Paraty, Lukas Bärfuss

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Una pareja discute acerca de quién cuidará a su hija de siete años durante el próximo fin de semana, y en esa discusión se traduce la imposibilidad de pensar más allá de los propios deseos.

Vera y Miguel transitan el final de su matrimonio, viven separados y tienen un acuerdo para compartir la tenencia de su hija. El problema surge cuando un fin de semana Miguel no puede hacerse cargo de su compromiso porque viaja a un congreso médico muy importante para su carrera; Vera, tampoco porque tiene planeado viajar a Paraty con su nuevo novio y, como broche de oro, la niñera se enferma. En apariencia, ninguno puede ceder o, mejor dicho, ninguno quiere ceder la porción de poder que le toca en esta discusión. Lo que no ven es que, en realidad, la única perjudicada es la nena que termina quedándose a cargo de un adolescente que evidentemente no está capacitado para cuidarla.

Con relación a lo anterior, no es casual la intertextualidad con la novela Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren, en la cual los adultos aparecen poco y, cuando lo hacen, quedan muy mal parados. Entonces, Pippi resuelve el abandono dando rienda suelta a su imaginación. La hija de Vera y Miguel no aparece en escena, salvo como una voz que nos remite al personaje de la novela y que termina dándole a la obra un gran dramatismo.

En cuanto a puesta, Paraty se divide en diferentes escenas que nos permiten ir ahondando en la psicología de los personajes, especialmente en su ceguera para ver la inminencia de la tragedia que se avecina. Sin embargo, hay algunas diferencias entre ambos padres, y estas se traducen no solo en sus actitudes y en sus diálogos, sino también en su vestimenta. Vera pasa de ser una mujer elegante, con su ropa impecable y sus tacos altos, a ser una mamá desesperada de calzas y zapatillas. En cambio, Miguel nunca deja su papel de profesional bien vestido, no pierde la calma, no se desespera, pero en el fondo, eso no hace más que traducir su egoísmo. Ale, el adolescente de 19 años que se hace cargo de la hija, es un presonaje ambiguo, por momentos siniestro, aunque de alguna manera es el único capaz de ver la desprotección en la que se encuentra la nena.

Muy buenas las actuaciones de Carla Pantanali, Pablo Caramelo y Julián Infantino. Los tres componen personajes bien diferenciados que no prestan ninguna atención a los indicios que les advierten lo que va a pasar. “Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones”, dice Jorge Luis Borges en “El sur”, y esta cita podría ser una síntesis de lo que ocurre en Paraty.

Paraty de Lukas Bärfuss, traducida por Cecilia Bassano, fue estrenada por primera vez en el Centro Cultural San Martín y, en esta oportunidad, está acompañada de una exposición de fotos sobre la misma obra con la curaduría de Máximo Parpagnoli. Los fotógrafos que participan de la muestra son Andrea Mara Alcalde, Aldo Rizzi, Guillermo Jauregui, Fabio Saltarelli, Tomás Ibarra y Daniel Rodríguez.

Ficha Técnica artístico-técnica

Autoría: Lukas Bärfuss (Traducción y adaptación de “Málaga” por Cecilia Bassano)
Dirección y producción: Cecilia Bassano / Carla Pantanali
Elenco: Carla Pantanali, Pablo Caramelo, Julián Infantino
Asistente de dirección y Community Manager:  Milagros Andaluz
Escenografía: Magali Acha
Asistente de Escenografía: Vanesa Giraldo
Sonido: Carla Pantanali
Vestuario: Emilia Tambutti
Asistente de vestuario: Daniela Samponi
Iluminación: Matías Sendón
Prensa: Octavia Comunicación
Fotografía: Sandra Cartasso

Funciones: miércoles, 21:00 h
Reservas: 4862 0655
Espacio: Mario Bravo 960, CABA
Entrada: $250
Web: El camarín de las Musas