#Oscar 2018: Lady Bird

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En tiempos de reclamo por un cupo para la presencia de mujeres en Festivales y Nominaciones a premios en los distintos rubros que ejercen las mujeres, la aparición de Lady Bird dirigida por la actriz, guionista Greta Gerwig, recién nominada a mejor film para los Premios Oscar se celebra numéricamente. Efectivamente, en 90 años sólo 5 directoras mujeres fueron nominadas a mejor dirección. Ellas fueron: Lina Wermuller por 7 bellezas; Jane Campion por La lección de piano, Sofía Coppola por Lost in translation; Kathryn Bigelow (única ganadora hasta ahora) por Vivir al límite.

Eso por un lado. Por el otro, Lady Bird viene con un récord bastante curioso: los críticos norteamericanos han coincidido en calificar al film de Gerwig con un 100/100 en las 219 criticas relevadas por la plataforma Rotte Tomatoes. Algo que en la sociedad del consumo está muy bien visto.

Gerwig que se involucra mayormente con peliculas  de bajo presupuesto, para las que EEUU tiene su propio festival: el prestigioso Sundance. Allí tuvo Lady Bird lanzamiento interesante.

Ambientada en el año 2002, en Sacramento, California se trata de un autorretrato de la propia Gerwig. Film de pasaje, de la adolescencia a la adultez, momento en el que se termina el colegio secundario y hay que ingresar a la Universidad. Christine o “Lady Bird” como se hace llamar, vive en una casa que no le gusta, va a un colegio que no le gusta y aspira a ir a una Universidad en la Costa Este a la que hay que postular mediante un préstamo. Su madre es enfermera en un psiquiátrico, y su padre se ha quedado sin trabajo. La relación con la madre, seguramente de lo más logrado de la historia, va en un crescendo de reclamos y peleas. La primera discusión entre ambas sobre la educación que no se puede pagar y la secundaria en la escuela católica privada, cargada de represiones e imposiciones. Todo ese material circula por una película argumentativa, sin demasiadas búsquedas que pongan en peligro la chatura de la que la propia Lady Bird devenida en Christine quiere escapar

Tal vez el combo que conforma esa mirada cruda sobre las penurias económicas de la clase media norteamericana, la desocupación, la homofobia de comienzos de los 2000 y un incipiente feminismo hacen que la película de Gerwig, protagonizada por una estupenda joven actriz llamada Saoirse Ronan quien ya viene con larga trayectoria y dos nominaciones anteriores, esté donde esté.