“Conejo blanco, conejo rojo: un ejercicio teatral inmenso”, entrevista a Claudio Tolcachir

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El lunes pasado comenzó Conejo blanco, conejo rojo, del dramaturgo iraní Nassim Soleimanpour, una obra en la que los artistas convocados tienen que respetar reglas muy estrictas: evitar la tentación de investigar sobre la obra o sobre el autor; no ver ninguna función previa; no preguntar detalles de la experiencia. Al público también se le solicita no difundir nada de lo que viven en el transcurso de la función.

La obra tiene, además, una dinámica especial, ya que no requiere ser ensayada ni dirigida. Una sola actriz o un solo actor diferente por función recibe un guion en un sobre cerrado y sellado, cuyo contenido conoce recién en el momento de abrir el sobre en el escenario.

El primero que subió a escena fue Claudio Tolcachir con quien conversamos acerca de esta experiencia diferente.

¿Cómo fuiste convocado?

Esta experiencia llegó a través de amigos, en particular de una productora mexicana, y sentimos que era una propuesta supertractiva, excitante, difícil, desafiante, todo eso a la vez. Nos pareció que Timbre 4 era un lugar especial para una experiencia que es teatral, pero que a la vez necesita cierta intimidad  y que también tiene un público que disfruta de una experiencia diferente. Nos pareció un riesgo grande por ser algo nuevo y desconocido, pero al mismo tiempo valioso para seguir aportando ideas nuevas al teatro en Buenos Aires.

¿Qué te atrajo de la propuesta?

Me atrajeron muchas cosas. Desde lo teatral, poner en duda ciertas reglas instauradas del teatro: una obra ensayada, el público que viene a ver algo terminado. El hecho de que la experiencia del actor y del público ocurra al mismo tiempo pone en jaque ciertas convenciones, y eso siempre es interesante. Me atrajo también la posibilidad de que participen en Timbre determinados actores que de otra manera sería complejo tenerlos en nuestra casa; y eso es algo que muchos también nos transmiten: su deseo de estar en este teatro. Nos parecía muy lindo tener visitas de actores, de músicos, de periodistas y, al mismo tiempo, esto incluye un público que se suma. Y, por supuesto, al público de Timbre le estamos ofreciendo algo nuevo. Pero otra cosa que me interesó, sin haber leído la obra,  es saber que le estábamos poniendo voz a alguien que no estaba pudiendo salir de su país, poniéndole voz a alguien que necesita a través de su escritura tener una voz expresada fuera de su territorio. Eso me parece que le da al hecho artístico un valor inmenso.

Además de Claudio, Daniel Hendler, Julieta Venegas, Verónica Llinás, Darío Sztajnszrajber, Dolores Fonzi, Rafael Ferro y Julieta Cardinali son algunos de las personalidades confirmadas para ser parte de la obra.

¿Cuánto sabías de esta experiencia en otros países?

Sabía lo básico porque, como tenía que leer, quería cumplir con las reglas. Me parecía alucinante eso de no tener idea acerca de qué iba a leer, qué iba a tener que hacer. Sí sabía del sistema: que se hizo en lugares más pequeños, en lugares más grandes, que se hizo en miles de ciudades, y el origen de esta obra y de su sentido. Y sabía que era muy atractivo, pero cumplí con las reglas de no estar enterado, y creo que fue una buena decisión porque la experiencia que viví fue maravillosa.

Ahora que terminó tu presentación, contanos algo de lo que pasó en escena.

Mirá, haberla hecho fue alucinante. Lo pensaba mientras lo hacía: qué suerte tengo de estar viviendo esta experiencia, porque no es solo hacer una obra; es la adrenalina que sentís junto con la del público. Es una obra muy profunda pero tremendamente divertida. Lo que sucede con la gente, lo que sucede en el escenario, lo que sucede con vos al ir descubriendo las instrucciones que el autor te va dando a través del texto son momentos muy emocionantes en los que le estás poniendo voz a alguien que no la tiene. Soy muy feliz de haberla vivido, y haber inaugurado la legión de actores y de personajes que van a hacerla. Tenía muchos nervios; me daba miedo el abismo, el hecho de no saber por dónde iba a ir; si era algo superdramático, si era algo intelectual. Y al final era todo, pero especialmente es un ejercicio teatral inmenso, y un juego intelectual, emocional y lúdico que no tiene desperdicio. No hay un solo momento que no sea atrapante, interesante y conmocionante.

El  autor iraní, residente en Berlín, escribió este texto hace siete años cuando por orden judicial no podía salir de su país tras haberse negado a hacer el servicio militar obligatorio. Ante la prohibición de salir de Irán, Nassim Soleimanpour escribió esta obra que viajó por todo el mundo.

¿Vas a ver alguna de las otras funciones?

Por supuesto. Creo que después de presenciar la experiencia te das cuenta qué interesante que es ver distintas versiones. Así que ahí estaré instalado, primero para recibir a los amigos que vienen y luego para ver cómo cambia la obra según la voz de quién, y eso es un plus de la obra que es superinteresante. Considero que la gente que lo vivió va a coincidir conmigo.

Conejo blanco, conejo rojo, fue traducida a 25 idiomas y presentada más de 1000 veces en el mundo. Recorrió festivales como el Summerworks Festival en Canadá, el Fringe Festival en Edimburgo o el London International Festival of Theatre en Inglaterra. En Estados Unidos fue interpretada en el off-broadway por Cynthia Nixon, Alan Cumming, Nathan Lane, Juliet Stevenson, Kevin Spacey, David Morse y Whoopi Goldberg entre otros. En Latinoamérica ya se realizó en Perú, Chile, Colombia y en la Teatrería de México.

Claudio Tolcachir 3 - Conejo blanco, conejo rojo

Conejo blanco, conejo rojo se estrenó el lunes 5 de marzo a las 21 h y sigue por 12 únicas funciones en TIMBRe4, México 3554.

Entradas disponibles en www.timbre4.com y en Alternativa Teatral