Filosofía gourmet, Mariano Carou

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El ensayo es un género en sí mismo. Difícil de definir, mezcla ciencia, arte y filosofía en dosis justas, y se lee con un placer similar al que genera un texto literario. Theodor Adorno, que se ocupó de teorizar bastante al respecto, habla de la impureza y de la libertad como dos de sus características de peso. Filosofía gourmet. Apuntes para una gastrosofía ríoplatense resultó ganador del Premio Heterónimos de Ensayo en el 2016, y es muy fácil de entender el porqué de la elección del jurado compuesto por Germán García, Maristella Svampa y Ricardo Coler.

Mariano Carou nos ofrece un texto que habla de lo que comemos los argentinos con humor, incluyendo anécdotas personales, pero también con una impresionante cantidad de citas literarias, filosóficas, y de la cultura y la música popular. Todo esto está “servido” de una manera amena, interesante y, como es la premisa de todo ensayo, con  mucho para pensar a partir de su lectura porque es un género que precisa de los lectores “para que se comprendan sus claves, sus guiños, sus debates, sus obsesiones, sus salvaciones: el ensayo, epifanía de sentido, nos necesita para que se produzca su milagro”, en palabras de Liliana Weinberg.

Luego de explicar el título del libro, Carou habla de nuestros mitos fundacionales o, mejor dicho, de la ausencia de esos mitos y de la necesidad de ir construyendo una identidad que nos defina como argentinos. Por supuesto, como somos lo que comemos, la comida nos define, y serán esas comidas las que irá abordando el autor –platos principales, postres y bebidas– a partir de Franz Kafka, Esteban Echeverría, Martin Heidegger, Platón, Aristóteles, Epicuro, Hélène Cixous, Walt Whitman, los mitos griegos, las leyendas americanas, solo por citar algo de la enorme cantidad de saberes que se ponen en juego en esta obra. A priori, uno podría pensar que tanta erudición torna aburrido el desarrollo del tema, pero nada más alejado de la realidad: el humor, la subjetividad y la coloquialidad de ciertas expresiones ofrecen el tono exacto que nos atrapa desde el comienzo.

Unas líneas más arriba, hablábamos de cómo quedan resonando en el lector los argumentos que se plasman en un ensayo. Precisamente, una prueba de que estamos leyendo uno bueno es que, al cerrar el libro, el debate no termina, y en diálogo con el autor y con el texto sacamos a relucir nuestros propios saberes, sean pocos o muchos. Filosofía gourmet tiene pasajes exquisitos –ya que hablamos de comida–, con unas comparaciones y unas metáforas dignas de un texto literario.

Basten algunos ejemplos a modo de invitación a la lectura: “La trilogía formada por el tenedor, el cuchillo ‘de asado’ y la tabla en la que se corta la carne forman una unidad indisoluble, como la patena y el cáliz en la misa”; el choripán callejero “es la victoria sobre la náusea sartreana de la existencia, las oficinas y la bromatología”; las empanadas “fritas u horneadas metaforizan la eterna puja entre el deber y el placer. Apolo y Dionisos. Estoicos y epicúreos”; “Los psicoanalistas deberían agradecer que las milanesas existen. Son la prueba viviente de que Freud tenía razón. Los abogados también, dicho sea de paso: si hilamos fino, un buen porcentaje de divorcios se debe, en definitiva, a que la mujer no hace las milanesas como las hace mi vieja”; “La pasta nos hace sentir cuidados. Nos retrotrae a la infancia”; y podría citar mucho más sobre el locro, las facturas, el dulce de leche, la comida árabe, el mate, el vino, el fernet… Es que se nota que Carou sabe de lo que habla y le pone pasión, otro de los ingredientes que no deben faltar en un ensayo. Adorno decía, al respecto, que para escribir un ensayo hay que involucrarse con el tema, hay que odiarlo o amarlo: no se puede escribir un ensayo como quien escribe una tesis o una monografía.

Por si fuera poco, Filosofía gourmet trasciende cada plato y nos habla de aquello que está detrás de una mesa: el encuentro, el cariño de quien prepara los alimentos, la amistad, las ganas de una charla franca, lo que sintetiza muy bien este fragmento: “Si comiéramos para alimentarnos, nos bastaría con frascos de variados complejos vitamínicos. Comer, el ritual de comer, es porque sí. Porque nos gusta y porque queremos compartir nuestros días con los que caminan con nosotros”.

Ficha técnica

Filosofía gourmet. Apuntes para una gastrosofía ríoplatense, Mariano Carou, Heterónimos, 2017, 140 págs.