Antígona, de José Watanabe

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“Oh dioses, pudiendo habernos hecho de cosa invisible o de piedra que no necesitan sepultura ¿por qué nos formaron de materia que se descompone, de carne que no resiste la invisible fuerza de la podredumbre?”, se pregunta Antígona. Ella ha elegido obedecer las leyes divinas y no las humanas, darle a su hermano la sepultura debida. Ana Yovino desempeña varios papeles; es Antígona, pero también Ismene, Creonte, Tiresias. Ella misma, la narradora, va revelando información gradualmente hasta llegar a la conmoción final.

El texto de José Watanabe (escrito en 1999) es una muy lograda y lúcida adaptación de la tragedia griega de Sófocles. La actuación de Yovino, quien ya lleva doce años interpretando este rol,  es sublime en todo momento y no deja lugar a dudas de que estamos ante una gran actriz. Este año fue ganadora del premio ACE por su actuación en La discreta enamorada, de Lope de Vega, con lo cual demuestra que además de interpretar muy bien los textos contemporáneos, descolla en los clásicos. Ya había sido nominada al ACE por su rol en otra versión de Antígona, la de Anouilh . Este año, además, hemos visto su trabajo como directora en Mujer foca.

El director Carlos Ianni  hace brillar este texto poético con una puesta que se concentra en lo mínimo para resaltar la potencia de las palabras que se ven acentuadas por algunos movimientos corporales. Las sogas que cuelgan de lo alto sirven a Yovino para realizar varios juegos, todos ellos muy interesantes visualmente. El Celcit, con sus butacas situadas en diferentes lugares, permite distintas perspectivas de la acción (nos habla de un adecuado manejo del espacio por parte del director y la actriz), como también son varias las perspectivas de la tragedia que nos brinda cada personaje, como si estuviéramos ante la multiplicidad de perspectivas de “En el bosque”, de Ry?nosuke Akutagawa.

Yovino consigue emitir su voz de distintos modos, según el rol que interpreta. “Nada grande entra en la vida de los hombres sin alguna maldición” y “No hay peor tortura que la propia imaginación” son frases que esbozan grandes verdades. Ismene imagina la muerte de su hermana y ese es su peor tormento. La imagen de ella doblándose sobre sí misma como una figurilla de cera la persigue. El texto de Watanabe sitúa a Antígona en un escenario más actual y demuestra que el miedo es el enemigo más fuerte de los hombres; que el miedo en todas las épocas es el que deja al pueblo adormecido e inmóvil. Pero al mismo tiempo hay mujeres que se movilizan y luchan por encontrar la verdad. El autor escribe la obra para el grupo Yuyachkani, a propósito de las fosas comunes que había en el Perú donde las madres buscaban los huesos de sus hijos. La mujer desobediente, que en esta obra se encarna, nos muestra con su desobediencia, ese acto vital que cuestiona las imposiciones del poder, tan esencial para afianzar la propia existencia: seguir la voz interna puede llevarnos a la muerte, pero es la única manera de no dejarse vencer, de luchar por lo que creemos justo.

Texto de José Watanabe
Versión libre de la tragedia de Sófocles
Con
Ana Yovino
Fotos
Soledad Ianni
Diseño cartel
Agustín Calviño
Musicalización y diseño de luces
Carlos Ianni
Escenografía y vestuario
Solange Krasinsky
Asistente
Soledad Ianni
Dirección
Carlos Ianni
Las funciones de este año se dieron del 13 de octubre al 24 de noviembre. La obra volverá durante el 2018. Duración: 60 minutos
CELCIT. Temporada 2006-2007-2013-2014-2015-2016-2017. Moreno 431