Ava en Myfrenchfilmfestival

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Tras haber competido en la Semana de la Crítica en la última edición del Festival de Cannes y haberse alzado con el premio de la SACD francesa (Sociedad de Autores y Compositores Dramáticos), Ava, el debut cinematográfico de su directora Léa Mysius, podrá verse en el marco del My French Film Festival, como una de las competidoras en la categoría de HIT THE ROAD!

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Aunque hoy pareciera existir un auge de los “coming of age” claro está que no es un género nuevo. Las referencias literarias a este modelo narrativo pueden remitir siglos hacia atrás dado que en el fondo todos parten de la misma premisa: tomando a Demian como exponente del género –aka bildungsroman-, estos relatos se centran el descubrimiento, por parte de un niño/a-adolescente, de un nuevo mundo, del lado oscuro de la vida, que lo es tal no por su turbiedad sino por contraposición a la inocente luminosidad del mundo infantil. El saldo de esa premisa es, entonces, el personaje adolescente que logra conocerse a sí mismo, ergo, encontrar su identidad. Y a pesar de la repetición de la misma propuesta nunca se volverá obsoleto por su constante reformulación. Cambian las décadas, cambia el mundo, cambias los tabúes, las ideologías y de esta manera estas novelas de aprendizaje van incorporando nuevos terrenos para explorar.

El plano general de una playa soleada repleta de gente, cual postal veraniega, da inicio a la película. En medio del gentío algo acapara la atención: un perro negro se desplaza transversalmente por el cuadro. En la música de fondo se cuela una nota siniestra. La cámara individualiza el recorrido del perro hasta que conocemos a Ava, dormida sobre un espigón, sobre cuyo torso hay una bandeja con papas. El perro mastica algunas y se va. Ella se percata y lo sigue hasta que este vuelve a su dueño, quien mantiene una discusión con una pareja –que luego adquirirá relevancia-, con el perro como eje de la pelea. Todos lo filman con sus celulares pero Ava observa la escena con intriga y fascinación. Algo dentro de la luminosidad veraniega sugiere una contracara misteriosa.

A pesar de que su madre le asegura que el verano será estupendo y del clima exuberante que asola la playa, el verano de Ava, en verdad, es profundamente oscuro. Oscura como pronto quedará su visión nocturna a causa de su enfermedad óptica, oscuro como el pelaje del perro que la acercará a Juan, oscuro como el personaje de Juan mismo -no en el sentido literal sino en su representación semántica de lo prohibido- u oscuro como el nuevo mundo hessiano que se empieza abrir paso en el entendimiento de Ava, aunque desde el lugar en que se lo mire puede también ser luminoso, muy luminoso.

Conmocionada por la noción de su ceguera nocturna y por los brutos intentos de su madre de ofrecérsele como una amiga digna de confianza, Ava irá desandando su propio camino. Lejos de ser recto, cada pasaje implica un desvío simbólico pero justamente es eso lo importante: las situaciones que vive no tienen la lógica típica del camino del héroe sino que responden a la frenética e impulsiva búsqueda de emociones. Se pinta y se viste como una india junto con Juan para robarle a los usuarios de una playa nudista, se refugia en el agua para ocultar su desnudez ante los ojos de Juan mientras la corriente del mar se aleja y le descubre el cuerpo, convierte a unos niños en espectadores de su mamá teniendo sexo, de la misma manera que vive otras tantas experiencias estimulantes.

Es este impulso irracional juvenil el que termina hundiendo a la película dentro de cierta confusión narrativa. La directora se alinea tanto a la focalización de la protagonista que pareciera por momentos perder el rumbo y el poder de conducción del relato. Querer y respetar al personaje no implica necesariamente tener que obedecer a su filosofía y mimetizarse con su perspectiva. Percibir de la misma manera que Ava corresponde a observar una realidad distorsionada, lo cual vuelve al espectador víctima de la manipulación de su mente, especialmente en la construcción de los antagonistas.

Discutible o no, disfrutable o no, Mysius es plenamente consciente de esta decisión y la lleva a cabo con frescura y desparpajo. A pesar que el relato va perdiendo fuerza en el último tramo, Ava es una película que merece ser vista por su contundencia y sensibilidad para retratar la psiquis de una niña, que en plena etapa de crecimiento, sufre tantos reveses como para sumirla en una crisis de identidad. Nobleza obliga, Noée Abita (Ava) y también Juan Cano (Juan) cumplen su rol y logran darle vida a cada escena. Si no, todo sería en vano.

Leé aquí la programación completa del Festival online que arranca el 19 de enero, gratuito para Latinoamérica.