Castillo, Pizarnik, Gusmán, Walsh, cuatro autores y una revista

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Solemos asignarles a las revistas un lugar diferente al de los libros: en una mesa, en un revistero, sobre un sillón, todos lugares de paso, como si tuvieran una vida útil efímera, como si leerlas fuera un acto único y pasajero que nos obliga a buscar otra y después otra. Los libros, en cambio, quedan, permanecen en casa, van a la biblioteca, son objetos de culto y nos traen buenos recuerdos. Los inútiles [de siempre] es de esas revistas que rompen con esta diferencia: se instalan allí junto a nuestros preferidos de la literatura y se quedan para ser leídas más de una vez.

Cada tanto se escucha o se lee sobre la vieja discusión acerca de la (in)utilidad del arte, y en este caso de la literatura. En el editorial del primer número, la cita de Isidoro Blainsten  fundamenta  quiénes son los “inútiles de siempre”, los protagonistas: ¿Para qué sirve un poeta? Según el lugar desde dónde se formule la pregunta, para nada. Como dijo Oscar Wilde, todo arte es inútil. Todo poeta es inútil, y para algunos familiares de poetas, todo poeta es un inútil. Pero, o porque, si se formula la pregunta desde otro lugar el poeta trastrueca la familia y los familiares, vuelve útil lo inútil y cuando el viento sopla por los ojos da vuelta la red, la seda de los párpados. Y esos protagonistas son Abelardo Castillo, Alejandra Pizarnik, Luis Gusmán y María Elena Walsh,  a quienes conocemos en profundidad a través de ensayos, historias, análisis, anécdotas, fotografías de archivo y textos inéditos.

Cada uno de estos cuatro números de la revista merecería una reseña aparte. En el número de Castillo, nos encontramos, entre tantas notas, con algunos de sus poemas inéditos, por ejemplo, “Sylvia” que comienza así: Amor amor no cabe en las palabras / saber que estás ahí como si el tiempo / no hubiera transcurrido entre el origen del mundo y esa puerta / como si todo hubiera sido siempre / tu pelo de oro azul sobre mi almohada. O nos enteramos de las palabras de Leopoldo Marechal, Guillermo Martínez, Cristina Piña, Gónzalo Garcés, por mencionar algunos, sobre el autor de Cuentos crueles, el que se pregunta: ¿Elijo la literatura o elijo la acción? Pero la verdad es que para mí, para cualquier escritor, si es un escritor en serio y tiene las ideas claras, su acción es la literatura.

De la Pizarnik, es un lujo la entrevista a Cristina Piña, gran conocedora de la obra de la poeta de la que destaca la perfección de las palabras, una extrema condensación e intensidad (…) una obra que cada día se vuelve más perfecta (…) Alejandra es la poeta, la prosista, la crítica literaria, la pornógrafa en alguna medida, la corresponsal, la diarista. Por eso no nos abandona: siempre hay algo nuevo. Y hay mucho más, por supuesto.

El número dedicado a Gusmán está impregnado de la sencillez del autor de El frasquito, de esa mezcla de intelectual y tipo de barrio, como si te sentaras en la vereda a charlar y comentar sobre los que pasan. Con Luis uno puede estar en una esquina, en un bar o una librería varias horas, y es prácticamente lo  mismo. Es la felicidad de compartir lo inmediato y lo cercano como una lectura más (…) La literatura es más bien el funcionamiento de la lengua todos los días, en palabras de Silvia Hopenhayn.

Con María Elena Walsh nos adentramos en el espacio de la niñez, pero también en la vida de una mujer muy querida y comprometida, como recuerda Liliana Bodoc: Porque, me atrevo a decir, cada estrofa en sus poesías y cada línea en su prosa remiten, artísticamente, a su vigoroso compromiso con la justicia, con el humanismo. La educación y sus “campanas de palo”, la situación de las mujeres, los crímenes contra la libertad, las hipocresías sociales, la imaginación como arma y herramienta son algunos de los temas que, en mi opinión, merecieron un tratamiento reiterado en su trabajo literario. Y aquí vale la pena detenerse a señalar que lo hizo tan pero tan lejos de la diatriba, los sermones y las sentencias.

Los inútiles ahora hace un paréntesis obligada por la crisis y los costos. Una pena que la economía y la cultura vayan por caminos diferentes. Mientras tanto seguimos releyendo cada número y dejamos un lugarcito en la biblioteca con la esperanza de otros más.

Ficha técnica

Director: Sebastián Basualdo; jefe de redacción: Fernando Segal; secretario de redacción: Nicolás Mazia Hendl; diseño y arte: Valeria Furman; redacción: Julián Marchini, Carlos Marré, Mauro Riverol.