A propósito de Valeria González y la Casa del Bicentenario

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Si bien hubo una mala noticia, la desvinculación de Valeria González de la dirección de la Casa del Bicentenerio, este hecho conmovió las raíces de la escena argentina del arte contemporáneo para bien.

Valeria es una intelectual de perfil bajo, difícil de encontrar en las redes y en los medios, tampoco en el lobby del main stream, en inauguraciones o en fiestas. Su trabajo silencioso y constante ha promovido a artistas de distinta generación y procedencia, con una mirada sin prejuicios ni convencionalismos.

Sin embargo artistas, gestores, académicos, profesionales, alumnos, instituciones se unieron en un clamoroso sostén  donde hay que destacar a nuevos funcionarios de esta gestión que le dieron  su apoyo a riesgo de formar parte de listas negras.

Cómo no festejar el hecho de que la adversidad, el desapego, la falta de diálogo no amilanaron el fervor e inspiración de esta mujer tan frágil y tan fuerte a la vez ha despertado en tanta gente de la cultura.

Es que los miembros de esta comunidad consideramos a las instituciones como propias y no a los administradores de turno que  deben ser nuestros servidores. Sería auspicioso que  tuvieran sus mentes, oídos y voluntad dispuestos a escuchar a los hacedores. Las instituciones también son sus directivos y los equipos que forman, si no tienen mística y pasión fracasan.  Aunque tengan presupuesto y vengan muestras enlatadas del primer mundo.

No es verdad que haya muchos lugares oficiales para la circulación del arte contemporáneo, los que existen parecen desplegar proyectos propios muy profesionales, pero de difícil acceso. Cabría también preguntarse dónde se entrenarán los nuevos curadores, dónde se exhibirán los trabajos de los nuevos investigadores de arte argentino, donde experimentarán los nuevos montajistas, los jóvenes educadores. Donde expondrán artistas emergentes que no solo son los jóvenes.

Ya no nos ayudan los sponsors de países europeos diezmados culturalmente por la globalización como en los 80 y 90.  Está el mecenazgo como una luz de esperanza pero ¿de que manera crecen las empresas que lo financiarán?

El arte no es un lujo ni una inversión. También es el espacio del pensamiento critico.

 

Graciela Taquini
Testigo. Trabajó treinta años en Cultura del Gobierno de la Ciudad.