Diane Arbus: “Hay un poder que emana de la cámara”

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Diane Arbus fue una fotógrafa norteamericana. Durante la década de los sesenta, la más productiva de su carrera, recorrió los peligrosos barrios marginales de Nueva York para seleccionar a los personajes que retrataba, entre los que se encontraban enanos, gigantes, criaturas raras, nudistas, streepers, travestis y prostitutas. Comenzó, entonces, a ser conocida como la “fotógrafa de los freaks”.

En el aniversario de su nacimiento la recordamos a través de sus fotos y de sus reflexiones acerca de la fotografía.

“Todo el mundo tiene el deseo de querer dar de sí cierta imagen, pero es otra muy distinta la que aparece y ven los demás. Ustedes ven a alguien por la calle y lo que advierten esencialmente en esa persona es el defecto. Ya es extraordinario que cada uno de nosotros tengamos nuestras particularidades, y no contentos con las que se nos han dado, nos creamos otras. Nuestra conducta es una señal que damos al mundo para que se nos mire de cierta manera, pero hay un universo entre lo que uno quiere que la gente piense y lo que uno no puede impedirle. Es fantástico que parezcamos lo que parecemos, y eso es lo que surge a veces muy claramente en una fotografía”.

“Es difícil decirle a alguien: ‘Quiero ir a su casa y conocer la historia de su vida’. Seguro que me contestaría: ‘Usted está loca’. Y además se pondría muy en guardia. Pero la cámara es una especie de pasaporte. A muchos les gusta que uno se interese por ellos y ese medio les atrae”.

“Lo que más me gusta es ir donde nunca estuve antes. Para mí hay algo en el solo hecho de ir a la casa de otro. Cuando se acerca el momento, siento como si fuera a una cita a ciegas. A veces entro en pánico: ‘¡Dios mío!  ¡Ya es la hora! No tengo ganas de ir’. Después, una vez que estoy en el camino, me invade una sensación fantástica, por lo extraño de la situación y por la ausencia de algún truco para controlarla”.

“Lo que es importante saber es que nunca se sabe nada. Hacemos nuestro camino a tientas. Algo que me impactó desde el principio es que uno no pone en una fotografía lo que va a salir o viceversa, lo que sale no es lo que uno ha puesto. Nunca tomé la foto que tenía la intención de tomar. Siempre fueron mejores o peores”.

“Trato de describir la imposibilidad de salirse de la propia piel para entrar en la de otro. La tragedia de los otros no es la misma que la de uno”.

“Nunca tengo miedo cuando miro por el visor. Si una persona avanzara hacia mí con un revolver, yo mantendría los ojos pegados al visor y sería invulnerable. Simplemente me parecería apasionante. Dios sabe que cuando las tropas empiezan a avanzar, uno siente pánico y comprende perfectamente que lo pueden matar. Pero hay un poder que emana de la cámara. En ese objeto que uno lleva hay cierta magia que los inmoviliza de algún modo”.