12 barrancas, Martín Wilson

0
0

Entre todos los libros que se publican, hay una serie de cuentos y novelas que tienen como protagonistas personajes de entre 30 y 40 años en los que la soledad, la frustración y la falta de expectativas definen una especie de subgénero muy de la narrativa de esta época. 12 barrancas de Martín Wilson se inscribe dentro de esta tendencia.

En los siglos XVIII y XIX, la literatura nos presenta términos como spleen, tedio, noia o ennui, entre otros, para dar cuenta de un estado parcialmente diferente de la melancolía. Situado entre la tristeza y el aburrimiento, el tedio se vincula al mal de siglo y a la conciencia de la modernidad. Quizás sin las connotaciones filosóficas y estéticas que tuvo en el pasado, el tedio es uno de los motivos que más se repite en la generación de nuevos narradores. Los personajes de 12 barrancas no escapan a esto: “Las cosas pasan y después se terminan, y eso es todo lo que hay”, dice el protagonista, una especie de eterno adolescente que siente sobre su espalda el peso del paso del tiempo que no le trae demasiados motivos para sentirse mejor. Entonces, hay que refugiarse en el pasado, añorar la infancia, recuperar las anécdotas mínimas que constituyen ese espacio seguro al que siempre podemos volver: “Creo que estoy llegando a un punto de mi vida en el que busco la repetición, como esas vacaciones de la infancia y el lugar al que volvíamos una vez por año, no tan lejos”.

Para escapar de la frustración de cada día, alcanzan momentáneamente la droga, el alcohol, el sexo. Los personajes están solos en sus burbujas, tolerando la vida como pueden. No casualmente, el protagonista vomita en un par de ocasiones porque el vómito es necesario como “limpieza profunda, violenta, obligatoria”.

“¿Alguna vez tuviste la sensación de que el mundo te deja atrás?” podría ser la pregunta que resume la novela, aunque también surge de a ratos cierta esperanza como la que da la posibilidad del amor: “Porque el amor a veces está incómodamente cerca. Ahí, al toque. Y solo tenés que perder la vergüenza y tirarte haciendo la mortal para atrás o tirándote de palito. No importa si caés de espalda. Es solo el paff del ruido contra el agua. Porque en el fondo siempre hay agua”.

Hablábamos de lo autobiográfico como una de las características de este texto y de otros de la misma generación de escritores. Otras constantes son el fuerte anclaje con la realidad, la mezcla de géneros (en el libro conviven la prosa, el verso, la intertextualidad con otros discursos o con otros autores), la construcción en torno a escenas en las que se destaca la descripción por encima de la narración y el final totalmente abierto, como una manera de reproducir el continuo de la vida misma.

12 barrancas es, en síntesis, una narración bien de estos tiempos, los de la modernidad líquida, como la define Zygmunt Bauman.

Ficha técnica

12 barrancas, Martín Wilson, Notanpüan, 2015, 22 págs.