Rudyard Kipling, ante todo un gran cuentista

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Rudyard Kipling (1865-1936) fue un narrador y poeta inglés, considerado uno de los más grandes cuentistas de la lengua inglesa. En 1907 obtuvo el Premio Nobel y en 1926 la medalla de oro de la Royal Society of Literature.

A los veintiún años publicó su primer libro, Departmental Ditties (1866), colección de poemas, y a los veintidós el primer volumen de narraciones, Cuentos simples de las colinas (1887). A partir de entonces, Kipling escribió numerosos libros de relatos  situados en el ambiente de la vida india vista desde la óptica de un inglés. En todos reveló un gran espíritu de observación, capacidad inventiva y una habilidad especial en la descripción de tipos inspirados en la realidad inmediata.

Luego de haber intentado sin demasiado éxito la novela en La luz que se apaga (1891), realizó largos viajes a Estados Unidos, Australia y Sudáfrica. Durante su estadía en Nueva York, compuso varias obras que revelan el influjo americano, en especial el de Jack London, en la exaltación de la vida primitiva y del retorno a la naturaleza: Invenciones varias (1893), El libro de la jungla (1894), El segundo libro de la jungla (1895) y Capitanes intrépidos (1897).

Su poema “Sí…” fue publicado por primera vez en 1910, y su reconocimiento internacional es evidente por el gran número de traducciones, y por la cantidad de versiones y parodias que de él se realizaron.

Sí…

Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la han perdido y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la Voluntad, que les dice: “¡Resistid!”.

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!