#20BAFICI: Agujero Negro

0
1

La influencia estética de Woody Allen es lo suficientemente fuerte como para volverse una referencia inmediata en cuanto vemos en alguna película las marcas de enunciación del cineasta neoyorquino. Basta ver el comienzo de Agujero Negro, película dirigida por el ecuatoriano Diego Araujo que compite en la sección latinoamericana, en donde el protagonista camina por entre la gente y habla de sí mismo en off. La amabilidad diáfana del blanco y negro, el tono de su voz y el gag de jactarse de ser looser, sentencian que estamos ante una comedia y que el protagonista, encarnado por Víctor Arauz, es un escritor neurótico, reacio a las grandes reuniones y al cotilleo intelectual sobre su arte. Calificada por el director como “una comedia romántica existencial”, para llevarla a cabo debió apelar al crowfunding -campaña de recaudación de dinero por Internet- y así poder financiar este proyecto que inició hace cuatro años.

Victor conoce a Marcela en la breve introducción en la que se enamoran y luego la historia avanzará unos años al momento en que Marcela queda embarazada. Mientras ella transita su período prematernal trabajando duro para una agencia publicitaria Victor intenta encerrarse en la suntuosa mansión ubicada en un country que le cedieron sus suegros, a escribir una novela tras el exito de su primera produccion literaria 5 años atrás. Victor quiere realizar una especie de obra iniciática inspirada en El guardian en el centeno, dado que considera que la cultura literaria ecuatoriana carece de una producción de este estilo. Su interesante pretensión no puede concretarse frente al teclado, lo que da pie a el eterno conflicto de la falta de inspiración. El romanticismo ficcional del escritor frustrado no pretende en ningún momento alejarse del estereotipo cinematográfico de esta clase de personajes, aunque los conflictos existenciales que suelen acarrear (y que padece también Víctor) en Agujero Negro no producen tanto pesar en el protagonista: Víctor pasa su tiempo holgazaneando, se fastidia ante las entromisiones cotidianas de su suegra en la casa y encuentra en su vecina la principal distracción, con quien pasa sus tardes mientras su esposa embaraza se desloma trabajando. El rol de la adolescente que vive en la mansión contigua es doble: implica una catástrofe en el mundo moral y ético del protagonista pero por otro lado es la catalizadora de los breves momentos de inspiración, materializados en una sangre (o pintura) densa y espesa que inunda su pecho y sus manos durante el vaivén de las ideas.

La influencia de Woody Allen no se remite únicamente a la composición neurótica del personaje y los giros amorosos del guion sino que también toma el lado oscuro de la biografía del estadounidense: Araujo toma con demasiada liviandad una relación erótica entre un hombre casi cuarentón con una adolescente de 16 años. La peligrosidad de esta relación no tiene que ver con su índole perversa sino con la posibilidad de serle infiel a Marcela, cuestión que termina de zanjarse con la resolución del film. Si pudiera soslayarse esta contingencia enfermiza lo mejor que puede rescatarse de Agujero Negro es la química relacional entre el actor protagonista y Daniele Ropeke (Marcela) que permiten sostener el nivel de entretenimiento de la película.
Funciones:
13 de abril a las 17:30 hs Village Recoleta Sala 7
16 de abril a las 22:50 hs Village Caballito Sala 8