El periodismo como pasión y compromiso, Ryszard Kapušciñski

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Ryszard Kapušciñski (1932-2007) fue un periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta. Desde 1962, combinó sus colaboraciones periodísticas con la literatura y ejerció como profesor en varias universidades. Además, fue maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada y presidida por Gabriel García Márquez.

Compartimos algunas reflexiones de Kapušciñski sobre el periodismo que vienen muy bien para esta época en la que vivimos.

“La dimensión humanística del periodismo radica en tratar de hacer el mundo más comprensible”

La gente frecuentemente confunde ver con entender. Tal confusión es aprovechada por la televisión para manipular a la gente.  Si en la dictadura funciona la censura, en la democracia se activa la manipulación.  Cuando los medios hablan de sí mismos reemplazan el problema de la sustancia por el de la forma: sustituyen la filosofía  por la técnica. Se le dedica demasiada atención a los asuntos técnicos: a las leyes del mercado, a la competencia, a las innovaciones tecnológicas, a las audiencias… y muy poca a los aspectos humanos.

En definitiva, el problema del mensaje es sustituido por el problema del mensajero. Lamentablemente, como se quejaba McLuhan, el mensajero se convierte en contenido del mensaje.

En la actual era de la información, podemos acumular una enorme cantidad de datos, pero ello no sustituye al pensamiento, a la reflexión o al entendimiento. Más bien al contrario: tenemos tal abundancia de informaciones que nuestra imaginación no sabe cómo procesarlas para mejorar la vida práctica.

El periodismo es parte de la cultura: condensa las características y vive y padece todas las transformaciones de su entorno. El verdadero periodismo es el que se genera a partir del contacto vivo con el pueblo. La dimensión humanística del periodismo radica en tratar de hacer el mundo más comprensible, porque si nos comprendemos somos menos enemigos. Si nos conocemos, estamos cerca el uno del otro.

Nuestra profesión de cronistas, de reporteros, de periodistas, requiere de mucha lectura: es una debilidad  pero a la vez una fortaleza de nuestro quehacer. Sin embargo, la mayoría se preocupa más en cómo escribir y muy poco en qué leer.  En tales menesteres la ayuda de los colegas es indispensable. Debemos ser cazadores furtivos de otros campos: filosofía, sociología, psicología, antropología, literatura… Y profundizar en los temas. Hacerse sabios. Todo ello con el afán de hacer ver al lector.

Hay mucha gente susceptible a la arrogancia.  Y como reportero resulta imprescindible una sincera humildad. Porque lo primero ha de ser el entendimiento frente al otro: el ser humano con todas sus inquietudes y su propio mundo. Como entrevistador no es recomendable la dureza. Mejor crear una atmósfera de confianza. Y la primera señal para encauzar la confianza está en la sonrisa. Lo ideal es abrirse al diálogo pese al tipo de gente. Escuchar al entrevistado y poner de nuestra parte para entenderlo.

Los periodistas lloramos la tragedia reflejándola. Las grandes cifras no impactan. Conmueve más la circunstancia de una muerte, que el dato consignado de 20 o 25 millones de muertos.  La individualización aporta la cara humana y demuestra nuestro respeto a los lastimados por la tragedia.

La diferencia entre la prensa amarillista y la prensa seria radica en la intención. Mientras que la primera explota el drama y las emociones para vender, la segunda tiene un fondo humano y político: despertar conciencias. No hay definiciones precisas. Pero mucho depende de nuestro propio sentido para darle sentido al hecho. Y en tal búsqueda, ética y sensibilidad son fundamentales para decidir.

Una buena parte de los reporteros son muy inquietos y están llenos de preguntas. Y es que en el momento en que se pierde la curiosidad, se deja de ser periodista. Sin ella se muere el fuego interno. El que no sabe tiene más sentido que el que cree que sabe: ello le permite ser más creativo. No saber es una circunstancia natural: no debe darnos pudor. Vivimos en un mundo complicado. Es difícil develar. El público vive igual: un mundo con pocas respuestas.

Cuantas más informaciones, mayor posibilidad de madurar el texto periodístico. No puede iniciarse la escritura sin un previo y concienzudo análisis y una cuidadosa preparación de lo investigado. Entre mayor material, mejor selección. Es necesario pensar en la construcción estructural y en el lenguaje antes de escribir.

La fuerza del trabajo informativo radica en la tensión entre lo que aparece publicado y lo que queda fuera. El reportero ha de actuar como el cantante de ópera: sólo maneja el potencial de su voz. Como la punta del iceberg: se podría dar más, pero únicamente se muestra lo esencial.  Lo que se publica es tan importante como lo que queda excluido.

Fuente de las citas: http://mexicanadecomunicacion.com.mx/rmc/2001/05/01/kapuscinski-el-periodismo-como-pasion-entendimiento-y-aprendizaje/