Intemperie, Lorena Suez

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“Las palabras aguardan. / Están abajo, adentro, profundo; y yo tan obligada, tan expuesta”, dicen los primeros versos de Intemperie, un libro en el que la escritura deviene en testimonio de un yo que se va liberando de ataduras.

Renacer, ser dueña de sí misma, salir, es un camino que la protagonista de estos versos recorre en tres momentos que son las tres partes del volumen (La víspera, Intemperie y Pelaje). Todos los poemas narran ese abandono del lugar de mujer criatura del hogar; la que cuida, nutre y provee: “Pronto estarás corriendo / no te apures / casi lo logras / arde todo arde todo arde todo / lo que ya no vas a ser / nunca más”.

A partir de lo anterior, cobra significado el contraste adentro y afuera, lo oculto y la intemperie –lo que está a cielo descubierto, sin techo ni reparo–. De ahí las constantes referencias a elementos de la naturaleza con sus diferentes campos semánticos: el mar (la playa, las olas, los acantilados, los caracoles); las diferentes sensaciones (frío, calor, áspero, reseco); los elementos (tierra, agua, fuego, aire); el paisaje y su clima (árboles, viento, lluvia).  “Intemperie es / picotazos helados sobre la piel  / corroerse los huesos y seguir”, como si el yo desnudo de todo, solo consigo mismo, resurgiera en ese estar sin reparo, sin nada que lo distraiga del camino emprendido.

Hasta acá lo estrictamente temático. Sin embargo, se hace necesario también hablar de la escritura de Lorena: intimista, fragmentaria, profundamente metafórica; poética sin ser hermética;  subjetiva sin ser desbordada; con “la sutileza de las palabras elegidas como joyas”, como dice Karina Macció en el segundo de los epílogos que, junto con el de Virginia Janza son de lectura imperdible.

Siempre insisto en que hay que leer más poesía, y es muy grato poder recomendar un buen libro como Intemperie.

Ficha técnica

Intemperie, Lorena Suez, Viajera Editorial, 2016, 108 págs.