“Como artista tengo el deber de involucrarme en lo social”, Pilar Ruiz

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De los héroes que no aterrizan en las islas de los cuentos es la tercera obra de Pilar Ruiz como directora –después de En el fondo y Descansa–. La Guerra de Malvinas, el amor, el rock, los años 80 son el punto de partida para abordar lo social que está detrás de todas las obras de la autora.

Charlamos con Pilar después del reestreno en el Beckett Teatro.

Hay una especie de resurgimiento de tema Malvinas, ¿en tu caso, qué fue lo que te interesó mostrar?

Durante años supe que alguna vez escribiría una obra que abordara la temática de Malvinas porque es un hecho histórico de la historia de nuestro país que me inquieta y me conmueve mucho. Elijo escribir sobre cuestiones que, en principio, a mí me movilizan, me inquietan y me generan una necesidad de decir, contar, transmitir y hasta de repensar con el espectador. La Guerra de Malvinas, su contexto político, social y económico siempre me generó eso.

En general es un tema que abordan los hombres, ¿podemos hablar de una mirada femenina en tu obra?

Sí. Creo que ya el hecho de que una mujer escriba sobre la guerra de Malvinas, intentando ponerse en la piel de un excombatiente, impregna la temática una energía femenina. También en la puesta en escena hay una construcción femenina, dado que el equipo creativo, es decir el diseño de espacio (Eliana Itovich), el diseño de luces (Lucía Feijoó) y la dirección en general quedaron bajo las manos y el ojo de tres mujeres.

Además, en la obra no se habla de la Guerra de Malvinas mostrando la guerra, todo lo contrario. Pienso que eso es femenino. Justamente, contar la guerra desde el adentro de una habitación, desde el espacio íntimo de un reencuentro amoroso es un posicionamiento femenino.

¿Cuáles son los subtemas que giran en torno al tema de la guerra?

Pienso que la obra atraviesa también una historia de amor. Además de contar el regreso de un combatiente a su hogar y su desesperado intento de entender un poco su reciente vivencia para poder terminar de llegar, es el intento de reconstruir un vínculo de pareja. Julio y Cecilia (interpretados por Juan Tupac Soler y Verónica Cognioul Hanicq) son amigos desde la niñez y pareja desde la adolescencia; de repente los atraviesa la guerra, los años y el crecimiento de vida que va haciendo cada uno. En ese lugar friccionan, se encuentran y desencuentran. Por otro lado, creo que la obra habla no solo de quienes fueron, sino también habla de la espera de quienes se quedaron acá, con algún familiar yendo a combatir. En la escritura traté de pensar ambos lugares.

¿Qué recorrido como directora sentís que hiciste desde tu primera obra En el fondo?

Un recorrido de mucho aprendizaje, de mucha apuesta y mucho trabajo colectivo. Cada vez afianzo más la convicción de que para hacer arte, y sobre todo artes escénicas, hay que arriesgar, trabajar con absoluta disciplina, pero a la vez mucho disfrute y entregarse al hacer con el otro, al hacer colectivo. El teatro es colectivo, sino no es.

Por otro lado, creo que a lo largo de los años fue creciendo mi mirada como directora, el modo en que empiezo a pensar la escena, el trabajo actoral y la forma en que hago dialogar cada elemento. En esta obra, la tercera después de En el Fondo, creo que tomé más decisiones, dejé menos cosas libradas al azar, logre afirmarme en esto de ser dramaturga y directora de teatro encontrando mi singularidad, profundizando en aquello que voy investigando y me va gustando en relación al hacer.

Tu teatro tiene una impronta social, ¿cómo pensás lo social durante tu proceso creativo?

Mi teatro tiene una impronta social, porque eso es lo que me interesa. Mi escritura está impregnada de mi vida cotidiana. Escribo sobre aquello que atraviesa mi cuerpo, y mi cuerpo es atravesado por todo aquello que vivimos en este tiempo y espacio con su historia. Me interesa pensar al ser humano con su lado más bello y su lado más horroroso. El ser humano es un ser imperfecto, por ende construye sistemas imperfectos y desiguales. De esa imperfección me interesa hablar de forma poética, por eso elijo hacerlo a través del teatro. No creo en el arte que no es político (y me detengo a distinguir que cuando hablo de político, no hablo de partidario). De hecho, todo es político, y como artistas hay que hacerse cargo de eso, sobre todo en este tiempo, en el tiempo del vaciamiento cultural, la homogeneización de los medios, la homogeneización discursiva y por ende la construcción de pensamiento. Como artista siento que tengo el deber de involucrarme en lo social, y si es necesario, generar una contracultura.

En el título hablás de las islas de los cuentos, ¿qué lugar ocupa la ironía en esta obra?

La Guerra de Malvinas fue una guerra siniestra y absurda. Se sabía que no podíamos ganarles a los ingleses. La guerra y la manipulación a la sociedad en torno a la guerra fue una gran y dolorosa ironía nacional. No hay ironía en la obra. El título está inspirado en una carta real de Julio Cao, un combatiente caído en la guerra. Él les escribió a sus estudiantes, dado que era maestro de grado, desde Malvinas. Un fragmento de la carta dice: “Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas. Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder…”.

De los héroes que no aterrizan en las islas de los cuentos, jueves, 21 h, Beckett Teatro (Guardia Vieja 3556)

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Foto de portada: Juan Tupac Soler