My Happy family

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A la pesca de cinematografías no convencionales, nos encontramos con esta producción georgiana dirigida por Nana Ekvtimishvili y Simon Groß, lanzada al mundo desde el Festival de Sundance, y a partir del 1 de diciembre disponible en Netflix.

Una profesora llamada Manana de más de 50 años, vive con su marido, sus hijos y sus padres en un departamento pequeño. Se la ve agobiada, atrapada, sin vida. No tarda tiempo la película en mostrar la firme decisión de Manana de alquilar un departamento fuera de la ciudad, irse de su casa para vivir sola. Sin mediar pelea alguna o motivo explícito, queda atrás esa familia ruidosa que hará todo lo posible para entender la causa de semejante cosa: reuniones con tíos, primos, hermanos, un cumpleaños al que no quiere asistir. En esas escenas se pone en funcionamiento todo el aparato de la familia tradicional. Alli se pondrá en juego el “deber ser” de una mujer, madre y esposa: abandonar padres, hijos y lo que es peor visto, marido. Ella no dará explicaciones y la película no lo necesita.

En la soledad de su nuevo hogar, en las afueras del centro de la ciudad, Manana disfrutará del rumor de las hojas en los árboles frente a su ventana, mientras escucha música clásica, se sirve un pedazo de torta y lee un libro. La cámara no evita abrir el plano y cambiar sutilmente los colores del departamento en solitario frente al apretujamiento visual de la casa familiar. El director de fotografía es el rumano Tudor Vladimir Panduru también responsable de la imagen de La Graduación de Cristian Mungiu, que dará esa apariencia visual tan rumana.

Un reencuentro con una amiga de la escuela y una reunión con excompañeros produce un giro en la historia que le da otro significado a los nuevos encuentros con su marido. Sin perder ilación la película gana al contrario en dramaticidad y profundidad de las relaciones humanas.

My happy Family protagonizada por Ia Shugliashvili tiene una propuesta universal. La sumamos por lo tanto a esas joyas que son la mexicana Todo lo demás con Adriana Barraza, y a la chilena Gloria con Paulina Garcia, alejadas geográficamente pero cercanas en ese tratamiento de la sutileza de las acciones de estas mujeres de mediana edad apoderándose de la pantalla y empoderándose en sus respectivos contextos sociales.