“Ojalá que la globalización no nos englobe”, Teresa Usandivaras

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En esta entrevista exclusiva con Teresa Usandivaras, la antropóloga y música cuenta sobre sus experiencias en el África, que le dieron origen a su obra Tu Thula (significa “estar en silencio” en zulú). “El ritual de la pubertad femenina es uno de los ritos más fuertes de los bosquimanos”, asegura. Al preguntarle sobre la situación de nuestros pueblos originarios, ella recalcó: “No solo se los invadió, sino que no se los reconoció.  Que estos pueblos no tuvieran un certificado de propiedad no quiere decir que la tierra no fuese de ellos”.

En Tu thula Teresa combina los cantos de los bosquimanos, con imágenes de sus viajes antropológicos, relatos y su propia voz. La música, formada en el Collegium y en el conservatorio Juan José Castro nos habla de su precoz comienzo como directora coral, sus proyectos con sus conjuntos actuales y el ciclo “La mar en coche” que coordina en la Usina del arte. Nos cuenta en profundidad acerca de la cultura y las costumbres de los pueblos originarios del África que fueron arrinconados y marginados, con quienes tuvo un contacto muy cercano y opina que todos podemos hacer música. La investigadora afirma que los medios de comunicación son clave para preservar la diversidad musical.

En mayo se va a reponer Tu thula  y acaba de salir el libro de Los musiqueros (nombre del conjunto que integra), donde se proponen actividades para los docentes y donde se convocó a especialistas para escribir sobre ciertos géneros musicales.

En las charlas TEDx en español se ha publicado un encuentro con Teresa donde hace participar al público entonando cantos, porque, como ella misma declara, no sólo le gusta cantar sino también, que la gente cante.

¿Cómo empezaste en la dirección coral y qué coros dirigís actualmente?

Mis padres se mudaron a Belgrano, íbamos a un colegio muy chiquito que no tenía profesora de música. Mi primer coro de verdad fue en esa escuela; yo estaba en séptimo grado y dirigía a chicos de séptimo, de sexto y de quinto. Hasta fuimos a la televisión, no tanto por el nivel musical, sino por lo exótico y después de eso, que fueron varios años, llegó una profesora de música al colegio, entonces se cerró el coro mío. Después hice el Cantata y fuga con mi familia, dirigiendo a mis once hermanos. Hoy por hoy soy parte del grupo Los musiqueros, que fundé y del cual soy integrante desde hace 33 años. Tengo otro grupo con el cual hacemos música latinoamericana: Teresa Usandivaras quinteto. Soy directora de dos coros: el de padres y amigos del colegio Pestalozzi y del Sworn.

¿Cómo fue que llegaste a esa especie de maridaje entre antropología y música?

En mi familia terminábamos el colegio y empezábamos la universidad…Elegí antropología. Hice el profesorado de educación musical, hice el curso de dirección coral con Antonio Russo.  Cuando empecé a viajar al África me ofrecieron becas para desarrollar el tema de los bosquimanos en el Conicet, pero me obligaba a dejar la música así que preferí tener como carrera principal la música. Al África estuve viajando durante ocho años, yo siempre digo que estoy muy marcada por el África. Me llamó el director de las expediciones, que era Carlos Valiente Noailles que no era antropólogo, era un abogado. Yo acá hacía viajes con los wichís, con los collas en Jujuy, también por el Amazonas peruano, y esta persona necesitaba un antropólogo. Así empecé. Como antropóloga me especialicé en los grupos bosquimanos gwikwe y ganakwé. Lo que me impactó muchísimo de ellos es qué presente estaba la música en su vida cotidiana. Como no hay especialización, no hay una división entre los que cantan, los que tocan y el resto…todos cantan, bailan y todos tocan. La música es de todos. Nosotros,  en la cultura occidental, no lo tenemos a eso, tenemos diferenciada la música de quién es. Creo que la música es un medio expresivo que es de todos. No es que todos se van a dedicar profesionalmente, pero cantar, hacer algo que tenga que ver con lo musical, eso es de todos.

¿Fuiste al África específicamente para estudiar los cantos de sus pueblos?

No, yo fui a estudiar la cultura, es lo que se llama hacer un relevamiento cultural. Es un grupo cazador-recolector, había que estudiar cómo cazan, recolectan, la maternidad, los partos, la pubertad, las creencias religiosas, la muerte y aparte de todo eso la música.

¿Y los grababas?

Sí, de hecho en Tu Thula yo pongo al principio unos cantos de ellos que son melismáticos. Lo que hacía era cantar con ellos e improvisar y en Tu thula hago mucha música africana de distintos países; los bosquimanos me sirven como excusa para contar mis viajes, poner algunas canciones que traje del desierto de Kalahari.

¿Y en tus discos qué música podemos encontrar

En Espabílate hago cantos de Latinoamérica y los pueblos originarios.

Viajaste a realizar expediciones antropológicas al interior del país. ¿Cómo comparás esas culturas con las culturas africanas?

Yo estuve acá con los wichís que son los matacos que son un grupo pescador o cazador recolector.  El grupo con el que trabajé en el África,  los bosquimanos, estaba en estado de mucho menos contacto  con el exterior, su cultura tradicional estaba mucho más intacta que lo que estaba acá la de los matacos o wichís. Lamentablemente, cuando estos grupos originarios toman contacto con la cultura o los gobiernos, en general, son los más pobres de los pobres. Son gente nómade, pero que sean nómades no quiere decir que no reconozcan un territorio. Entonces no se les reconoce su cultura como una cultura con un valor, como una más, con el sentido que tiene cada cultura.

¿Cómo ves hoy la situación de los pueblos originarios en el país?

No solo se los invadió, sino que no se los reconoció.  El gran problema para mí de las culturas originarias, no solo de nuestro país sino de Latinoamérica, es que eran grupos que ocupaban un territorio, mucho antes que la legislación de tierras.  Cuando se empieza a legislar tierras, se empieza a dar tierras que ya eran parte de la cultura de un grupo. Que estos pueblos no tuvieran un certificado de propiedad no quiere decir que la tierra no fuese de ellos. Eso es Occidente: la legalidad de la tierra es del que la compra. Es difícil y es un tema delicado, a nivel de gobiernos. Lo que hay que hacer es reconocerles eso y respetarlos. Es problemático desde que se empezó a hacer una legislación de tierras. De golpe los grupos tienen un territorio y de golpe no lo tienen más, unos dicen “pero yo lo compré” y ellos dicen “pero yo lo habite por cientos de años”. Eso pasa en todos lados igual. Hay una falta de reconocimiento de lo que es una cultura, que no es la de Occidente.

¿Qué te pregunta la gente, en los debates que se abren después de Tu thula?

Preguntan cosas muy elementales, sobre las forma de vida de esos pueblos, cómo pueden vivir en un lugar tan árido. La gente pregunta si son monogámicos, si  no tienen jefes cómo es la organización social, cómo es la comunicación, porque yo trabajo con dos intérpretes.

En tus expediciones al África, las condiciones eran muy precarias me imagino…

Hice seis viajes a Kalahari del 82 al 90 donde teníamos una marcación de agua muy de supervivencia…no para tomar pero para higiene sí, te daban un poquito de agua y yo me preguntaba si me las podría arreglar con tan poco y después te arreglabas bien. Con una esponja me acostumbré a lavarme.

¿Cómo ves la relación de estos pueblos con lo sagrado? ¿La música tiene que ver para ellos con lo sagrado?

Lo que pasa es que no podes unificar todos los pueblos, cada pueblo es muy distinto, muy individual en sí mismo. Los bosquimanos creen en la enfermedad que te pueden producir ciertos espíritus. Una forma de curar, que es la más corriente, es que las mujeres cantan canciones para que el chamán caiga en trance, porque se hace alrededor de un fuego a la noche y al caer en trance se conecta con los espíritus y puede detectar la enfermedad. O sea que la música está también vinculada con otros aspectos –no solo con el divertimento– como puede ser con la curación. Y después con respecto a lo religioso, los bosquimanos tienen un dios creador,  pero no es que tiene tanta injerencia en la vida de ellos, no es que tienen una vida religiosa. Ellos lo que dicen es que el dios mandó seca o mandó abundancia, pero no hay una cosa de plegarias como puede haber en otro tipo de culturas. No tienen un aspecto religioso fuerte dentro de lo que es su cultura cotidiana, con rituales y rezos…no lo tienen. Lo religioso queda acotado a reconocer un dios creador y después en la vida, la música está asociada a todo.

¿O sea que ellos cantan en todo tipo de situaciones?

Sí, cuando están contentos, cuando están tristes, para celebrar, para curar. Le cantan a los chicos, hay bailes de rondas donde cantan.

¿Siempre en grupo?

También cantan individualmente. Yo tengo una grabación de una madre y una hija que una noche aparecieron en el campamento y tenían un instrumento muy lindo de cuerdas y ella empezó a cantar y la hija le empezó a hacer una segunda voz. Fue maravilloso ese momento. Hay un canto comunitario pero también puede ser individual.

¿Y vos traducís o cómo accedés a las letras?

Yo grabo canciones y después trabajo con los intérpretes para ver el significado y me he topado con cosas muy divertidas. Tengo que tener acceso a la lengua. Grabo canciones muy lindas, y una me gustó especialmente como para cantar, pero yo no canto en otro idioma si no sé qué es lo que estoy diciendo. Entonces les pregunté a los bosquimanos y se empezaron a reír como locos: estaban hablando del miembro del avestruz. El avestruz es un animal muy importante para los bosquimanos, tiene que ver con su mitología, con los cuentos de creación, entonces hablaban del pene del avestruz y yo decía “no puedo cantar esto”…a ellos les parecía natural.

¿Has investigado los mitos de estas culturas?

Sí, tienen los mitos de creación que relatan cómo fue creado el mundo. Este personaje del que yo hablo en Tu Thula… las culturas tienen eso en común. Es un dios travieso y juguetón que está muy involucrado con el hombre y la creación del mundo.

¿Cuándo nace la obra, en qué año fue la primera función?

Nació en el 2015. Tu thula quiere decir “estar en silencio” en zulú y yo creo que es porque estuve mucho tiempo en silencio. Di  una charla que se publicó en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires sobre el ritual de la pubertad femenina. Fue una experiencia única haber podido estar allí porque es uno de los ritos más fuertes de los bosquimanos. Después me contrataban mucho para hablar de los bosquimanos, y yo quería hacer algo para conectar música y antropología y lo hice en esta obra. Lo que hice fue abrir mis diarios de viaje que eran antropología, junté las fotos (me gusta mucho sacar fotos), y vi cómo podía hacer eso con la música. La música africana es muy coral. Si yo quería hacer un unipersonal no podía hacer música coral. Empecé a trabajar con la loopera. Canto y después me voy sobregrabando, eso es la loopera. Esos son loops. En cada espectáculo me voy grabando a mí misma y hago música coral conmigo misma. Tu thula es la conjunción de la parte musical y la antropológica.

¿Es un espectáculo único en la cartelera porteña?

Sí, es único porque está basado en mi experiencia, mis fotos, mis relatos y músicas de distintos lados. No lo había pensado, pero es bastante único.

¿Te parece que nuestra música, el tango nos define como un pueblo más melancólico y reflexivo que celebrador?

El tango es un género más de nuestra música. Yo no pondría al tango como representante. Es una música ciudadana, es nostalgiosa. El folclore nuestro, salvo las chacareras y los carnavalitos, no sé si es nostalgioso pero sí es una música menos extrovertida…el tango sí es música ciudadana y se hizo popular en el resto del mundo, pero no te diría que es de la Argentina; es ciudadana de Buenos Aires. Nosotros hacemos canciones del Norte, de Santiago del Estero, canciones cuyanas, litoraleñas, mapuches, pampeanas.  Es impresionante la diversidad, que tiene que ver con ese país tan extendido que tenemos. Ojalá que la globalización no nos englobe. Y que sigamos teniendo esas maravillosas músicas.

Contame del ciclo que estás dirigiendo en la Usina del arte

Ellos me convocaron en el 2016. Me dijeron que querían hacer algo para chicos que no había. Se pensó el primer año, que fue solamente conciertos de música para chicos, todos los sábados de forma libre y gratuita.  La idea era hacer algo que convocara también a la gente de zona sur,  ahora hay muchos grupos en Berazategui y en Quilmes que están trabajando fuertemente con la música para chicos.  Le puse el nombre “La mar en coche” porque me parecía una expresión que definía lo que es la infancia, lo tradicional. La mar en coche se empezó a instalar muy fuertemente en el 2017, incluimos talleres y otros  vinculados con la plástica. La Usina tiene dos salas lindísimas: la de cámara y el auditorio. Este año la novedad es que lo estoy abriendo a otras artes, vinculadas con niños, títeres o teatro para niños o circo, otras formas de expresión.  Después un sábado por mes hay adultos que cantan para chicos como Fabiana Cantilo o Hilda Lizarazu. La idea es abrirlo para que sea un espacio para la familia, a mí lo que me gusta es que los padres, los abuelos, los tíos abuelos trabajen con los chicos en el taller.

¿Cómo es tu intervención en el Festival de los Siete Lagos, en Bariloche y Villa La Angostura?

Eso lo hago específicamente dos semanas al año, que son muy intensivas, tres horas por día, y preparamos el concierto que damos el 1 de febrero. Son chicos de diez a dieciocho que ya conozco de hace seis años, eso es muy lindo. Con una base de la Camerata de los Siete Lagos que son chicos de 18 a 28 años.  Este año fue toda música argentina y el concierto se llamó El viaje de Luca.

Los chicos tienen esto lúdico que después se va perdiendo, ¿no?

Hay adultos que siguen teniendo la posibilidad de jugar a pesar de ser adultos pero hay un corte, por ahí no te sentás en un arenero a jugar, pero hay muchas formas de jugar.

¿Cómo ves la música masiva?¿ Lo ves como algo positivo estas figuras que surgen y los adolescentes idolatran o te parece que esta cultura masiva está invadiendo las otras culturas, la popular y  la clásica, que se dejan de conocer?

La clave son los medios de comunicación. Aparece alguien que viene con un aparato publicitario fenomenal y es difícil que no lo escuche todo el mundo. Yo en ese sentido defiendo la diversidad, creo que está bueno que no haya cosas que tapen a otras, que haya posibilidades. Por eso para mí es tan importante la radio, para difundir los pequeños lechos culturales… porque si no es así ¿cómo los conoces?