las apariencias. Nada es lo que parece. Nadie dice lo que piensa y nadie actúa en consecuencia. Cada uno lleva una máscara que impide sincerarse con el otro. Lo único real en este universo de imposibilidades parece ser el tigre que merodea por los alrededores. Una realidad que nadie ve, pero que cada vez se hace más palpable.

Con un gran manejo de la cámara en cuanto a las tomas de las locaciones, el director logró una obra visualmente muy poética, con detalles que rozan el preciocismo dentro de una bellísima gama policromática de color, todo ayudado por la excelente fotografía de Kim Hyeong Gyu que también nos muestra la Seúl periférica, la de callejones estrechos y deteriorados, como así también la romántica, la de plazas bien cuidadas y prolijas, la de interiores siempre cálidos, acogedores y repletos de libros.

Si bien es una comedia dramática en donde el foco está puesto en la imposibilidad de relacionarse en el presente por historias del pasado que no terminaron de cerrar, también podemos hacer una lectura de los pormenores del proceso creativo. Su gestación, la imposibilidad de terminar una novela por carecer de estímulos, la de triunfar a pesar de no tener talento y cómo, en última instancia, se puede descubrir una nueva oportunidad a partir de un quiebre en la veracidad de las cosas que hasta ese momento se creían ciertas. Porque si A Tiger in Winter es una película, también es un libro. Un libro que empieza a escribir Kyung Yoo cuando se da cuenta que dentro suyo se encuentra la materia prima para llegar a ser un escritor en serio. Es a partir de ese momento que su vida da un vuelco y su suerte parece cambiar. Y lo logra con la mirada penetrante de un tigre, pero no el real, el que lo asustó al lado del río, sino el que se le aparece cuando comienza la génesis de un nuevo libro, una máscara de tigre que oculta un rostro que, aunque no lo veamos, sabemos bien de quién se trata.

Funciones:
Sábado 14, 16.30 hs. Village Recoleta 6
Lunes 16, 22.50 hs. Atlas Belgrano 3