#20BAFICI: Gutland

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Gutland, en alemán la buena tierra. Buena tierra para sembrar, para cosechar, para llevar una vida bucólica. También podría ser sinónimo de algún poblado en medio de la campiña, rodeado de bosques y lagos. Eso sería en definitiva el concepto de gutland. También es el nombre de la tercera película del director luxemburgués Govinda van Maele —Josh (2007) y Müezzin (2009) — y el paradisíaco poblado adonde llega Jens Fauser (Frederick Lau), aunque el director prefiere bautizar a esa buena tierra con un nombre: Schandelsmillen.

A este pueblo llega un personaje por demás extraño. Las primera imágenes lo muestran caminando a través de los sembrados, con un andar cansino pero firme, con un bolso en la mano y —lo sabremos después— en busca de trabajo. Como en todo pueblo chico, rural y apartado, los prejuicios hacia el extranjero son parte de su idiosincrasia. Cuando lo ven llegar, ven llegar un problema. Una molestia. Un elemento perturbador en sus vidas llenas de rutinas y previsibilidad. Por eso el recibimiento que le otorgan es frío y distante. Por el contrario, Jens ve algo distinto: una oportunidad de afincarse, por lo menos por algún tiempo. Pero las cosas no salen como esperaba, no hay trabajo para él. A pesar de eso, decide quedarse en un Festival de música que se celebra esa noche. Ahí conoce a Lucy Loscheller (Vicky Krieps) —a quién ya vimos en la excelente película El Hilo Fantasma (2017) de Paul Thomas Anderson— que lo seduce al punto de llevarlo a su cama. Claro, no tiene nada que perder, ella al ser madre soltera, se considera a sí misma una perdedora; un error que la comunidad acepta a regañadientes y solo porque es hija del alcalde. Al día siguiente Jens se va, pero uno de los integrantes de la comunidad —también director de la orquesta del pueblo— lo va a buscar. Aquí empieza a perfilarse el trasfondo fantástico de la película de van Maele, como si empezáramos a sospechar que nadie puede escapar de ese pueblo. Claro que existe una razón. Como dicta la sentencia: pueblo chico, infierno grande, a nadie se le escapa que Jens y Lucy tuvieron una noche de frenesí puertas adentro. De alguna manera Jens, en ese acto casi ritualizado, selló su destino. Al otro día, le dan un trabajo, casa, sueldo, le regalan una trompeta para que empiece a estudiar música, Lucy lo visita cada vez más seguido al carromato en donde vive y, por si fuese poco, le regala ropa. Nadie le pregunta mucho. Lo quieren con ellos, para ellos, como ellos.

Jens empieza a adaptarse, al principio con cierta desconfianza, pero el trabajo arduo que cada vez se complejiza más por nuevas tareas que le son asignadas, la buena predisposición de Jos Gierens (Marco Lorenzini) que lo trata con suma amabilidad, las tardes que pasa con Lucy a orillas del lago, terminan por hacerlo sucumbir a esa paz pueblerina. Solo una sentencia dicha por Jos, parece que podría cambiarlo todo: “vas a estar bien, siempre y cuando no te acuestes con una mujer casada”. Un consejo que encierra algo tenebroso. Un consejo que solo tendría  significado porque algo en el pasado hizo que ahora lo tenga.

Jens no piensa en eso. Se enamora de Lucy. Entierra el bolso sospechoso en medio del bosque y trata de comenzar una vida nueva. Una trama que tiene reminiscencias a Una Historia Violenta de David Croneberg (2005) en donde Tom Stall (Viggo Mortesen) entierra su pasado delictivo en busca de una vida pueblerina con mujer e hijos. Jens quiere hacer lo mismo. Al enterrar ese bolso, entierra su pasado. Pero las cosas no salen como él quiere. El pasado vuelve. Y vuelve con violencia.

Gutland es una muy buena apuesta del director por mezclar diferentes géneros. Por un lado, es una película que bien podría entrar en la categoría de thriller. Pero también es cierto que, a raíz de una visión premonitoria que tiene Jens cuando se levanta de dormir y ve a Lucy con su hijo en la cocina sirviéndole cereales como si estuviera en una propaganda de los años 50, el film adquiere un clima fantástico. Jens se da cuenta de que está a un paso de la domesticación, entonces corre para escapar de ese pueblo “modelo”, de sus habitantes tan amables y condescendientes, de sus embrujos y —todo hay que decirlo— de las amenazas que infringen a los que no acatan las reglas. Corre por su vida, quiere escaparse de un lugar que esconde más de lo que muestra, de una tierra en donde desaparecen personas sin dejar rastros, de castigos perversos a quienes provoquen disturbios. Pero es atrapado. Aquí es donde se hace más evidente la exploración del director sobre los límites que existen entre la realidad y la fantasía.

Segmentada en cuatro partes en donde cada una de ellas es “presentada” con una sublime toma de los paisajes del lugar, Gutland es una gran metáfora de lo que sucede cuando alguien es absorbido por el sistema. De hecho, el director de orquesta, pasaría a ser el director de la buena tierra, de su armonía, de su tono; el encargado de que nadie desafine. Cada uno de los integrantes de la comunidad tiene asignado un instrumento. Jens, también.

Estrenada en el Festival de Cine de Toronto, el film de van Maele posee una excelente fotografía de Narayan van Maele que le otorga una belleza estética que siempre parece preanunciar algo terrible. La actuación tanto de Frederick Lau —ganador del Premio del Cine Alemán al mejor actor por La Ola— y la enigmática y siempre risueña Vicky Kripes, hacen una dupla perfecta. Una película que bien podría encuadrarse en el género que tan bien se desarrolló en los Estados Unidos: el gótico sureño. El de Faulkner, el de Corman McCarthy, el de Flannery O´Connor, pero atravesado con una sutil cuota fantástica. Una historia asfixiante y claustrofóbica, una prisión de cristal en donde Jens encontró su libertad.

Funciones

Viernes 13, 15.30 hs Village Recoleta 8
Lunes 16, 14.30 hs A. Belgrano 3