María y los demás en #espanoramas2018

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Si hay algo que tienen de interesante los festivales de cine es ese asomarse a un conjunto de obras de artistas que, de otra manera, no podríamos ver en las pantallas de las grandes salas de cine. Ese cine de autor, intimista, de vanguardia, innovador inyecta con savia un arte que, si bien se nutre de las otras seis, necesita de la maestría de grandes directores, de excelsos actores y actrices para llevarlo a cabo, para que nos conmueva, nos interpele, nos provoque y nos deje en un estado de plena conversión. Esto viene a cuento a raíz de la Semana del Cine Español que se está llevando a cabo en la sala Gaumont, en pleno centro porteño. Organizado por la Embajada de España en Argentina y el Centro Cultural de España en Buenos Aires esta es la 4ta. Muestra que se lleva a cabo en nuestro país, y bienvenido sea.

Luego de una premiere en donde se pudo ver el documental Muchos hijos, un mono y un castillo de Gustavo Salmerón y la primera proyección de Análisis de sangre azul de Gabriel Velázquez y Blanca Torres, le llegó el turno a la ópera prima de Nely Reguera, una excelente comedia dramática en donde María es la voz y figura excluyente de toda la película. No en vano la obra de esta directora, graduada en la Escuela Superior de Cine de Cataluña, se llama María (y los demás), así, entre paréntesis, como para dejar en claro que aquí lo que más importa es el crecimiento a la fuerza que sostiene María (Bárbara Lennie) en los días posteriores a la noticia menos esperada de su vida. Los demás, como un gran coro griego, son las voces que van a cuestionar, presionar y advertir en el difícil camino hacia la autosuperación de una mujer que lo tiene todo menos independencia aunque, claro, eso no es motivo de alarma para ella. Pero vayamos al contexto.

La María del título tiene treinta y cinco años y vive con su padre desde que su madre murió, de esto hace veinte años. Vive una vida tranquila, atendiendo a su padre que sufre algunas dolencias. Estuvo internado algunos días, pero no fue nada grave. María está allí para ayudarlo en todo lo que necesite, desde prepararle la comida que más le gusta, hasta sacársela de cuajo si eso le afecta a la salud. Una idílica vida entre padre e hija. Sus hermanos viven sus vidas lejos de ese pequeño entorno familiar trunco, uno trabaja como chef en Inglaterra, el otro vive felizmente casado y a la espera de un hijo. María, por su parte trabaja en una librería —que a la vez es sello editorial—, hace las presentaciones de autores que a ella misma no termina de gustarle, escribe una novela y tiene un novio músico —separado y con dos hijas pequeñas— que visita cada tanto solo para pasar unos buenos momentos de intimidad. Nada hay que perturbe su paz doméstica, y quizás esa especie de letargo le impida terminar de una buena vez la novela que, bromas de sus hermanos mediante, lleva escribiendo desde que dejó la secundaria.

Nada nuevo bajo el sol, dirían los lugares comunes. Ni siquiera el festejo del cumpleaños de su padre, recién salido del hospital, supondría más que una buena reunión de hermanos y cuñadas. Un gran momento para reencontrarse. Su hermano Jorge (Pablo Derqui) y su novia inglesa (Aixa Villagrán) vienen desde las frías tierras del Imperio Británico para ese esperado reencuentro. Por el otro lado Toni (Vito Sanz) lo hace con Julia (Rocío León) quien está embarazada. Esta situación, la de un futuro niño en la familia, incomoda más de una vez a su hermano quién, según su tía paterna, no entiende qué está esperando para tener un hijo. Con María no hablan de estos temas tan espinosos, aunque en la secuencia de la playa, uno de sus hermanos la alecciona con un: tú tienes que buscarte un novio. Pareciera que la vida de María —y de miles como ella— tuviera que retrotraerse a la época victoriana para estar acorde con los cánones aún vigentes. A pesar del avance en muchas conquistas sociales y de las infinitas maneras de vivir la vida como a uno le plazca, el ser soltero/a o el estar en pareja y no tener hijos, pareciera ser sinónimo de fracaso.

Hasta aquí todos los personajes que se darán cita en el cumpleaños de Antonio (José Ángel Egido). María, como buena anfitriona de la casa, prepara todo para su familia, claro que hay un detalle que se le escapa. Como en las películas de terror Clase B, aparece de la nada el extraño, el extranjero, el que va a entrar en los terrenos privados de Antonio ante el asombro de Jorge y Toni y la absoluta desesperación de María. El elemento disruptor se llama Cachita (Marina Skell) y es ni más ni menos la flamante novia del padre de estos tres hermanos. Una mujer que Antonio conoció en el hospital, que fue su enfermera y que ahora pretende no solo darle sus medicinas sino acompañarlo para siempre en su apocada viudez.

Después de conocerla, de observarla durante el almuerzo, de verla en actitudes que ella practicaba con su padre tan solo unas horas atrás, María entra en pánico, y aunque trata de disimularlo no puede dejar de pensar que es algo sin importancia. Eso es lo que trata de decirles a sus hermanos cuando van y viene a la cocina a traer cosas y a comentar un episodio que nunca hubieran creído posible. Luego del almuerzo, en que parecía estar todo medianamente controlado, María descubre que las malas noticias todavía no han terminado. Es ahí, con la torta, con los dulces, con el champagne recién abierto, que su padre no solo brinda por su cumpleaños y por tener a todos sus hijos consigo sino que anuncia su casamiento.

De pronto, a María la vida se le presenta como un cúmulo de inseguridades. Y aquí está uno de los aciertos de la película, hacernos sentir que cuando las seguridades se esfuman, todo lo que antes parecían imperceptibles extensiones de nuestra zona de confort, se empiezan a percibir como imprescindibles tablas de salvación. Es así que si antes podían fastidiarle algunas cosas de su novio ahora un mensaje de texto sin respuesta, se vuelve una angustia aplastante.

Si el hogar, como símbolo de nido cálido y reconfortante desaparece, no existe otra cosa que adaptarse a nuevos desafíos o dejarse vencer por la incapacidad de no poder hacerlo. Es el dolor del crecimiento. De todos modos, María ama a su padre de tal manera que si lo que quiere es casarse, está dispuesta a aceptarlo, aún a costa de dejar atrás la casa en la que estuvo viviendo durante toda su vida. Claro que no de una manera dócil y serena. El momento en que se niega a sacar una planta del jardín para demostrarle a Cachita que ella es la que todavía manda en esa casa, o el episodio en que María se aparece con un vestido de novia delante de su futura madrastra que, dicho sea de paso, se estaba probando un traje de novia, son claros mensajes de desafío a un hecho que ya está consumado.

La directora Nely Reguera, nominada por este film a Mejor Dirección Novel en los Premios Goya, ha filmado una excelente película costumbrista, con finos toques de humor y que roza, en más de un sentido, el pasaje de una adolescencia —que cada vez se sitúa más allá de los treinta años— a una madurez no exenta de miedos e inseguridades.

Párrafo aparte merece la extraordinaria labor de Bárbara Lennie en el papel de María, una actriz que carga con todo el peso de la película y que no solo sale airosa, sino que luego de la última escena, cuesta levantarse de la butaca y no poder seguir sus peripecias en ese mundo que se le está desarmando. Sus gestos totalmente naturales nos conmueven y nos divierten. La escena en donde se imagina la presentación de su novela, frente a un auditorio inexistente es una de las mejores secuencias de la película. Verla pasar de la candidez a la pura diversión y de allí al quiebre y al llanto en solo cinco minutos es totalmente conmovedor. Bárbara Lennie está considerada una de las grandes actrices de España y tuvo en su carrera varias nominaciones a los Premios Goya, lauro que ganó en el 2014 con la película Magical Girl (2014) a la Mejor Interpretación Femenina. Con María (y los demás) obtuvo el Premio Feroz en la misma categoría.

María (y los demás) cuenta una trama en donde se reparten la tarea cinco guionistas, con un acabado técnico prolijo y eficaz sobresalen algunos encuadres muy bien logrados. Una gran película que dice mucho más de lo que muestra. Detrás de la dirección y de la memorable actuación de Bárbara Lennie, asoma una premisa básica que es saber contar una buena historia. Parece fácil, pero como en la literatura, no hay nada más complejo que escribir con sencillez.