“La cocina y el teatro: rituales para ser consumidos”, José Luis Arias y Alejandra Sánchez

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Después de haber sido estrenada en México en el 2017, El tercer apetito llega a Buenos Aires. José Luis Arias y Alejandra Sánchez son los autores y directores de esta obra que, además, es protagonizada por el propio José Luis.

Un experimentado chef, a quien le han clausurado su restaurant, prepara un libro con todos sus saberes acerca de la cocina. Sin embargo, un exaprendiz le roba sus ideas, y entonces se desata el conflicto. Alejandra y José Luis nos cuentan acerca de esta obra, original desde su génesis hasta la puesta en escena.

¿Cuál fue el camino que los llevó a estrenar El tercer apetito en México y reestrenarla acá en Buenos Aires?

Alejandra: Luego de un largo proceso de creación, pusimos fecha de estreno para hacerlo en Buenos Aires, pero se antepuso una invitación para que José Luis diera talleres en México. Lejos de posponer el estreno, se nos abrió la puerta para hacerlo allí. Al volver, lo natural fue seguir buscando salas para tener funciones. Y seguimos con ese deseo a futuro.

José Luis: Tomar contacto con Rossana Rodríguez Cervantes (escenógrafa mexicana) me abrió la puerta a dar un taller de improvisación en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), donde tramité una residencia artística. Con ese viaje planeado, mi directora, Alejandra Sánchez, me dijo: “Estrenás allá”, a lo que respondí: “Vos te venís conmigo”. Y así cometimos una de las más grandes locuras de nuestra vida: estrenar en Coyoacán (DF), en febrero de 2017. Reestrenamos en Buenos Aires, un par de meses después de lo planeado.

¿Qué relaciones pueden establecerse entre la cocina y el teatro?

Alejandra: Muchas. Ambas son disciplinas artísticas. Ambas apelan a múltiples sentidos para generar placer. Ambas operan con la transformación y la combinación de la materia prima (sustancias y procedimientos); una materia prima esencial: ingredientes/personas. Y proponen un ritual a la hora de ser “consumidos”. Ambas nacen en la más simple y elemental necesidad del ser humano. Y pueden sofisticarse hasta olvidar su naturaleza primordial. Ambas aparecen en los libros de la historia de las culturas de todos los tiempos. En ambas es más importante cada ejecución particular que el texto/receta.

José Luis: Ambos son un invento. Ambos tienen la forma más arriesgada del autor y la chatarra de fácil digestión. Una mala obra y un mal plato de comida dejan un sabor amargo, nos pueden caer mal. Una hermosa obra y un riquísimo plato de comida nos llenan, nos dibujan sonrisas, nos dan satisfacción. En la cocina de una obra, se transpira tanto como en la cocina de un restaurante. El espíritu y el estómago son parecidos: ambos necesitan belleza nutritiva para estar pipones.

¿Cómo fue el proceso de investigación para llegar a esta obra?

Alejandra: Partimos de la figura de un chef, ya que el mundo de la gastronomía había sido uno de los propuestos por José Luis, y que también resuena fuertemente en mí. A la hora de provocar al actor para extraer la palabra genuina para trabajar (en términos de Podolsky, palabra “plena” en oposición a “plana”), la gran cantidad de material que él generaba sin cesar nos mostraba un panorama optimista para seguir por esa ruta de la dramaturgia con las palabras del actor. A eso se le sumaban los trabajos que José Luis traía ya preparados como propuestas y los ejercicios que también yo le proponía. Tuvimos que llamarnos al silencio –ambos tenemos el peligroso vicio de la palabra apasionada en temas de creación–. También hubo mucho trabajo de mesa, de intercambio de lecturas y materiales teóricos que aportaba José Luis sin cesar, de puesta en común de anécdotas y curiosidades. Diversas películas también nos nutrieron. Creo que esta fue la etapa de feliz abundancia. Todo se disfrutaba porque era momento de abrir el abanico y desplegar. Luego vino el de estructurar, muy importante aunque menos placentero. Dejar ir ideas, ocurrencias; limar lo obvio; generar contrastes, ritmos; descubrir qué historia estábamos contando para completarla; y atender a las reglas de la tensión dramática necesaria. Se llegó así al momento de ida y vuelta: del texto a la improvisación y viceversa. Se fue armando entonces un andamio provisorio que fue tomando cuerpo y forma definitiva en el fluir de los ensayos, donde se detectaban vacíos, sobrantes, inconveniencias, fuerzas que competían, etc. Hasta último momento fuimos quitando partes que nos costaba soltar. Casi todos los problemas de construcción se solucionaron quitando. Cuando el texto base estuvo listo, hubo que compaginar los tiempos de las acciones culinarias y los textos: permitir que ambas líneas pudieran convivir en el tiempo real de la obra y de la elaboración de lo que se cocinaba. Y así como en cada función se amasa otro pan, se saltean nuevas verduras y carne de ave, de la misma manera seguimos ajustando detalles, cada función.

José Luis: La sincera admiración mutua me hizo pensar en Alejandra para que me dirigiera en un trabajo unipersonal. Ale venía investigando (talleres de Podolsky mediante) con la dramaturgia del actor afectado. La improvisación fue el combustible principal del trayecto. La propuesta multitemática inicial se fue destilando hasta llegar al mundo de la cocina. Una gran mayoría de textos salieron de la improvisación y luego fueron curados, mejorados y estructurados por la mirada aguda, eficaz y soñadora de una investigadora teatral de la talla de Alejandra; una de las sociedades artísticas más importantes para mí, en 35 años de profesión.

Esto del cruce de dramaturgia, dirección y actuación ¿fue algo pensado desde el comienzo del proyecto o se fue imponiendo a medida que iba tomando forma?

Alejandra: De entrada sabíamos que el que iba a actuar sería Pepe en un unipersonal que yo dirigiría. Y como mi condición fue trabajar en la línea de la creación con las palabras del actor, sabíamos también que la dramaturgia sería compartida. Pero como ambos transitamos todos los roles, sabíamos que lo importante sería aprender a consensuar desde una búsqueda en común.

José Luis: Sabíamos desde un principio que ambos íbamos a poner en juego esos tres oficios (dramaturgia, dirección, actuación) ya que vivimos de ejercerlos.

El tercer apetito también aborda el tema de la escritura, ¿cuánto de lo que muestra la obra se relaciona con la escritura teatral en líneas generales?

Alejandra: Creo que se relaciona con la creación en todas las disciplinas, no solamente en la escritura teatral. El texto muestra las diversas etapas de un proceso creativo: la combinación de elementos ya existentes, que nunca es de cualquier manera; el trabajo duro en la disciplina, las mesetas creativas, las ideas que aparecen inesperadamente cuando se está en situación de crear, lo inexplicable del milagro de la nueva obra. Hasta otros, con menos aura como el robo y la propiedad de las ideas. Si consideramos las relaciones entre nuestro proceso de trabajo y el del personaje, Evaristo, nos encontramos con que él también genera textualidad en la acción concreta de cocinar. Es la manera que tiene de producir palabra fecunda para su libro. Y lo registra en cassettes que son la memoria de lo creado. Mucho de eso hubo en nuestra decisión de poner al actor a trabajar para la dramaturgia, no en la tarea de escritorio sino en el acto de improvisar.

José Luis: Es una creación colectiva de dos miembros. Dos integrantes que supieron potenciarse (sin perder energía en competir) y cosechar textos para luego cocinarlos a fuego lento.

Sala: Tromvarte; Dirección: Pasaje Santa Rosa 5164, Palermo; Informes: 2132 – 9657 / tromvarte@gmail.com

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