Fin de fiesta para Santiago a Mil 2018

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Este domingo terminó Santiago a Mil, encuentro de gran proyección internacional que cumplió 25 años. Una oportunidad para pensar las artes escénicas a escala mundial, dado que el Festival ofrece mucho más que espectáculos; es también una oportunidad de encuentro y formación para todos los que aman el teatro.

Leé aquí la cobertura de la primera parte del Festival. 

Las últimas jornadas de Santiago a Mil fueron, en cierto sentido, representativas de todo el evento. Estuvo asegurada la presencia de grandes compañías, como así también la presentación de espectáculos de calle de alto impacto visual y obras de formato más pequeño (nacionales y extranjeras). Se presentó también una coproducción chileno-argentina: Astronautas, de Mariano Tenconi Blanco. Conocido aquí por La fiera (programada unos años atrás), el joven autor y director sigue en la senda de experimentar con géneros (lo hizo con el melodrama en Las lágrimas y el maravilloso en la mencionada La fiera), al mismo tiempo que los vincula a lo macropolítico. Su obra (que contó con las actuaciones de la argentina Claudia Cantero y la chilena Ximena Rivas) narra las peripecias de dos astronautas, quienes arriban a un planeta desconocido luego de que la nave en la que viajan se accidenta. Es 2618 y son tiempos posteriores a la Tercera Guerra Mundial; América Latina ha consolidado su poderío en el desarrollo espacial. En medio de esa situación, estas dos mujeres tendrán que, en primer lugar, construir una comunidad para luego repensar sus identidades en un contexto fundacional. Desde esta perspectiva, la obra –que es de ciencia ficción, pero innegablemente es también una comedia- tiene una lectura política, fortalecida por la voluntad de subvertir y resemantizar la sci-fiction, consolidada mundialmente por los relatos estadounidenses. Astronautas tuvo muy buena repercusión, y además de la labor actoral es muy destacable la creación musical de Ian Shifres, a tono con la imaginería propuesta pero con vuelo propio.

Astronautas, Mariano Tenconi Blanco.
Astronautas, Mariano Tenconi Blanco.

Con gran expectativa se presentó Tala, del creador polaco Krystian Lupa, basada en la novela Holzfällen de Thomas Bernhard. Lupa (que a los 72 años sigue tan activo como treinta años atrás) vino a Santiago con su compañía para proponerle al espectador este arsenal de recursos teatrales, que toma a la polémica novela como fuente y la traduce en escenas grupales, otras más íntimas, monólogos y material audiovisual. Recursos para transitar (cuesta hablar de “contar”) la medianía de un grupo de intelectuales del círculo del propio Bernhard, en reunión luego del suicidio de una actriz que era amiga de todos ellos. Difícil no mencionar la palabra “pesimismo” cuando se habla de Tala. Un pesimismo que los actores transmiten en cuerpo y voz, y que sirve para retratar la tremenda angustia que los corroe luego de haber proyectado una vida que enaltece al arte y a las ideas y, de a poco, se transforma en conformismo burgués. La obra dura casi cinco horas (con intervalo) y, como era de esperarse, muchos espectadores se fueron tras la primera parte. Tala le exige al espectador mucha voluntad y capacidad de poner en constelación cada una de las miradas sobre la vida que por momentos parecen vomitar sus personajes. El director le da una muy especial atención a los silencios y al tempo musical (el Bolero de Ravel le aporta el marco a una de las escenas más impactantes, cerca del final), lo que transforma a Tala en toda una experiencia que vale la pena ser vivida.

Finalmente, Santiago a Mil presentó en el tramo final dos espectáculos chilenos. El Dylan, representante de la joven dramaturgia local, y el consagrado Gemelos, de la compañía Teatrocinema, que se estrenó hace quince años. Basada en la novela El Gran Cuaderno, de Agota Kristof, la obra recupera la estética del cine mudo y del denominado slapstick, pero también la impronta de los films de Jacques Tati. Si bien se nutre de una poética vinculada al teatro infantil, la historia oscila entre la esperanza y la truculencia. En un escenario que remite a la tradición titiritesca, los espectadores asistimos a las vivencias de los gemelos del título, quienes son enviados a vivir al campo con su déspota e insensible abuela. Los temas abordados son el desamparo, la búsqueda del porvenir, la superación de los esquemas de la familia tradicional, el maltrato y abuso infantil, la destrucción que trae la guerra. Gemelos agotó las entradas de todas sus funciones y el público, con toda lógica, la ovacionó.

Gemelos
Gemelos

En las antípodas estéticas de Gemelos está El Dylan, obra que toma elementos del teatro brechtiano para interpelar a la platea, sólo que aquí el tan mentado distanciamiento no opera como un bloqueo del componente afectivo entre el espectador y el drama que se le presenta. Mucho se ha dicho sobre el Caso Zamudio, joven víctima de un asesinato homofóbico. Su muerte (acontecida el 2 de marzo de 2012, en pleno Santiago de Chile) desató un debate que culminó con la sanción de la Ley Antidiscriminación (más conocida por su propio nombre), sancionada por el Presidente Piñera. Este caso fue llevado al cine a en dos oportunidades: Nunca vas a estar solo, ópera prima del cantante Alex Anwandter (pudo verse hace dos años en el Festival de Cine de Mar del Plata) y Jesús, de Fernando Guzzoni. Santiago a Mil presentó incluso una obra de danza-teatro llamada Desprender en el 2015, inspirada en este crimen. Este año, El Dylan (Compañía Teatro la Mala Clase) no volvió al mismo episodio pero sí a uno que tiene fuertes conexiones. En la localidad de La ligua, una joven trans de 26 años fue asesinada a escasas cuadras de su casa. La obra gira en torno a esa muerte y tiene una estructura polifónica, fértil para deconstruir los múltiples discursos heteronormativos que obturan las libertades en las comunidades. Aparece lo íntimo, el discurso periodístico, la mirada vecinal. El texto, de Bosco Gayo, fue llevado a escena por la directora Aliocha de la Sotta, en una interesante comunión que le ha demandado dinamismo y entrega al joven elenco que integra la compañía. Este tipo de espectáculos pone de manifiesto que se están quebrantando las estructuras patriarcales en Chile, sólo que –como sucede en Argentina y en casi todo el mundo- falta mucho por hacer. Bienvenido, entonces, el teatro político, presente siempre en Santiago a Mil.