Solo una actriz de teatro, en TIMBRe4

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Temporada Alta es el festival de artes escénicas que se celebra en las ciudades de Girona y Salt, en España, durante los meses de octubre, noviembre y diciembre. En Buenos Aires sucede en febrero, en Timbre4. El jueves 1 comenzó la sexta edición que se extenderá hasta el 11 y fue, como siempre, una fiesta.

Timbre4 es un lugar de muy buen teatro, donde se puede comer, tomar clases, bailar y conversar con gente interesante. En la noche de la apertura, todo eso fue posible en cuatro horas.

Solo una actriz de teatro, dirigida por el prestigioso actor, director y docente uruguayo Levón, fue, junto con la obra catalana Pluja de Marc Angelet, la apertura de esta celebración del arte dramático que nuclea producciones de México, Perú, Uruguay, España, Chile, Brasil, Francia y Argentina. Se trata de un unipersonal de una actriz de casi 86 años. Estela Medina se hace inmensa en un escenario en el que no hace falta nada más: una mujer de teatro que abre los surcos de la memoria. Allí, Margarita Xirgu, su maestra, la dueña de las palabras que la hicieron actriz a Medina, como a otros discípulos entre los que estuvieron China Zorrilla y Walter Vidarte. Unipersonal que es casi una tesis sobre el teatro, que transita un arco dramático que va desde el clásico monólogo humorístico dirigido al público hasta la más cruda representación de un fragmento de Bodas de sangre. Una obra clásica en la apertura de un Festival con gusto por lo experimental. Oportuna elección que no olvida que no hay vanguardia sin raíces, sin un profundo conocimiento de la historia.

Margarita Xirgu nació en 1888, fue una actriz catalana exiliada de España en épocas de Franco. Luego de una gira por América que iba a durar seis meses y duró 27 años, se radicó y tomó la nacionalidad uruguaya. Xirgu es recordada por su gran aporte, no solo como directora de obras como Fuenteovejuna, La celestina o Bodas de sangre, sino por su (controvertido y estricto para algunos) modo de enseñar el incomparable oficio de actuar en las salas del emblemático Teatro Solís, de Montevideo, creado en 1856. “Al teatro se falta con certificado de defunción” recuerda e ironiza Medina las palabras de su maestra. “Yo no hablo de las cosas, yo hago cosas” es otra de las frases que Medina pone sobre el escenario en esos ratos en los que le presta el cuerpo a “la Xirgu” y al público se le eriza la piel. “Haga de sus ojos algo nunca visto” es una de los legados que revive y despliega Estela Medina cuando recrea en su cuerpo y el de Xirgu un ensayo de Fuenteovejuna.

En 1949 Margarita Xirgu estrenó El malentendido, de Camus en el Teatro Argentino de Buenos Aires. Al tercer día, las autoridades argentinas prohibieron la obra. Al poco tiempo es nombrada directora de la Escuela Municipal de Arte Dramático de Montevideo, EMAD. Murió veinte años después, durante una cirugía, a los 81 años, en esa misma ciudad, el 25 de abril de 1969.

A Estela Medina se la conoce como la actriz más premiada de la historia del teatro uruguayo, nombrada como “la dama del teatro”, alguien que llega a la sala tres o cuatro horas antes de cada función, pero sobre todo una de las pocas discípulas directas que quedan de Margarita Xirgu.

Solo una actriz de teatro se presentó al público por primera vez en España, en la Feria de San Sebastián, luego fue estrenada en Montevideo y ahora en Buenos Aires. El texto, de Gabriel Calderón, es una armónica composición de clásicos del teatro. Machado, García Lorca, León Felipe, Camus y hasta un diálogo entre Lorca y Margarita Xirgu. Medina deja la vida en el escenario y construye una obra que es un homenaje a su maestra y a sí misma, pero también una clase magistral de teatro, imperdible para estudiantes del oficio. Muy accesible para público en general, que reconocerá versos y se maravillará con la destreza de Medina para habitar la escena durante 70 minutos sin dejar de crecer. Revive los casi cincuenta años que la hicieron actriz. El saldo es la certeza de que el teatro es una vida extra, es erotismo, es la manera de vivir aún cuando no se pueda seguir viviendo.

Foto: Gustavo Castagnello