Swagger en Myfrenchfilmfestival

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Dos largometrajes y dos cortometrajes conforman la categoría Teen Stories en esta edición de MyFrenchFilmFestival, con el añadido de 1:54 en fuera de competición. De este grupo se destaca Swagger, un amable documental que recopila los testimonios de once niños y adolescentes que residen en Aulnay y concurren al mismo instituto. Todos ellos tienen un rasgo en común: ninguno es de origen francés, sino que son todos inmigrantes o descendientes de ellos. La invasión a esa ciudad por parte de foráneos condujo a una emigración de la población francesa, convirtiéndose en un reducto de culturas ajenas, al punto que muchos de los protagonistas no conocen franceses nativos. El grupo, variopinto en edad, etnia, religión, sexo y principalmente personalidad tendrán la libertad de hablar sobre todo.   La política, el amor, la moda, la relación con sus compañeros, sus padres, sus inquietudes, sus miedos o la violencia, y algunos tópicos más singulares de cada uno, estarán en boca de ellos, mediatizados por su cosmovisión y experiencia. Un pequeño defecto: el énfasis en algunos de ellos opaca la voz de otros, quienes no terminan de ser explorados en profundidad.

En los créditos finales se alude a una cita de Sueños de una noche de verano, la que se entiende como la primera vez que se usa convencionalmente el término “swagger”. Con las múltiples erosiones del lenguaje y la flexibilidad particular del inglés swagger ha ido mutando hasta adquirir connotaciones asociadas a la homosexualidad, o más bien metrosexualidad, así como también a la moda, a los consumistas, a la ostentación. Pero en concreto su significado refiere a la actitud de pavonearse o contonearse, exhibirse con cierta arrogancia o soberbia u ostentación. La novedad de la película francesa está en descubrir en qué nivel de la escala swaggera se encuentran los chicos y chicas protagonistas. El primero en aparecer, tomado a través del marco de su ventana en una toma área, es Regís, quien se exhibe con opulencia y alardea de su estilo ante los demás y la cámara; de la misma manera que luego conoceremos a Mariyama quien tartamudea y se avergüenza de pronunciar su propio nombre. Todos cargan con pasados complejos y rudos y están quienes parecieran poder afrontarlo con orgullo y quienes el peso sobre su espalda no les permite levantar la frente para poder mirar a los demás.

Los dictámenes televisivos han tenido como efecto colateral la estilización de la pobreza. Poner frente a cámara al desclasado, al afectado, a la víctima no siempre está motivado por una intención de noble de revelar la verdad aplacada. Son la voz en off del locutor, los zooms al rostro y a las lágrimas y la música melancólica los verdaderos protagonistas de estas operaciones audiovisuales, que en su movida sensacionalista de gestar la lástima (ergo, la bronca) hacia alguien que no tiene voz traicionan la falsa nobleza del mensaje. La intención política detrás de un informe vindicador del pobre (o el discriminado) cercerna la libertad de éste, dado que no es él, con nombre propio, a quien el espectador escucha, sino el subtexto partidista del autor, quien se esconde detrás de esas imágenes e interpela al espectador. El espectador predicará su bronca hacia el político de turno adscribiéndose a las verdades que quiera implantar el autor de ese video o película pero olvidará pronto al afectado, quien seguirá siendo vitrina del periodista o cineasta carroñero.

La gran virtud de Swagger es que sus protagonistas sí tienen voz. Su director Oliver Babinet no los limita a hablar sobre sus penurias y su pasado atroz sino que nos acerca sus miradas sobre temas ordinarios y básicos de la vida. Batiner les da el espacio para que se swageen: tienen rienda suelta para hablar de sí mismos, de poder jactarse de sus gustos, sus virtudes, sus opiniones. La ficcionalización de determinadas escenas relacionadas a algunos de los entrevistados los tiene a ellos mismos como actores y sus entornos como escenario de las situaciones, donde pueden interpretar las acciones (que incluyen desde un desfile en un pasillo escolar hasta un número musical en un galpón a un partido de handball) con su propia impronta.

Swagger es un documental que busca trazar un mapa sociológico del inmigrante desclasado de Francia (que no es solo París o Marsella o Lyon) pero evitando caer en los lugares comunes de la lástima y la condescencia. Con un calculadísimo trabajo de montaje paralelo se crearán falsas continuidades donde las expresiones de unas enriquecerán las palabras de otros, lo que permite dar con escenas cuya picardía resultan reveladoras o cómicas. El resultado es ameno y lúdico, dos conceptos que aunque a algunos les sorprenda pueden ser la llave que garantice la concreción del estudio sociológico que la película se propone.

Leé la programación completa de My French Film Festival en este link.
Leé nuestra crítica de otro film del Festival, Ava.