La intervención de los autores modernos, entrevista a Mónica Benavidez

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De amplia trayectoria en el terreno teatral, Mónica Benavidez (directora y productora) nos habla sobre su experiencia en Borkman (que se presentó en el teatro Querida Elena y se repondrá en marzo próximo), su predilección por Ibsen y Strindberg, la posibilidad de versionar obras clásicas, la importancia de conseguir auspicios y la situación del teatro porteño de hoy.  

Venís versionando obras de autores clásicos, ¿cuál es la importancia de versionar una obra ya canónica, por un lado, y cuál es la importancia de volver a los originales, por el otro?

Mi interés está en los textos clásicos y en los originales; el versionarlos, surge de diferentes necesidades que se van presentando en los procesos de trabajo; y también cada obra requiere una adaptación al espacio escénico, a la duración en el caso de un ciclo, entre cuestiones más “técnicas”; la versión va apareciendo en mis puestas a medida que se va descartando todo lo que no colabora a lo que queremos contar con ese texto, en ese momento; pero no es mi interés primero versionar, casi nunca, siempre lo más importante y lo que me atrae es acercarme y dialogar con el autor.

¿Qué es lo que te atrapa de la dramaturgia moderna? Has intervenido obras de Ibsen y de Strindberg.

Me interesa ese momento donde se comenzó a escribir para la escena desde una mirada cuestionadora de las estructuras familiares, de los vínculos, y reconozco, tengo una debilidad por Strindberg más allá de cualquier intelectualización, es el autor más cercano a mis preguntas, a mis temores…

¿Hay alguna dificultad en el público para acceder a autores como Strindberg e Ibsen?

No, todo lo contrario; y si la hubiese, siempre el problema sería de los hacedores, y no del espectador; de todos modos, hay que seguir pensando en las maneras de acercamiento a estos autores.

 

¿Qué es lo que más te interesa de la obra de Florencio Sánchez a quien también has versionado?

Si bien lo había leído y trabajado en alguna ocasión, no era un autor tan visitado por mí, pero cuando hicimos las intervenciones, lo incluimos, porque era contemporáneo de Strindberg e Ibsen, pero escribía acá, desde nuestra idiosincrasia, y completaba un momento en el tiempo…y ahí al ahondar más en su dramaturgia, me encontré, claro, con la dimensión que su obra tuvo siempre.

¿Cómo surge la idea de realizar este ciclo de intervenciones en Querida Elena? ¿Qué repercusión ha tenido?

La idea de los ciclos era una idea que me acompañaba hacía tiempo, y nace de el interés por los autores clásicos y en que sus obras sigan siendo representadas y acercadas a nuevos espectadores; pero además quería proponer a los participantes otro formato de trabajo, con algunas premisas que fueron las mismas para todos los elencos, como cantidad de meses de ensayos, intervención del espacio real, cantidad de funciones, etc. dónde tendrían que ocuparse de lo artístico, plano en el que cada director tuvo la libertad de realizar su adaptación, elegir sus actores y colaboradores y desde Querida Elena nos encargamos de la producción, conformando un grupo que trabajó intensa y comprometidamente para hacerlo posible. Podría decirse que hubo muchos logros y algunos errores, pero fue un espacio de experimentación colectiva, que en lo artístico y en la repercusión, superó mis expectativas ampliamente. Siempre pienso en retomarlos, pero desde el esfuerzo de producción que significan, lo veo un poco lejano ahora.

 ¿Cuál es tu vínculo con el teatro Querida Elena?

Querida Elena es el espacio de mi amigo Eduardo Spindola, él es su hacedor, todo lo que encuentran en Elena, fue concebido y realizado por Eduardo, que es actor, escenógrafo, artista plástico y un soñador… fue natural el vínculo con el espacio, fue una continuidad de mi vínculo con Edu, y fue gracias a su generosidad que realicé y sigo realizando mis puestas ahí. Durante varios años tuve una participación más activa, en cuanto a la coordinación de Elena, pero ahora esa posta la tomó Rodrigo Mujico, que está a cargo de todo junto con Eduardo.

¿Cómo podrías describir tu trabajo en Borkman? ¿Qué elementos se conservaron y cuáles se modificaron con respecto al original?

Se conservó la estructura, pero se modificó el punto de vista; no está puesto el acento en el conflicto de la maniobra bancaria realizada hace años por el personaje de Juan Gabriel Borkman, trabajé sobre las consecuencias familiares que esas decisiones del pasado trajeron a los integrantes de esta familia y cómo los encuentra a cada uno, este presente que es el tiempo de la obra… por eso no se conserva el título original y se ve reducido a Borkman.

¿Hace cuánto tiempo vienen montando Borkman y cómo surgió la idea de hacerla?

Realizamos sólo cinco funciones, con una frecuencia semanal; había sido una hermosa experiencia hacer Borkman en el formato reducido para el ciclo Ibsen en 2016, con actores talentosos que dejaron todo, y quedé con el deseo de retomarla, pero cuando llegó la posibilidad, no quería hacer una reposición; sentía la necesidad de sumergirme en nuevas búsquedas, por eso el elenco es distinto al del ciclo.

¿Qué se encontrará el espectador cuando vaya a ver Borkman?¿ Cómo resumirías el argumento?

Borkman, en nuestra versión, en nuestra mirada, es una historia de familia, donde todos los ingredientes familiares están presentes: el amor, la lealtad, el desencuentro, los sueños, el paso del tiempo, los deseos, la esperanza, la frustración… El espectador se va a encontrar con una puesta al aire libre, en el espacio real de los patios de Elena, con los actores ahí, muy cerquita y espero (¡ojalá!) que el espectador se encuentre con su propia emoción.

¿Cómo fue el proceso de elegir a los actores que intervienen en la obra?

Salvo José Márquez, un actor con el que vengo trabajando hace años, y que estuvo en el elenco de Borkman durante el ciclo Ibsen, la conformación del elenco se fue dando, como siempre espero que sea posible, por la sugerencia amorosa de algunos amigos, y por mi deseo de trabajar con actores que admiro y respeto, que siento como un desafío dirigirlos. Lo que sí fue importante también, es la experiencia que cada uno de ellos tiene en trabajar con textos clásicos. Cuento en el elenco con profesionales talentosos y bellísimas personas, que demuestran un interés por lo que hacen, que me conmueven.

¿Cuál considerás que es el desafío mayor desde lo actoral al encarar este proyecto?, ¿y desde la dirección?

Desde lo actoral, el poder hacer cercana, viva, propia, la palabra de un autor que escribió sus inquietudes hace más de cien años, y desde la dirección, cómo acompañar a los actores en esa búsqueda; siempre creo que poner en escena un texto como Borkman, es sólo un acercamiento al autor, a aquello que hizo que lo escribiese, y trato, de compartir con el elenco y el espectador, las preguntas que hoy me convocan e inquietan de este texto.

¿En qué se diferencian tu trabajo como guionista, productora y directora, y qué tienen en común estos roles?

Mi formación es sólo como directora; pero se fue dando, de la mano generosa de Romina Chepe en un principio, mi desarrollo como productora, ejecutiva en la gran mayoría de los casos. Lo que tienen en común los roles, es que el texto y el proyecto en sí me tienen que entusiasmar para poder encararlos y si bien pongo toda mi mejor energía en cada trabajo, la gran diferencia es que cuando dirijo, cuando estoy en la intimidad del ensayo con los actores, es mi lugar en el mundo, ahí el tiempo se detiene…

¿Cómo ves el panorama del teatro actual en Buenos Aires y de qué manera se inserta Borkman en este contexto?

Lo veo, lo vivo, como muy difícil. Si bien se anuncia aumento de espectadores en algunos circuitos (comercial u oficial), esos teatros representan en un porcentaje muy pequeño a los hechos artísticos que se desarrollan cada año en CABA; en el circuito independiente montar una obra no sólo es un deseo compartido entre algunos, representa un gran esfuerzo de inversión, y si bien accedemos a la solicitud de subsidios, salvo Proteatro, que algo otorga a casi todos los espectáculos, son sólo unos pocos los que acceden a INT o FNA; así que la inversión la tiene que hacer quien quiere generar ese proyecto, sabiendo que la chance de recuperarla es mínima; pero hay otra problemática a pensar, para mí, más urgente, que es que todo el esfuerzo se termina plasmando en una única función semanal, en temporadas que con suerte, superan las 8 funciones, y con la gravedad de que los actores, director y asistentes no cobramos un peso por nuestro trabajo, ya que lo que nos llevamos es simbólico, muchas veces menor al gasto propio de llegar hasta el teatro…

Dentro de este contexto, Borkman en Querida Elena, se inserta como una propuesta más, pero casi invisible para la maquinaria de difusión y competitividad, entonces la posibilidad de realizarla para pocos espectadores, sin la necesidad de resultados en cifras, sin presiones de ningún tipo, es un bálsamo en estos tiempos complejos.

¿Pensás que desde los teatros nacionales debería haber esfuerzos para acercar los clásicos a los nuevos públicos?

Sí, creo que es una de las funciones de los teatros oficiales seguir rescatando los clásicos para acercarlos a nuevos espectadores.

Varias obras que has dirigido cuentan con el apoyo de embajadas (Suecia, Uruguay, Noruega, Francia),¿Cuál es la importancia de estos auspicios?

Los auspicios que otorgan son institucionales, en la gran mayoría de los casos… pero sirven para darle visibilidad a nuestros trabajos, entre sus ciudadanos en nuestro país; hay embajadas que tienen una mayor preocupación por la difusión de sus autores, como la de Suecia, que nos respaldó fuertemente cuando hicimos el ciclo sobre Strindberg, y lo más interesante fue que vinieron espectadores de esos países, que residen o estaban circunstancialmente en Buenos Aires, interesados por ver las puestas en español.

 ¿Qué elementos de tu formación quisieras destacar como claves a la hora de encarar las producciones donde has trabajado últimamente?

Quiero creer que la clave es formarse, prepararse, ser consecuente con lo que uno desea, y trabajar seriamente cuando se encara un trabajo, sea en el rubro que  fuera; yo he tenido excelentes maestros de dirección como María Mensi y Luciano Suardi, pero luego he tenido encuentros con profesionales muy generosos en mi camino, que me han dado oportunidades de crecimiento y a los que siempre estoy y estaré agradecida.

MB