Vita Sackville-West y Virginia Woolf

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Vita Sackville-West (Victoria Mary Sackville-West; 1892-1962) fue una escritora y diseñadora de jardines inglesa. Frecuentó el grupo de Bloomsbury y, en particular, a Virginia Woolf, quien se inspiró en ella para escribir Orlando, una biografía apócrifa de un noble inglés que pasa de siglo a siglo durante cuatrocientos años y en cada pasaje cambia de sexo.

A los diecisiete años, publicó Chatertton, su primer libro de poemas, al que siguieron otros cuatro. Tanto los poemas como su novela Heritage (1919) fueron bien recibidos por la crítica, pero su reconocimiento público vino en 1921 con la novela The Dragon in Shallow Waters.

A los 21 años, Vita se casó con Harold Nicolson, escritor y diplomático, y permanecieron juntos hasta la muerte de ella. Ambos tuvieron una relación abierta en la que cada cual tuvo relaciones homosexuales paralelas con absoluta libertad y sin cuestionamientos de ninguno de los dos lados.

Sin dudas, de todas sus relaciones, la más recordada fue la que Vita mantuvo con Virginia Woolf, quien venía de una pérdida dolorosa, la muerte de Katherine Mansfield en 1923. Ambas, además, mantuvieron una abundante correspondencia.

Compartimos dos de estas cartas.

Carta de Vita Sackville-West a Virginia Wolf

Estoy reducida a un objeto que quiere a Virginia. Te escribí una carta hermosa en las horas de insomnia de pesadilla de la noche, y todo se ha ido: te extraño, en una manera humana, desesperada y bastante sencilla. Tú, con todas tus cartas sin boberías, nunca escribirías una frase tan elemental como esa; quizás ni siquiera lo sientes. Y aún más, creo que sientes un pequeño hueco. Pero lo vestirías en tan exquisita forma la frase que perdería un poco de su realidad. Mientras que conmigo es bastante absoluto: yo te extraño aún más de lo que podría haber creído; y estaba preparada para extrañarte mucho. Así que esta carta es apenas una protesta de dolor realmente. Es increíble cuán esencial para mí has llegado a ser. Supongo que estás acostumbrada a personas que dicen estas cosas. Maldita seas, criatura consentida; yo no haré que me ames nada más alejándome como ahora –pero, ah mi querida, yo no puedo ser astuta y reservado contigo: te quiero demasiado para eso. Demasiado sinceramente. No tienes la menor idea cuán reservada yo puedo ser con personas que yo no adoro. Lo he convertido en una de las bellas artes. Pero has roto mis defensas. Y yo no lo resiento realmente–.

Sin embargo no te aburriré con más.

Hemos arrancado de nuevo, y el tren se sacude otra vez. Tendré que escribir en las estaciones –que afortunadamente son muchas a través de la llanura de Lombard–.

Venecia

Las estaciones eran muchas, pero yo no negocié el Oriente Express para parar en ellas. Y aquí estamos en Venecia durante diez minutos sólo –un tiempo despreciable para tratar de escribir–. Sin tiempo de comprar un sello italiano aún, así que esto tendrá que salir desde Trieste.

Las cataratas en Suiza se congelaron en sólidas cortinas iridiscentes de hielo, colgando sobre la piedra; tan encantador. E Italia todo cubierta de la nieve.

Arrancamos otra vez. Tendré que esperar hasta Trieste mañana por la mañana. Perdóname por favor por escribir una carta tan miserable.

V.

Carta de Virginia Wolf a Vita Sackville-West

6 de marzo de 1927

Este año me pareces más inalcanzable, empolvada, con las piernas más blancas, más galante y aventurera que nunca. Me echo en la cama e invento historias sobre ti. Envíame un montón de hechos: ya sabes cómo los amo… He tenido una semana aburrida. Ninguna fiesta salvo una, ofrecida por L. para seducirme y obligarme a gustar de un rosado muchacho suyo –uno nuevo, claro– pero fue inútil, estos sodomitas siempre están medio dormidos y resultan fatigosos. ¿Es que agotan su encanto en narices y cosas así?

Han surgido dos mujeres extrañas: una de ellas es una mala cantante, que me pide vaya a verla en la cama, ¿lo haré? La otra ¡qué importa! Yo quiero a Vita; quiero al insecto, al crepúsculo. Dejo ésta abierta a la espera de las tuyas. Ninguna. Ahora debo terminar esta carta. Y no he dicho mucho de nada ni te he dado una idea de las altísimas y aterradoras olas y los profundos pozos infernales a los que asciendo y desciendo en pocos días. Como todos. Subimos y bajamos violenta, incesantemente, y me siento algo avergonzada, ahora que trato de escribirlo, de ver qué minúsculo egoísmo hay en el fondo de todo eso, por lo menos en mi caso: que no puedo escribir mi novela, que debo salir a tomar el té, que tendría que comprar un sombrero. Ah, pero también está Vita. Quererla no es un egoísmo minúsculo.

 ¿Sabes que esta mañana sufrí un verdadero golpe de decepción? Estaba segura de que tendría una carta tuya, la abrí, y en su lugar encontré la carta de una mujer que hace diez años se sentó frente a mí en un ómnibus azul y que ahora quiere venir a hacer un busto mío. Pero la adulación implícita me enfadó tanto, que otra vez estuve maldiciendo: no hay intimidad, siempre hay gente que viene y no hay carta tuya. ¿Por qué no? Sólo una nota y un gemido salvaje y melancólico a lo lejos. Y tampoco ninguna fotografía.

Adiós, queridísima criatura lanuda.Es increíble lo esencial que te has vuelto para mí… Maldita seas, criatura mimada. No conseguiré que me ames más traicionándome así.