Dunkerque

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Estrenada hace ya varios meses, Dunkerque es una de las cintas que recibió más nominaciones para los premios Oscar 2018: mejor película, director, montaje, fotografía, sonido. La última cinta de Christopher Nolan deja atrás el fantasioso mundo de Batman para adentrarse en una historia verídica, ambientada en la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de lo que en su momento se llamó Operación Dínamo, en la que tropas aliadas  fueron evacuadas de las playas de Dunkerque, Francia. Se trató de un rescate en conjunto de los ejércitos británico, francés y belga. Nolan pone el acento tanto en el punto de vista de los soldados atrapados, esperando el rescate, como en el de los oficiales que deben tomar las difíciles decisiones acerca del orden en que embarcan, como de los rescatistas (tanto de las fuerzas aéreas, como civiles).

Lo más interesante del film es que aborda el mismo suceso desde tres puntos de vista físicos: la tierra, el mar y el aire. En ese juego, un mismo hecho se relata varias veces en diferentes tiempos cinematográficos, dependiendo de a quién corresponda la mirada. Al igual que gran parte de los films basados en hechos reales, la película utiliza el gran marco de un suceso histórico verídico y lo tamiza desde la óptica de todos esos sujetos ignotos para la Historia. Así, un hombre común y corriente se transforma en héroe: esto vale tanto para los soldados (el piloto del Spitfire y también el soldado que trata de huir) como para hombres que por un sentido de patriotismo arriesgan su vida. Para lograr construir este tipo de protagonismo, lamentablemente Nolan recurre al maniqueísmo.

Y es que el cine clásico viene perfeccionando este mecanismo desde su época de oro. Si uno piensa en Casablanca (Michael Curtiz, 1942) podríamos decir que era, en esencia, la misma historia: en un contexto bélico, el sacrificio personal del héroe en pos de la defensa de su patria – y los valores que ésta encarna- conmueven a un espectador ávido de sentimentalismos. Los dispositivos para lograr este objetivo se han perfeccionado: el sonido es más envolvente, la postproducción logra que parezca que estamos allí en carne y hueso…pero la idea es la misma: la guerra tiene sentido.

Desde ese lugar, es un film con una ideología bastante criticable, y acaso por eso mismo, es bastante entendible que a la Academia le resulte fascinante: es una película que defiende los intereses imperialistas de hoy y de siempre, disfrazada de novedad desde la técnica cinematográfica.