“Safo: sacerdotisa, maestra, poeta, amante, hedonista, vampiresa, libertaria”, Daniela Horovitz

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En Leedor, entrevistamos a Daniela Horovitz, cantante, compositora y actriz. El 3 de marzo estrena El dulce amargo un espectáculo donde canta los poemas de Safo de Lesbos, acompañándose con guitarra, lira y piano.

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El encuentro con Safo fue accidental: Daniela encontró un libro con sus poemas en su librería favorita de Corrientes. Fue leer unos pocos versos de la poeta griega y enamorarse de inmediato.

Es muy linda la historia que contás sobre tu llegada a Safo, ¿qué fue eso que te estremeció tanto en ese primer acercamiento a esta autora?

Fue como una puñalada, algo que yo imaginaba y deseaba: “Yo te buscaba y llegaste y has refrescado mi alma que ardía de ausencia”, un pensamiento propio compartido y expresado magistral y contundentemente por Safo. Y a su vez con el paso del tiempo llegué a pensar que eso que yo buscaba era justamente Safo.

¿En qué consiste el tratamiento contemporáneo que le das a poemas que tienen 2600 años?

El tratamiento contemporáneo consiste en musicalizar los poemas de acuerdo a mi contexto social y musical. La música que elegí es música que tiene que ver conmigo y con mi tiempo. No fui a buscar como hubieran podido sonar hipotéticamente esos versos cantados en el tiempo de Safo. Sentía los poemas tan actuales, directos y verdaderos que me resultaba fácil unirlos con la música que tenía en la cabeza y no me parecía algo forzado.

Antes de Safo existía la poesía épica, masculina, heroica, política. La poesía erótica de Safo  descubre un universo femenino, íntimo y personal. En sus poemas habla de la pasión amorosa que irrumpe en el ser humano y se manifiesta en diversas formas.

Utilizás diferentes ritmos para la musicalización, ¿cómo elegiste cada ritmo en relación a cada poema?

Creo que cada poema en un principio me disparó un ritmo, y los últimos los pensé al revés: necesitaba un tango o algo que se asemejara y fui a buscar entre la obra (los fragmentos de obra) lo que podría sonar como tango. Lo mismo con el epitalamio, canción de bodas: yo quería algo alegre (y un poco sarcástico) para imaginar un casamiento donde Safo fuera la cantante de bodas, y así surgió la ranchera de bodas.

En el caso de “La pasión” –poema erótico por antonomasia– (estos títulos no son parte de la obra de Safo, algunos son de los traductores, como este, y el resto mío), me costó bastante porque era un poema muy consolidado, parecía que la música sobraba. Lo sensual estaba muy presente y me resistía; tuvo muchas versiones hasta que llegué a la final, la cual canto a capella, y es un desnudo realmente, el poema se luce con una música que es casi traslúcida.

No existen muchos datos biográficos sobre Safo, y solo se conocen algunos poemas y fragmentos extraídos de citas tardías (tradición indirecta) y de papiros.

En esa combinación de versos de diferentes poemas de Safo, evidentemente hay un recorrido propio, ¿cómo fuiste trabajando esta manera de componer?

Tirándome a la pileta, buscando, probando, a dedo; abriendo un libro y cantando lo que apareciera; o a conciencia, meticulosamente, con la guitarra, con el piano, con la lira, a capella, a los gritos, bajito, susurrando; buscando muchas versiones distintas, cambiando palabras, buscando la mejor combinación posible, comparando, pensando, encomendándome a las musas.

El dulce amargo, canciones de Safo transita desde las canciones y la puesta, las distintas emociones: la pasión, la ira, los celos. Y también la naturaleza, la amistad, lo devocional, y el amor. El “dulce amargo” –“gluku-pikron”, en griego– fue una palabra acuñada por Safo para dar cuenta de ese doble filo del amor.

Si bien toda poesía trabaja la musicalidad, ¿por qué en el caso de esta poeta griega esto es más evidente?

Creo yo que porque nacieron como canciones. Ella cantaba sus versos con la lira u otros instrumentos de la época; no se escribían ni leían, se cantaban, y eso en algún lugar se siente. Más allá de las traducciones, del griego eólico –que era el que se hablaba en la isla de Lesbos–, luego al griego moderno o al inglés, o al español directo, hay algo en la métrica o en el espíritu del poema; o es simplemente que hay una conexión entre su poesía y mi manera de oírla y pensar musicalmente.

¿Qué imagen de Safo se lleva el espectador después de tu espectáculo?

Creo que la gente, los que la conocían de antes y los que no, descubre que Safo pudo haber sido muchas cosas: una sacerdotisa, una maestra, una poeta inigualable, una amante desenfrenada, una hedonista, una vampiresa, una libertaria, pero que en definitiva produjo algo que permaneció vivo por 2600 años, que pudo sobreponerse a los avatares del tiempo y las múltiples censuras por su valor poético. Despierta admiración también el hecho de que una mujer, en un tiempo y en una sociedad tan machistas, como la griega del siglo VII, haya podido decir, cantar, defender su forma de vivir, amar, escribir, enseñar, disfrutar de la vida y la naturaleza desde la más profunda libertad.

En septiembre, el espectáculo viajará a Lesbos, donde fue invitado a participar en el Sappho Women International Festival.

Idea, música original e interpretación: Daniela Horovitz

Textos de canciones y poemas: Safo de Lesbos

Reestreno: sábado 3 de marzo 22:30; Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378

Reservas: www.alternativateatral.com, www.elextranjerroteatro.com