La bestia invisible, Nayla Pose

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El teatro El Brío es una antigua casa en la calle Álvarez Thomas, de esas famosas “casas chorizo” tan típicas con las habitaciones que dan a un patio cerrado o a un largo corredor. Esta descripción tiene mucho que ver con las obras que allí se representan porque el “escenario” trabaja con la profundidad, con diferentes planos que parten del espectador y se van alejando de su mirada. La bestia invisible aprovecha esos planos y los hace parte de lo que se cuenta.

El pasado y el presente, los recuerdos y los olvidos transitan la vida de los protagonistas que relatan fragmentos de historias de vida a sus compañeros, pero también se los relatan a sí mismos como una manera de comprenderse un poco más y de darle sentido a sus experiencias. Los personajes eligen contar porque hay una confianza en la palabra como instauradora de conocimiento, más allá de que la obra también plantea los límites de ese conocimiento.

Emmanuelle Cardon, Marian Vieyra, Julián Ponce Campos, Lucia Szlak, Florencia Halbide, Nahuel Saa, Paola Lusardi, German Leza, Loló Muñoz y Pipo Manzioni son los encargados de las diferentes narraciones y a través de ellas les van dando individualidad a cada uno de esos jóvenes que recorren los planos del escenario, se alejan o se acercan al público representando el oscilar de una memoria que va y viene. Como sucede en todo hecho teatral, la iluminación es una protagonista más que va creando atmósferas y delimitando los diferentes momentos que son fragmentarios, pero que no dejan de formar parte de un todo que se relaciona con una unidad temática por sobre todas las cosas.

La bestia invisible, con la dirección de Nayla Pose, terminó su temporada 2017, pero vuelve en el 2018.