Entrevistamos a David Arratibel, director de Converso en #espanoramas2018

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Está en Buenos Aires David Arratibel, director de la película Converso que se está exhibiendo en la tradicional muestra de cine español Espanoramas. Lo entrevistamos a propósito de su experiencia con el filme, que se proyectará el sábado 24 de febrero de 2018 a las 20 hs en el cine Gaumont, sede de la movida.

Kekena Corvalán: ¿qué pasó con la película en España?

David Arratibel: Se estrenó finales de septiembre, lo cual es una rareza que un documental pequeño se estrene, porque este tipo de películas se ve en festivales, en cuantos más mejor, es la mayor aspiración, pero en salas, una película hecha con nada, de 60 minutos, que si no dura 90 olvidate, pero bueno, ahí ya hay una enorme sorpresa, que una distribuidora quiera tu película. Es una distribuidora que se llama Márgenes, porque es el cine de los márgenes, es referencial para mí el tipo de cine que distribuyen. Y ellos me decían que lo mandaron a la base de datos que se envía a todos, y se reían explicándome que hay un filtro spam que cuando ponen “documental” se envían directamente a la papelera, y empezaron a pedírsela muchos cines, y finalmente se proyectó en más de 40, con 20 mil espectadores y 80 mil euros de taquilla. Una locura. Ha estado en cines 4 semanas con muchísimo público. Nunca se me hubiera ocurrido. Mi hermana cuando terminamos de filmarla me dijo: prepárate porque nos vamos a hartar de vender DVD´s en parroquias, y ha sido una cosa impresionante de público. En Festivales también, estuvo en Punto de Vista, que para mí es el Festival referencial donde yo me educo la mirada porque es en Pamplona, donde yo vivo, y es uno de los mejores Festivales de cine documental del mundo, y yo ahí me giro la cabeza viendo cines, viendo Los Diarios de Perlov; en ese Festival nació mi pulsión por el cine, y allí se estrenó mi película. Luego estuvimos en Documenta Madrid, en el Festival Alcances,  en Málaga ganamos Mejor Director, en Donosti y en San Sebastián también estuvimos.

De todas maneras, a mí me gusta que esta película llega a todos. Porque los creyentes se conmueven de una manera, se quedan con el testimonio de fé, y yo no entiendo mucho eso, pero me encanta. En Cádiz vinieron de la asociación de apostasía a ver la película, y yo pensé, ¡aquí se arma la de San Quintín!, y nos dieron el Premio del Público. Al ateo, al agnóstico beligerante, no les molesta la película.

KC: La película tiene un claro gesto político que interpela en el sentido pleno de lo político como construcción de lo común…

DA: Sí, plenamente. Jordi Cuesta hizo una crítica preciosa en El País, donde decía que la película era conmovedora desde una voluntad de entender al diferente, de acercarse al otro. Converso tiene las dos acepciones, de conversar y convertirse, pero en una crítica me enteré que hay una tercera que es la de convivir en compañía de otros. Y me gustó mucho, de saberlo hubiera dicho de entrada que era eso. Las conversaciones pendientes, la voluntad, pero también la convivencia.


KC: Vos tenés una película previa que se llama Oirse…

DA: Es una película que trata sobre un trastorno auditivo que son los acufenos, aquí se llama tinitus, yo tengo hace 20 años, es un pitido amigable, y es una película sobre la escucha, el sonido interior, habla mucho del silencio, toma a John Cage y nombra hasta Santa Teresa, se me va de las manos. Es una cosa muy abstracta, fue mi primera película, yo estaba obsesionado con el cine del yo, en primera persona, y estaba en una sala de cine, a oscuras y en silencio esperando que comience una película, con mi sonido interior, y me dije: aquí hay una película. Qué hay más personal que un sonido que escuchas tú y nadie más que tú. Indgué, contacté a un médico no porque buscara un rigor científico, si no porque era muy enriquecedora la experiencia y su mirada, no era muy ortodoxo tampoco, era casi un personaje de David Lynch, con ciervos disecados en el consultorio… un otorrino muy especial, curioso, y de allí salió una película muy marciana, más dura de ver, es sobre el silencio, con una banda de sonido espectacular que hizo Xabier Erkizia, una película que hay que verla con auriculares. A mí me parece que quedó un frankenstein horroroso, porque tenía partes de documental, partes más ficcionales, partes más autorales, más observacionales. Muchos referentes formales están ahi metidos, muchas narrativas. Quizás por eso en el primer festival que ganamos con ella, el jurado dijo que era una “perfecta hibridación de lenguajes”, o sea, un frankenstein. Es una película con la que no tuve nunca ninguna aspiración, y tuvo una aceptación muy importante. Y de allí me puse con Converso.

KC: ¿Cómo repercutió Converso en tu familia?

DA: De manera muy muy muy positiva, porque de ser un tema tabú, que generaba un conflicto irremediable al minuto uno, porque se discutía todos contra mí, la película fue un bálsamo. Hay un punto de inflexión que me han hecho notar los críticos, y es un giro de eje cuando mi hermana me dice: “esta película me ha valido mucho porque por una vez pudimos hablar tú y yo”, ahí me doy cuenta que la película se gira y me interroga a mí. Porque yo los estoy interrogando a ellos, pero aparece una pregunta hacia mí de repente, y es por qué no había tenido los santos cojones de preguntarle a mi hermana qué le había pasado, con todo lo que la quiero. Eso me hizo pensar a mí como persona. Formalmente y narrativamente la película va absorbiéndome a mí, como autor, como cineasta, me va interpelando.

KC: ¿Cómo se concilia esta cosa tan católica familiar con el lado también muy de ustedes de la filiación al comunismo?

DA: En España, lo que fue le final de la dictadura, sobre todo en el País Vasco, Euskal Herria y toda esa zona, hubo una corriente desde la doctrina social de la Iglesia que empezó en las parroquias y luego se convirtió en los movimientos vecinales y de ahí surgió mucho movimiento en la clandestinidad que empezó a aliarse con el Partido Comunista. Y mi madre y mi padre estuvieron ahí. Yo lo tenía olvidado, y la película también ayuda a reecontrarlo. Después pasaron a Comisiones Obreras. Mi hermana y mi cuñado también son más de esta línea, y tiene más sentido ser creyente y tener conciencia social que no tenerla.

KC: la música también es un elemento clave de la peli…

DA: La película tiene dos ejes. Uno que va apareciendo en el montaje, del que sale la polifonía del final que se me ocurre cuando ya estaba terminando, y otro el que tiene que ver con algo que dice mi cuñado al comienzo, sobre el órgano como una metáfora de la Iglesia, que viene del siglo 18, los diferentes tubos son los distintos estamentos y todos se reúnen a través del aire, el espíritu, y todos forman la armonía. A mí me pareció una metáfora muy bonita para pensarnos en lo que somos, desde lo más corporal, desde la voz. Por eso tomo el órgano como elemento constructivo de la peli y en el cierro cantar todos es una manera de buscar armonizar con ellos. Empezamos a discutir y ensayamos el canto también, el Magnum Mysterium además, del canto gregoriano.

El otro eje es esa llamada del principio, un interrogante, una llamada al padre que ha muerto. Y se cierra al final con esa llamada a la hermana de mi padre. Son las dos capas del relato que yo pensé: empieza y se cierra con la música del órgano y con la llamada al padre.

KC: ¿cuáles son tus referentes en el cine de hoy y hacia dónde vas como artista?

DA: David Perlov, Alan Berliner, Jonas Mekas, Naomi Kawase, hay mucho autor que ha indagado en lo que a mí me gusta. Hay un libro fundamental que editó el Festival de Las Palmas que es Cineastas frente al espejo, un libro muy recomendable para lo que es todo este cine de la primera persona, el paradigma de esa cámara que filma al que filma, el objeto filmado detrás de la cámara, este cine del yo.

En España, tengo grandes referentes. José Luis Guérin, por ejemplo. La Academia de las Musas me flipa, es una película fundacional. Me gustan mucho Sergio Oksman y Carlos Muguiro, con Una Historia para los Modlins, son de una profundidad increible. Muguiro es dios en el cine, y es navarro, de mi tierra. Tiene una visión absolutamente mágica de la imagen. Virginia García del Pino es otra cineasta que me gusta. Y Andrés Duque, con Color perro que huye, otra película referencial. Oliver Laxe, es otro contemporáneo que aporta muchísimo a formar un núcleo interesante.

Pero quizás lo que en este momento más loco me tiene, es el cine de Eric Pauwels, desde que ví hace tres años Las Películas Soñadas (Les Films rêvés), donde graba en el jardín de su casa todas las películas que le hubiera gustado grabar. Dorma una trilogía junto con La Segunda Noche (La deuxième nuit), donde filma a su madre muriéndose y Carta de un Cineasta a su Hija (Lettre d’un cinéaste à sa fille). Es de una sensibilidad increible lo que hace, de disociaciones metafóricas entre la imagen y el texto. Ahora estoy trabajando con esto. Y hacia allí voy, a algo más ensayístico. Huyo de la afectación, no me interesa. Pauwels está justo en la línea, y eso quiero explorar.

Ilustra la nota: Foto del director, por José Calderero.