Voyeur: el arte de mirar

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El motel del voyeur (editado por Alfaguara) es el resultado del trabajo de investigación de Gay Talese, uno de los periodistas más prestigiosos de Estados Unidos. Cronista minucioso, analista sagaz de la vida íntima del “americano medio”, con toda lógica Talese se sintió intrigado por la historia de Gerald Foos, quien en 1980 le confesó -mediante una carta- que durante años cultivó el vouyerismo, espiando a los eventuales clientes de su motel. Una vez que se produjo el encuentro entre ambos, pasaron años y años de charlas telefónicas y envíos postales. Incluso hubo algunos encuentros cara a cara. Todo ese “ida y vuelta” le permitió al periodista reunir una vasta cantidad de anécdotas sobre quienes estuvieron en el The Manor House Motel.

El documental Voyeur (2017), de Myles Kane y Josh Kouryen, fue incorporado recientemente a la plataforma Netflix. Lo más interesante de este trabajo es la dialéctica que entabla entre el proceso de investigación que llevó a cabo Talese, la presentación de su  libro, y un escándalo que se suscitó luego. Tal escándalo no sólo derribó parte de la credibilidad sobre lo que expresó Foos (personaje de aristas complejas, que deja muchos cabos sueltos en lo que manifiesta), sino que también puso en entredicho el profesionalismo del cronista.

Verdadero dandy neoyorkino, Gay Talese ostenta una carrera brillante, no sólo por su pluma meticulosa sino también por la mirada incisiva que puso en cada uno de sus textos. Referente del denominado “Nuevo periodismo” (del que también formaron parte Truman Capote, Norman Mailer y Tom Wolfe, entre otros), Talese se hizo célebre por su trabajo para el The New York Times y la publicación de textos como Frank Sinatra está resfriado y Retratos y Encuentros, merecedores de miles de lectores y galardones. Con este currículum a cuestas, el documental –en tanto material audiovisual- gana mucho al registrar los momentos que comparte con Foos, representante del americano “común y corriente” que le habla con marcas reverenciales. Al menos, hasta que un dato que surge luego de la publicación del libro desacredita su testimonio sobre las vivencias de aquellos años en los que, rejilla en el techo mediante, observó las más variopintas escenas sexuales de los desprevenidos huéspedes de su motel. Ese hiato en la credibilidad de Foos deviene en una desestabilización del pacto que tácitamente estableció con el aclamado autor, quien deberá repensar sus estrategias periodísticas y discursivas. Desde entonces, el  documental hace foco en el oficio del (¿engañado?) Talese.

Vale la pena aclarar que el libro no pierde valor; sólo quedaría relativizada una parte de él. La gracia con la que el periodista transcribe el anecdotario de Foos se sigue con placidez, y no deja de ser una fotografía de los cambios en la vida sexual de los estadounidenses. El libro hace significativos aportes que dan cuenta, principalmente, de la violencia doméstica, la clandestinidad y los vínculos interraciales en la sociedad norteamericana a través de los años.

Hubiera sido más fácil hacer que Voyeur fuera, ni más ni menos, la transcripción audiovisual de El motel del voyeur. Por suerte no es así; con el correr de su metraje, se transforma en una reflexión entre la ética periodística y la privacidad en el mundo que vivimos. Una reflexión justa que necesita discriminar entre ver/contar y el auténtico arte de saber mirar.