Un argentino en Polonia: Alejandro Genes Radawski y su versión de Lorca

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El pasado 16 de enero, Alejandro Genes Radawski estrenó Dom Bernardy A, en el Teatro Nacional de Polonia (Narodowy Stary Teatr), una versión de La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca.

La obra tiene música en vivo, la iluminación es de un conocido realizador de cine polaco, el vestuario es de estilo gótico, y la escenografía representa una casa invertida jugando con tarimas circulares para crear un espacio polivalente.

¿Cómo llegás a trabajar a Polonia? ¿Es la primera vez que vas?

La primera vez que vine a Cracovia fue en 2015 luego de ganar la beca para escritores polacos que otorga International Visegrad Fund. Ahí me quedé un año. Más allá de ser ciudadano polaco y votar en las elecciones, estoy inmerso en la cultura ya que la Embajada Polaca en Buenos Aires desde el año 2013 me encarga obras de teatro, entre ellas: Scarlett, Ferdydurke, La primera vez, La sombría línea, La clase viva, Los ineludibles escombros de Szymborska.

Llegué a trabajar acá por medio del gran director del Stary Teatr, Marek Mikos. Éll estaba interesado en realizar un festival sobre Lorca, visitó el Instituto Cervantes de Cracovia donde yo suelo dar clases de escritura creativa cuando estoy en Polonia, y así fue que nos conocimos. En una primera instancia, la idea era realizar un ciclo de lecturas dramatizadas, pero luego me ofreció dirigir Lorca y yo elegí Bernarda Alba.

Contanos un poco del teatro donde presentás Dom Bernardy A, el Teatro Nacional de Polonia.

Es el Teatro oficial, uno de los más importantes y prestigiosos del país, y uno de los más antiguos también, del año 1781. Dirigir en nuestro Teatro Nacional es un orgullo, en el mismo lugar que dirigieron los referentes más grandes de nuestro país, como son, Tadeusz Kantor, Jerzy Grotowski, Andrzej Wajda, Krystian Lupa, Jan Klata.

¿Qué características tiene esta adaptación de La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca?

Es una versión para cinco actrices, solo han quedado cinco personajes, y se titula Dom Bernardy A. En la obra conservé a Bernarda Alba, tres hijas (Adela, Angustias y Martirio) y, por supuesto, Poncia, que desde mi punto de vista está más ligada a Yago de Otelo que a la Poncia estereotipo de criada que tiene en el imaginario el común de la gente.

Una de las principales características es el uso de multimedia. En este caso es solo uno de los recursos que uso para fisurar el realismo, con monólogos filmados en público donde las actrices cuentan sus secretos y pensamientos. Es como si todas las actrices por un rato pudieran ser Ricardo III e interpelar a la platea. También hay escenas filmadas que pertenecen o no al texto escrito. Lo multidisciplinario es mi forma de pensar el teatro; entonces ahí es donde entran todos los lenguajes en juego. Para mí los directores de teatro son como artistas plásticos que se sirven de las obras de otros artistas: música, videos, canto, vestuario, luces, maquillaje, texto, escenografía, actores. Y siempre todos deben estar en el mismo nivel.

¿Por qué eligieron a Lorca y a esta obra en particular?

Elegí Bernarda Alba sin dudarlo, sobre todo por lo que representa a nivel mundial esta obra en este momento político y social. De todos modos, el punto de vista que he tomado para contar la obra es la opresión que sufre la mujer ejercida por el sistema patriarcal, en este caso por la madre de la casa, Bernarda, porque así lo aprendió ella, y como sufren las consecuencias todas sus hijas. La obra es una excusa para visibilizar al mal, es mi forma de protesta.

¿Que nos podés contar de tu trabajo como director?

No es muy diferente a otros proyectos. Siempre mi dirección está ligada a trabajar con el cuerpo del actor y no con la palabra, con el teatro de las emociones y no de lo discursivo. Por eso la idea es que las actrices que representan a las hijas actúen la opresión a través de las emociones y no de la palabra, que su cuerpo tiemble ininterrumpidamente de terror por su madre, que tengan su sexualidad censurada a flor de piel, y una angustia tan grande que casi no puedan hablar del pánico que sienten viviendo en esta casa: son mujeres oprimidas que luchan por su libertad. Eso es lo que quise contar, eso fue lo que le transmití a las actrices durante las cinco semanas que tuvimos de ensayos, pero no siempre el director puede lograr lo que quiere, ya que una vez que el público está sentado en la platea y se apaga la luz, la obra es de las actrices.

¿Cómo es la movida teatral en Cracovia comparada con Buenos Aires?

Acá no tenemos la cantidad de teatros ni un circuito independiente tan fuerte y diverso como en Buenos Aires, pero de todas las ciudades de Europa en las que he estado, puedo asegurar que Cracovia es una de las más interesantes en cuanto a lo teatral.

¿Y en cuanto a lo estético?

Eso es bastante similar, y esto va de la mano con mi creencia que no hay una forma única y representativa de cada país; tenemos los mismos problemas acá que en Buenos Aires. Cada vez gana más terreno el teatro de las ideas, ese teatro snob/naif que está ligado a la forma, al “ser cool” y hacerse el moderno, que está más cerca de la lectura dramatizada que del arte.

Claramente hay teatro con el que comulgo y teatro con el que no. El teatro con el que me identifico es el que toma riesgos, que pone las cosas en peligro, el teatro que amenaza; y para eso es necesario alejarse de la literatura y sumergirse en las emociones; trabajar con el cuerpo y no con la palabra.

¿Cómo recibió la crítica tu obra?

Lo de la crítica acá me parece algo sucio; nuestro sistema acá está muy podrido y está todo ligado a lo político. Sé que tenemos unos pobres idiotas que dicen ser periodistas, pero operan de forma artera, sucia y corrupta, ligada directamente a la ideología y a los gobiernos de derecha, a la persecución política, al fascismo, a asesinar mediáticamente al que no pertenece a su círculo, a su ghetto. Pero esto no es nuevo: periodistas corruptos existen desde siempre  porque los medios están corrompidos. En ninguna parte del mundo, existen medios de comunicación independientes, siempre deben responder a intereses políticos y económicos; entonces no me afecta en lo más mínimo, solo siento lástima por ellos. Por suerte, yo trabajo libremente, no trabajo para agradarles a ellos, no les debo nada, hago lo que quiero y opino lo que siento. La persecución política corresponde a las épocas del fascismo más acérrimo, a las épocas de Bernarda Alba, cuando Franco mandó a asesinar a Federico García Lorca. Entonces no lo tomo como algo personal. Creo que les sirvo para exacerbar su odio y su fascismo, y eso me da mucha risa porque quedan desnudos.

Estos pobres periodistas escribieron mal de mí antes del ver mi obra para tratar de predisponer a la gente de mala manera, trataron de desprestigiarme sin conocerme y nunca intentaron contactarse conmigo. Estos cobardes fascistas estaban invitados a ver mi obra el sábado 20 de enero, que era el estreno, pero compraron los tickets por cuenta propia para ir el martes 16 y así poder escribir sus panfletos el 17 y 18. Entiendo muy bien cómo operan los medios de comunicación, sobre todo los que dicen ser independientes o de izquierda, y ocultan un gran martillo en su mano derecha.

GenesFotos: Magdalena Hueckel